Opinión

Nuestro Juan Pablo Fusi

TRIBUNA

Juan José Solozábal | Martes 22 de marzo de 2016

Asisto, desde el fondo, en la hermosa sala de la Biblioteca Nacional al homenaje que se ofrece a Juan Pablo Fusi con motivo de su jubilación académica. Jon Juaristi bromea con la rareza de nuestro personaje en la historia de los hombres de letras vascas, que han escrito más que leído. Es una manera de referirse a la escrupulosidad de Fusi, que no fantasea ni miente, escribiendo ad probandum, como denunció que era norma entre nosotros Julio Caro Baroja. Si debemos situar a Fusi en una estela vasca, pongámoslo justo después de un guipuzcoano, Fausto Arocena, que insistía en la meticulosidad. “El estudio acerca a la verdad..Y la verdad nunca daña ni denigra”, y al lado de un bilbaíno, José Miguel de Azaola, que se refirió premonitoriamente a un rasgo analizado con brillantez por Fusi, a saber, la pluralidad constitutiva vasca. A Juan Pablo tampoco le gustan exactamente las historias corales con protagonistas colectivos. José Varela acaba de contar en su magistral intervención que cuando Juan Pablo y él llegaron a Oxford Raymond Carr les previno frente a este tipo de metodología. Los españoles son, los españoles dicen…¿Están ustedes seguros, les han preguntado a todos? Lo que quería decirles es que un historiador no puede hacer suposiciones, que en realidad no puede proceder a afirmaciones que no estén contrastadas por sus fuentes, que no se basen en evidencias. La dependencia de los hechos, que resulta de la consulta de periódicos, de archivos familiares, de un repaso exhaustivo bibliográfico, caracteriza la obra de Fusi, ya desde su primer libro, dedicado al estudio del movimiento obrero en el País Vasco, como destaca José Álvarez Junco en su parlamento. Si Fusi parte de un barrido absoluto de lo que estudia, que ordena minuciosa y exhaustivamente, igual de llamativo resulta su libertad de prejuicios o precomprensiones, dejando hablar por sí mismo el material que analiza, sin filtros categoriales o a priori metodológicos o ideológicos. Esto no era exactamente lo que se hacía cuando Fusi publica su primer libro, como lo señaló José Álvarez Junco, pues el derrotero de la historiografía española no dejaba entonces de someterse a ciertos cánones obligados. Así Juan Pablo, en su Política obrera en el País Vasco(1880-1923) no dejaba de señalar las debilidades de implantación del sindicalismo vasco, ni se cuestionaba la independencia relativa de la oligarquía de las autoridades militares, si era el caso, como sucedía con el General Loma en la gestión de las huelgas vizcaínas.

Fusi aprendió seguramente otra cosa de la academia inglesa, que es, a contar, de manera que lo que se quiere decir fluye de un relato bien trabado, que no se puede dejar de leer. Esta facilidad narrativa José Varela la atribuye a cierta impronta orteguiana. No voy a negar que deba Juan Pablo a Ortega la precisión y, si se quiere, la elegancia de estilo, aunque nuestro autor, por comparación, quita énfasis y añade emoción a lo que dice. Hay, finalmente, otro rasgo esencial de Fusi y es su conocimiento de la historia europea, especialmente de la inglesa, que es un trasfondo que suele faltar en nuestros historiadores. Véase la prueba en el libro de Fusi que a mí más me gusta, esto es, su Identidades proscritas, donde analiza el no nacionalismo en sociedades decididamente nacionalistas; o su prodigiosa síntesis Breve historia del mundo contemporáneo. Desde 1776 hasta hoy. Después de todo, como decía Nicolás Ramiro, ignorar la historia de los demás es la mejor manera de no saber la nuestra. Precisamente la lucha contra la representación tópica de nuestra peculiaridad o destino (maldición más bien) imaginarios frente a la historia ordinaria de otros pueblos europeos ha sido una trabajo al que Fusi con bastantes miembros de su generación se ha dedicado sin cejar. Repásese al respecto su síntesis Historia mínima de España, a la altura de los conocidos breviarios de Vicens Vives, Pierre Vilar o Domínguez Ortiz.

Al contestar a quienes le han precedido en el uso de la palabra en su homenaje, Juan Pablo Fusi bellamente se sirve de dos referencias. La primera pertenece al Quijote, cuando en el capítulo V, al término de su primera salida, el personaje es atendido, después de su desgraciado lance con unos mercaderes toledanos, por un caritativo vecino que finalmente le llevará a casa con toda discreción, y que antes había protestado por la pretensión del caballero apaleado de presentarse como Valdovinos, sobrino del Marqués de Mantua, en vez del señor Quijana: yo sé quién soy, zanja rotundamente la discusión identitaria el Ingenioso Hidalgo. Juan Pablo confiesa que los halagos sobre su persona que acaba de oír no le van a hacer olvidar sus propias limitaciones de las que es tan consciente como que sus méritos corresponden a quien simplemente se ha esforzado por desempeñar dignamente su métier de historiador. Lo que le gustaría a Juan Pablo Fusi, nos dice, es que los demás, estos sí ilustres compañeros de promoción y sus amigos, casi todos presentes en la Sala de la Biblioteca Nacional, como le ocurría a Lord Jim, el protagonista del relato de Joseph Conrad, le tuvieran por uno de los suyos. La verdadera recompensa para quien se acaba de confesar deudor de Cervantes, que valoraba la llaneza antes de todo, es el aprecio de los pares, aunque sea mudo. “Trabajar lo más concienzudamente posible, escribió Conrad, describir exactamente lo que se ha visto, cuidar las frases como la tripulación baldea y cuida la cubierta, y no esperar otra recompensa que el respeto silencioso de sus iguales: en eso estriba el honor de un escritor”.

PD Quien quiera puede seguir en you tube el acto homenaje a Juan Pablo Fusi. Basta buscar Juan Pablo Fusi. O https://youtu.be/oCYztk4bi6Q. Pienso que también en este detalle está la diligente mano de Javier Ugarte.

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