Los medios de comunicación no han sido un gran problema en la Unión Soviética. Si uno de ellos discrepaba, es decir, contradecía al mandado del Partido, era procesado. Normalmente, el tribunal tomaba la decisión detrás de las puertas cerradas. Así los periodistas se convencían de que la verdad era sólo una y sólo la conoce Pravda, que era el nombre del periódico oficial del Partido Comunista. Sin duda, el mayor enemigo de los regímenes totalitarios fue y sigue siendo la palabra, la expresión libre de una opinión. Es significativa la expresión que solían poner cuando acusaban a los medios de comunicación: por intento de influir en la opinión pública. ¡Menudo atrevimiento para un periódico!
La niña Rita, que únicamente tiene agallas a asaltar una capilla, no ha podido apechugar sola en una rueda de prensa. No es pertinente, dijo Carmena, preguntarle a Rita Maestre por qué mintió al tribunal. Es evidente, según la ex-juez Carmena,que ningún periodista puede preguntarle a la portavoz por qué ha tenido la caradura de mentir sobre su participación en el asalto de una capilla católica. Es obvio que la sentencia de la portavoz podemita no es definitiva y es evidente que ella no dimitirá. Algunos, muy pocos, todavía se preguntarán por qué todo es tan obvio y evidente para ellos, los de Podemos. Mientras que los seres normales estamos atormentados por numerosas dudas, sobre si hacemos bien o mal las cosas, en fin, sobre si nos hemos equivocado o no, los de Podemos lo tienen todo meridianamente claro: es incuestionable el comportamiento de Rita Maestre, o mejor, es incuestionable toda acción de cualquier miembro del partido que encarna la Verdad, la Moral y el Deber. Cuando escuchaba a Carmena, no pude reprimir el recuerdo de las palabras de Solzhenitsyn: “Quien logra hacerse con el poder con más agilidad y afianzarse más sólidamente en él se ve arropado desde ese mismo instante por el brillante manto de la Justicia, y sus actos, tanto pasados como venideros, serán legítimos y encomiables, mientras que los del adversario vencido aparecen como criminales, enjuiciables y punibles.”
La misma tarde del viernes pasado, casi a la misma hora del bochornoso espectáculo que dieron la portavoz del Ayuntamiento de Madrid y la alcaldesa de la capital, defensora de los desamparados, docenas de periodistas esperaban a la puerta de la sede de Podemos en la calle Princesa. No les dejaban pasar dentro porque la sala de prensa es vecina de la sala de reuniones. Por si el ruido, en lenguaje podemita es cualquier opinión discrepante de la del líder, llega a los medios de comunicación. El secreto, las puertas cerradas, tanto en los tribunales de justicia como en los asuntos del partido siempre han sido fundamentales para el mantenimiento del régimen “sólido”. Por esto el ruido ha de ser acallado. Esta es la clave de la nueva etapa de Podemos que apuesta “por la lealtad de una organización para empoderar a la gente”.
Esta retórica sobre el “empoderamiento de la gente” no es nueva. Será por esto que da tanto asco escucharlo otra vez. Sin embargo, hay algo más preocupante que este fenómeno político: la falta de respuesta por parte de la sociedad y de la prensa a esta apropiación totalitaria de la Verdad. Se equivocan quienes creen que la democracia es algo firme y dado de una vez por todas. Tampoco tienen razón quienes creen que la “democracia”, “el poder del pueblo” debe imponerse a palos. Las sociedades no están inmunes a los totalitarismos. Los ejercicios de elocuencia, más bien, el abuso de ella, que tuvieron lugar el viernes en la comparecencia de Carmena y Maestre muestran que las sociedades democráticas están más que nunca abiertas a los experimentos autoritarios, donde la verdad se acepta sin discusión ni cuestionamiento.