Sábado 12 de marzo de 2016
El escenario brasileño se complica cada día más con una Dilma Rousseff con varios frentes abiertos, a los que se suma el agravamiento de la situación de su mentor, Lula da Silva. La pasada semana, el expresidente de Brasil tuvo que volver a declarar por su presunta implicación en el caso Petrobras, el gran escándalo de corrupción que cada vez causa mayor estupor en la ciudadanía, y hace escasos días fue acusado por un presunto delito de lavado de dinero y ocultación de patrimonio. Ahora esa misma Fiscalía de Sao Paulo que le acusó, ha pedido prisión preventiva para él con dureza y contundencia. La Fiscalía argumenta que existe riesgo de fuga del líder del Partido de los Trabajadores (PT) y que su entrada en prisión garantizaría “la instrucción del proceso y la aplicación de la ley”. Asimismo, la Fiscalía ha lanzado la voz de alarma de que Lula da Silva y el PT movilicen a su “red violenta de apoyo” y que incluso puedan amenazar a víctimas y testigos para obstaculizar las investigaciones.
Sin duda, los temores de la Fiscalía no van descaminados, pues crecen los rumores de que la actual presidenta esté maquinando incluir a Lula da Silva en su Gobierno con lo que automáticamente se convertiría en aforado y solo le podría juzgar el Supremo Tribunal Federal. En cualquier caso, ya ha empezado una campaña a su favor en la que se le defiende a capa y espada, señalando que no hay pruebas contra Da Silva y calificando la petición de prisión preventiva de “mediática”, como ha dicho el presidente nacional del PT.
Pero no solo sus más directos correligionarios han salido en su defensa. Las terminales del populismo en Latinoamérica se han apresurado a lanzar sus habituales mantras de que se trata de una conspiración de la derecha oligárquica contra gobiernos y líderes progresistas, apoyada por determinados medios de comunicación nacionales e internacionales. Así, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha dicho que se pretende humillar y criminalizar a Lula da Silva y que lo que se está haciendo con él es “un atentado a los derechos humanos”.
Y en lo que parece un concurso de despropósitos, a los que tan aficionado es el populismo en una puja por ver quién da más, a Nicolás Maduro le ha faltado tiempo para posicionarse en primera línea, señalando que se pretende “por vías judiciales” dar “golpes de Estado” y que si Da Silva es detenido se convertiría en un “Mandela en el continente”. No se descarta un pronunciamiento al respecto de Podemos -aunque quizá no tenga ni un minuto enredado como está en su crisis interna-, pues, al aparecer la formación en España, Lula da Silva la saludó con entusiasmo y le deseó una gran victoria en los últimos comicios.
Resulta imprescindible que se investigue sin cortapisas y se aclare la presunta implicación de Lula Da Silva en la corrupción que golpea Brasil. Y sería impresentable que Dilma Rousseff hiciera realidad el rumor de convertirlo en aforado para blindarlo. Con la presunción de inocencia por delante, hay que llegar hasta el fondo en el caso Lula Da Silva.
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