Opinión

Kusamakura, libro de cabecera de Glenn Gould

Hidehito Higashitani | Lunes 09 de junio de 2008
Es un hecho bastante conocido que el genial pianista canadiense Glenn Gould (1932-1982) tenía en su lecho de muerte un ejemplar, muy manoseado y con apuntes de su puño y letra, de la versión inglesa de Kusamakura, novela del escritor japonés Natsume Soseki (1867-1916).

La novela fue escrita en 1906 recién terminada la Guerra Ruso-Japonesa y el protagonista -un pintor joven y novato- narra en primera persona su correría que realiza a pie por los interiores de una montaña de Kiushu, región meridional de Japón. La obra está llena de monólogos interiores que presagian en cierto modo la técnica de “stream of consciousness” que aparecería unas décadas más tarde en la literatura europea. En una palabra, es un relato de un artista en busca de su personalidad y el sentido de su vida artística en relación con el mundo exterior, del que pretende distanciarse.

La palabra “kusamakura”, que significa literalmente en japonés “almohadilla de hierba”, se usaba tradicionalmente en la poesía japonesa como término literario convencional, asociado fuertemente con la idea de “viaje solitario” o “vagabundeo sin rumbo fijo”. Lo que más atrajo de la novela al pianista fue posiblemente ese vagabundeo del alma de un artista solitario en busca de su yo personal detalladamente expuesto en la obra de Soseki.

El protagonista, el alter ego del autor, habla así:

“Si del mundo vulgar “cuadriculado” que nos rodea uno pudiera prescindir de ese ángulo que denomina el sentido común, tendría un mundo trilátero con tres picos, que sería una casa idónea para vivir de un artista”.

La versión inglesa que leía Gould tenía el título de “The Three-Cornered World”, es decir “El mundo de tres picos”. El pianista genial y al mismo tiempo extravagante con su postura de distanciamiento del mundo y su consiguiente retiro prematuro de los escenarios junto con sus peculiares hábitos personales -su canturreo durante la ejecución, su silla baja y con respaldo, su atuendo sin protocolo, etc.- parece que veía reflejada su propia personalidad en la novela y se identificaba hasta cierto punto con el protagonista y con las ideas expuestas en la novela -la indiferencia hacia el mundo exterior, su consiguiente choque con él, la peligrosidad de la modernización de la sociedad actual, la dificultad en la mutua comprensión entre el Occidente y el Oriente, etc.

Está comprobado que el ejemplar del libro estaba ya en sus manos hacia 1967 y que a lo largo de unos quince años Kusamakura permaneció a su lado como fiel aliado.

En cuanto a la discografía del pianista, se ha hablado mucho de la gran diferencia que existe entre las dos versiones de las Variaciones de Goldberg, la grabada en 1955 y la de 1981. Creo que no es aventurada la conjetura de que la lectura de la novela de Soseki haya desempeñado cierto papel importante en este cambio.

En este sentido, a lo mejor nos pueda dar alguna pista interesante la exposición de “Glenn Gould: The Sound of Genius” que estará abierta al público hasta agosto en el Museo Canadiese de Civilización (Gatineau, Quebec). Y al mismo tiempo las recientes publicaciones en Madrid de las versiones españolas de las dos obras de Natsume Soseki, Kokoro (Editorial Gredos) y Botchan (Editorial Impedimenta) podrán acercar al lector español al mundo literario de este autor emblemático de la literatura japonesa moderna.

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