Opinión

Bélgica: el problema es el Islam

EPPUR SI MUOVE

Antonio Hualde | Martes 22 de marzo de 2016

Una vez le preguntaron a Napoleón qué era lo que más temía. “A los imbéciles”, respondió; “no hay forma de cubrir un frente tan numeroso”. Si incluimos a los malnacidos, la nómina de indeseables es aún mayor. Dentro de ese grupo están los causantes de una nueva masacre en suelo europeo; esta vez, en Bruselas.

Actualmente, el número de potenciales terroristas islámicos asentados aquí es enorme; tanto como para que resulte casi imposible controlarlos a todos. Cada día, policías de toda Europa abortan operaciones muy parecidas a la perpetrada en Bélgica No salen en los medios, y casi mejor, porque con ello se limita la labor propagandística que estos grupos persiguen. Grupos que, en gran medida, están formados por europeos. ¿Qué hay detrás?

Pues inmundicia a espuertas, básicamente. Ahora resulta que, según los blanditos de turno, las víctimas son los musulmanes. Angela Merkel dijo hace no mucho que “el Islam es parte de Alemania”. Toma ya. Que importe salchichas a Qatar, a ver qué tal resulta la cosa. La ignorancia es atrevida. He ahí el problema; hay mucho atrevido porque la educación ha ido obviando los valores tradicionales europeos en aras de un multiculturalismo excesivamente complaciente, que ha fracasado. Mientras, el Islam sigue anclado en el medioevo más oscuro. Por suerte, los hay que ya han empezado a reaccionar, poniendo distancia con éste y otros hechos similares. Sin embargo, son aún pocos. En su fuero interno, la mayoría sigue hallando justificación para aberraciones así con argumentos del estilo “Occidente nos odia”.

Seamos claros: a Occidente se le ataca en el nombre de Alá. Nadie mata ya en nombre de Dios, Yahvé o Buda; pero sí de Alá. El Islam tiene un problema; un problema que sólo el Islam puede resolver. Mancilla, es verdad, a una gran mayoría de musulmanes que no merecen que se les mezcle con semejantes alimañas. Ahora bien, esto sólo se puede parar en tanto en cuanto surjan voces autorizadas entre ellos que fijen claramente su posición. Que digan que nada ni nadie justifique la muerte de una sola persona. Que se pasen por el forro ciertas fatwass -veredictos dictados por algún clérigo, como los que condenaban a muerte a los dibujantes de Charlie Hebdo asesinados hace poco más de un año-. Que mujeres y hombres sean iguales ante la ley. Que no se obligue a las primeras a vestirse como buzones de correos y se respeten sus derechos. Y que dejen de culpar a Occidente de todos los males del mundo. Es tan estéril como impresentable que algunos presidentes de asociaciones musulmanas hagan condenas de falsete sólo para seguir percibiendo subvenciones; sobre todo, mientras en mezquitas y foros islamistas se anima a matar infieles y sojuzgar a las mujeres.

¿Les disgusta Europa? Fácil; que se vayan a Yemen o a Afganistán, y que dejen de mamar aquí de la ubre de las ayudas sociales. Porque eso sí que les pone: disfrutar de sanidad, educación, ayudas públicas y subsidios a cascoporro, pero impuestos, poquitos. E integración y respeto con los países que les acogen, menos aún; todo lo más, resquemor. El atentado islamista de Bruselas no fue sólo contra los belgas, sino contra todos nosotros. Se ha escrito un nuevo capítulo de la islamización de Europa, con la connivencia de miles de progres que tildan de racistas e intolerantes a quienes simplemente no ven bien que se asesine por no ser musulmán. Y por cierto, esto mismo es lo que viven a diario millones de cristianos en África, Siria o Irak. Ellos no vienen porque no pueden: son asesinados -previa tortura- antes de que puedan huir. Corren la misma suerte que las víctimas de ayer, aunque ellos, al no ser europeos ni refugiados, no salen en la tele.

TEMAS RELACIONADOS: