Lunes 14 de marzo de 2016
Ada Colau sigue recibiendo críticas por su desplante al ejército en el Salón de la Enseñanza de Barcelona. En cierto sentido, es lo que quiere la alcaldesa, que sigue a rajatabla el manual de la izquierda radical: crear polémica -y, en consecuencia, expectación- a cualquier precio. Ya sucedió así la semana pasada, cuando dedicó una plaza al asesino de un policía.
Dicho manual también se aplica en los consistorios afines de Madrid y Valencia, en una suerte de carrera por ver quien lleva a cabo el mayor despropósito. En el caso de Barcelona, los problemas reales siguen sin resolverse; de hecho, surgen otros nuevos. Sirva como ejemplo la amenaza hecha por los organizadores del Barcelona Mobile Congress de trasladarse a Madrid el año próximo -junto clon los más de 500 millones de euros y los 12.000 puestos de trabajo que revierten en la ciudad cada edición-, ante las trabas puestas por el Ayuntamiento.
Es innecesario explicarle a Colau el papel del ejército; ella lo sabe perfectamente. También es consciente de que sólo en las Fuerzas Armadas muchos jóvenes consiguen hoy una formación académica y profesional a la que no podrían aspirar de otro modo. El ejército también enseña lealtad, honor y responsabilidad, valores todos de los que andan escasos los flamantes consistorios en manos de la izquierda radical.
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