Opinión

Rajoy, Sánchez y los kerenskis españoles

TRIBUNA

Luis Asua Brunt | Lunes 21 de marzo de 2016

Una de las constantes de todo proceso revolucionario es que en los tiempos inmediatamente anteriores a su victoria hay una cierta colaboración, por pasiva o por activa, de un buen grupo de demócratas. El título de este artículo se refiere al segundo presidente del gobierno provisional de Rusia tras la primera revolución rusa, de febrero de 1917. El demócrata Kerenski tuvo los suficientes titubeos con los bolcheviques para facilitar el golpe final de Lenin de octubre de ese año.

Repasen la historia de otras llegadas de totalitarios al poder. Los ejemplos de Chile, Cuba, Venezuela, o incluso en España en Febrero de 1936 (o Hitler en 1933) para confirmar que siempre nos encontramos con un buen grupo de demócratas que inicialmente no veían con malos ojos la incorporación de los revolucionarios al poder.

En España hoy, algunos demócratas creen aún que Pablo Iglesias y compañía son unos socialdemócratas avanzados (algo así como unos buenos discípulos de la socialdemocracia escandinava). Ya él mismo lo proclamó hace meses cuando el lobo se vistió de cordero para aumentar sus posibilidades electorales. Tampoco es un populista “asimilable” como son los que se han incorporado a distintos gobiernos en Italia, Austria, Bélgica, Noruega, ya que estos son siempre monotemáticos, y lo que pretenden es parar la inmigración en sus países. No tienen por objetivo una ruptura social.

Capítulo aparte merece el domesticado gobierno griego de Alexis Tsipras, pero no podemos comparar el tamaño de Grecia, la tutela que la UE ejerce sobre el mismo; ni, lo que creo más importante, el hecho de que Tsipras tenga experiencia política y representativa por lo que ha estado suficientemente expuesto a las complejidades de la realidad social de su país. Nada que ver con el adanismo, la intransigencia y la radicalidad de los profesores universitarios de los que se nutre Podemos. Nada hay más peligroso que un teórico recién llegado al poder.

Iglesias es un hombre criado en el fundamentalismo del comunismo, con todo lo que conlleva de limitación cultural, visión histórica y del mundo; con el odio de clase y a los socialdemócratas como motores vitales. En la universidad acabó de formarse como el típico revolucionario de tradición muy francesa (los que llenaron de sangre Indochina y África). Por tanto en Podemos, como entonces, como siempre, confluye el manual revolucionario aprendido y testado, en nuestro caso, con éxito en los populismos sudamericanos, con un dominio de tecnología y la movilización social apabullantes; todo ello bien engrasado con una financiación más que suficiente y opaca.

Su objetivo final es un cambio de régimen, en el que la gente (una división muy particular de la sociedad española) acceda al poder. En ese régimen una parte importante y mayoritaria de la sociedad española no tiene cabida.

Hablamos de un totalitarismo que puede durar muchos años, generaciones, y que costará mucho desmontar. Un totalitarismo que amenaza nuestra calidad de vida, a nuestras clases medias y nuestras libertades. Me parece inconcebible que, con nuestro nivel de desarrollo social, económico y político, tengamos que vivir una amenaza tan trasnochada y tan alejada de los retos que tenemos por delante como sociedad.

Frente a ellos tenemos un partido socialista agónico y dividido, que busca abrazarse a lo que sea con tal de seguir vivo. Hoy “este lo que sea”, es abrazarse a Ciudadanos esperando que el PP le dé el necesario golpe de oxígeno, al menos con la abstención.

No duden que si falla esta propuesta, el PSOE en su agonía buscará la resurrección con un gobierno de izquierdas, y ahí entrará el Kerenski Sánchez (en esta caso por activa) con toda claridad. Estará siempre en minoría, pues la mayor parte de los diputados los controlará directa o indirectamente Iglesias. Espero que nadie a estas alturas pueda pensar que Pedro Sánchez tiene alguna posibilidad de coordinar los apoyos de Podemos, y de las Mareas, ERC, IU, y Bildu. Un frente popular en el que los moderados serán minoría. La historia como adelanté en el primer párrafo se repite.

Ahora parece que se van a investigar los dineros de Podemos… ¡ Como si esto afectara a quienes idolatran el viejo principio de que el fin justifica los medios! Además estas denuncias no dieron resultado cuando Chávez apoyó con sus petro/narco dólares a sus diferentes discípulos en Ecuador, Argentina, Bolivia y demás países donde se montaron candidaturas populistas. Y no caigan en pensar que todo es verdad detrás de las últimas tensiones internas dentro de Podemos. Puede ser que estos avispados lectores de Maquiavelo simplemente busquen acaparar la atención de los medios.

En el PP hablar de estas cosas es como predicar en el desierto. Sólo Esperanza Aguirre denuncia esta situación con vehemencia. Pero, aquí entra otra variable muy del PP: para casi todos la denuncia se reduce a “las cosas de Esperanza Aguirre”, con las que pretende otros objetivos mucho más mezquinos (entre ellos, cómo no, acabar con Mariano Rajoy). En el PP hoy sólo se apuesta por unas elecciones. Cualquier otra opción se desecha como una traición en toda regla. Esto es kerenskismo (sic) por pasiva…

Ante un centro derecha anonadado, algunos planteamos una renovación profunda que incluye defender nuestras ideas y abrir unas primarias –hay tiempo de sobra- para relanzar al PP. Como alternativa a la deriva que lleva la actual situación (y la que surgiría de una repetición de las elecciones) propugnamos un pacto claro entre los tres partidos constitucionales con una agenda reformista para resolver el caldo de cultivo que ha dado lugar a Podemos. Si queremos distinguir lo serio de lo grave, lo anterior sería lo serio; lo grave es limitarse a pelear por un sillón.

Rajoy por pasiva, permitiendo que Podemos gobierne o tengan la más mínima influencia institucional, y Sánchez por activa, gobernando con ellos, pueden ser los kerenskis españoles. Ojalá estos largos meses de investidura los recordemos simplemente por un fracaso de los políticos, y no como la antesala de un desastre colectivo. La situación, me temo, pinta muy mal.

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