Opinión

Tejas verdes

TRIBUNA

Enrique Arnaldo | Lunes 07 de marzo de 2016

Dejan de sonar las campanas y se llega al sonido insoportable del silencio, dice la protagonista de “Tejas Verdes”, una espléndida obra de teatro de la que es autor Fermín Cabal y que se representa en una novísima sala de Madrid, Nueve Norte, dirigida con tanto mimo como entusiasmo por María Segalerva.

El silencio se hace insoportable ante la injusticia, ante la traición, ante la cobardía, ante la violencia, ante la ilegalidad, ante el esperpento ditirámbico de la política, o de alguna forma de entender y ejercer la política.

¡Como sonríen los Presidentes, angelicales, pero se olvidan que son mortales!, cantan al final de la representación las cuatro mujeres que interpretan “Tejas verdes”.

Pero no solo los Presidentes sino quienes aspiran a serlo o quienes ofrecen la zancadilla para que alguien no lo sea o para que se estrelle el que quiere serlo. Bajonazos, delaciones, filtraciones interesadas, espantajos, demagogias baratas, medias verdades y verdades a medias, escupitajos hirientes, insinuaciones torcidas, incoherentes aseveraciones, bajos e inconfesables intereses…

Mucha, muchísima toxicidad ante la que solamente cabe una actitud: la huida para liberarse de ese ambiente y de esas personas, y para no dejarse arrastrar por la escalera que conduce no al fango sino a la pura depresión.

Como en el Nabucco: “Llora ¡oh patria!. Llora Tesalía”.

P.S.: Una lectura del Quijote me ha remitido más líneas que recuerdan sobremanera a uno de los actuales actores de la arena política:

“Tengo por costumbre querido Sancho que, en viendo el burro venir, ya de lejos me apercibo sin confundirme, de las patadas que pudiera propinarme. Por tanto, mi fiel escudero fíjate en los andares y si viéndolo retorcido y mal encarado vieres que arranca sin compostura, hazte a un lado, que de estos con mala idea, sucios y desaliñados, mejor no tener contacto.

Y hay que tener cuidado con tal calaña, que de ser menester utilizan a las más tiernas criaturas y hasta pretenden adoctrinarlas y que salgan de su mala hueste con títeres y cabalgadas. Y cuidado, amigo Sancho, que son los mismos que luego cobran de berberiscos y de otros que más allá someten a sus pueblos”.

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