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Análisis. La crisis de corrupción brasileña, en cuatro claves

B.M.H. | Jueves 17 de marzo de 2016
Dilma, entre la espada y la pared, tras 'blindar' a Lula. Por B.M.H.


¿De qué se le acusa al expresidente Lula?

El expresidente Luis Inacio Lula da Silva, conocido popularmente como Lula, es la figura de más alto rango de la política brasileña salpicada por la trama de corrupción en torno a la petrolera estatal Petrobras, cuya producción oscila los dos millones y medio de barriles de crudo al día, y en la que se habrían desviado entre 2002 y 2014 cerca de 2.400 millones de euros.

A Lula se le acusa desde la Fiscalía de Sao Paulo de enriquecimiento ilícito, blanqueo de dinero y falsificación de documentos después de que saliera a la luz que el lujoso apartamento en Guarujá en el que vive está a nombre de una empresa, la constructora OAS, de la que niega ser partícipe pero cuyos papeles dirían otra cosa.

Además, el Ministerio Público acusa al expresidente de ser "uno de los principales beneficiarios" de la corrupción de la estatal.


¿Qué papel juega Dilma Rousseff en el proceso?

Por si la trama Petrobras no le diera suficientes quebraderos de cabeza, pues decenas de miembros de su partido se han visto implicados en el caso, la presidenta brasileña se encuentra cada día más atrapada en el Parlamento nacional.

Este mismo jueves se retoman las gestiones parlamentarias para que se celebre el juicio político contra la presidenta, que ha intentado parar por todos los medios. Esto se produce justo después de que el juez federal brasileño Sergio Moro, responsable por la investigación del escándalo Petrobras, levantará, por considerarlo de "interés público", el secreto de sumario sobre una grabación en la que se oye cómo Dilma intentó impedir un posible arresto de Lula así como le hacía llegar el decreto de su nombramiento como ministro de la Casa Civil a modo de comodín político.

La Presidencia, en un comunicado, aseguró que tomará "todas las medidas judiciales y administrativas" contra "la flagrante violación de la ley y de la Constitución de la República cometida por el juez autor de la filtración", mientras que desde la oposición se acusa a la presidenta de prevaricación.


¿Qué implicaciones tiene el nombramiento de Lula como nuevo ministro de Presidencia?

Muchos ven en el nombramiento de Lula como ministro de Presidencia, hecho oficial este jueves mismo para ser suspendido cautelarmente al poco de hacerse oficial por mandato judicial, una forma de blindarle ante los dos procesos judiciales que tiene abiertos por presunta corrupción.

Como nuevo miembro del Gobierno, ostentando un cargo que haría las veces de primer ministro, Lula sólo puede ser juzgado por la Corte Suprema del país al gozar de foro privilegiado, una figura similar al aforamiento español, lo que dilatará ostensiblemente la instrucción de sus casos.

Pero los privilegios de Lula no terminan en los juzgados, pues como nuevo ministro de la Casa Civil o de Presidencia el expresidente podrá controlar los movimientos políticos y ejecutivos de su sucesora, así como tener ascendencia directa sobre las filas del Partido de los Trabajadores (PT) ahora que todo parece indicar que se retomará el juicio político contra Dilma.

Por lo pronto, el Partido Republicano Brasileño (PRB), al que pertenece el titular de la cartera de Deportes, George Hilton, ha anunciado en las últimas horas que abandona el Gobierno después de las implicaciones políticas derivadas de las pesquisas contra Lula y Dilma.


¿Qué dicen los brasileños?

Decenas de miles de brasileños se han lanzado en las últimas 24 horas a las calles de varias ciudades del país llenos de rabia e indignación para mostrar su rechazo al nombramiento de Lula como ministro de Presidencia y su hartazgo con la corrupción generalizada en el seno del Partido de los Trabajadores y del Gobierno.

Al grito de "¡Fuera Dilma!" y "¡Fuera PT!", cada vez son más los brasileños que muestran su frontal rechazo tanto hacia la presidenta del Gobierno como hacia el histórico líder izquierdista.

Los índices de popularidad de Dilma llevan meses por los suelos y todavía peores son los de Lula, que alcanzó un grado de aprobación entre sus compatriotas sin parangón en la historia del país suramericano, alcanzado el 80 por ciento.