Para muchos, la de 2016 no es una Semana Santa cualquiera. En las ciudades del cambio se han vivido los últimos meses con especial preocupación: tristeza, indignación y enfado son algunas de las sensaciones que se han respirado en localidades como Cádiz, Santiago de Compostela, Madrid u Oviedo, que han visto que podían peligrar algunas tradiciones debido a la llegada de nuevos partidos políticos a los ayuntamientos. Temores que descansan sobre declaraciones, anuncios, gestos… o hechos precedentes.
A la capital de España, por ejemplo, esta Semana Santa llega después de los despropósitos provocados desde la Concejalía de Cultura en la cabalgata de los Reyes Magos y durante los carnavales. Dos eventos por los que Madrid fue noticia y en los que los niños resultaron los principales perjudicados.
Madrid: Carmena no quiere más polémicas
Además de muy coloridos, los de Oriente llegaron a la ciudad el pasado 5 de enero con el inolvidable "no te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás" (convertido en TT en Twitter). Un mes más tarde, dos titiriteros eran detenidos el primer día de Carnaval por hacer apología del terrorismo; habían sido contratados por el Ayuntamiento, por lo que la alcaldesa tuvo que pedir perdón.
La Semana Santa viene cargada de procesiones (de su organización se encargan las cofradías, hermandades y parroquias), pero el presupuesto destinado por el Consistorio a conciertos y otros eventos para estas fechas se ha visto notablemente reducido y ha quedado fijado en 178.000 euros, cantidad similar a la destinada a los eventos por el Año Nuevo Chino o el Ramadán. Además, ningún acto tiene como escenario el Palacio de Cibeles, actual sede municipal.
Oviedo: el alcalde prohíbe a la Policía escoltar los pasos
La cruzada del alcalde de Oviedo contra la Semana Santa ha tenido varios episodios. El regidor, que gobierna en coalición con Somos Oviedo (marca blanca de Podemos), ha retirado los 24.000 euros con los que las arcas municipales ayudaban a las cofradías a organizar la procesión del Domingo de Resurrección.
Esa no ha sido la única medida del equipo municipal dirigido por Wenceslao López: amparándose en la aconfesionalidad, el Ayuntamiento se ha negado a ceder el balcón desde el que todos los años la Hermandad de los Estudiantes lee la condena a muerte de Jesús durante su procesión. Y aún hay más: el Gobierno local ha prohibido a la Policía Local y a los Bomberos escoltar los pasos.
Cádiz: Kichi marca distancias… a medias
José María González, Kichi, de Por Cádiz Sí Se Puede, uno de los máximos representantes del autoproclamado cambio, participa en la Semana Santa "como gaditano, como hijo, para acompañar" a su madre, pero "no como alcalde". Es decir, no acude a los palcos oficiales ni está como institución en las procesiones. Tampoco lo hace ningún miembro del Gobierno local para "no herir ninguna sensibilidad".
El Ferrol: amargo 400 aniversario
La de 2016 estaba llamada a ser una Semana Santa inolvidable en El Ferrol. Y vaya si lo será… aunque por razones bien distintas. La llegada al Ayuntamiento de Ferrol en Común, que gobierna en coalición con el PSOE, se ha traducido en un recorte del 50% en las ayudas a las procesiones.
El tijeretazo del alcalde, Jorge Juan Suárez, siempre hubiera sido doloroso, pero este lo es aún más si tenemos en cuenta que la ciudad conmemora este año el 400 aniversario de su Semana Santa, que fue declarada hace dos de Interés Turístico Internacional y que atrae a miles de turistas por estas fechas.
Santiago de Compostela: cero ayudas
No lejos de allí, otro regidor del cambio, el de Santiago de Compostela, ha ido incluso más allá: Martiño Noriega ha decidido retirar todas las subvenciones a las cofradías y hermandades de la capital gallega. Rechaza "amparar o impulsar su mantenimiento", aunque aboga por "facilitar la celebración de las procesiones" dentro del ámbito turístico.
Zamora rompe una tradición de décadas
Mientras que al nuevo alcalde de Zamora, Francisco Guarido (IU), no le ha temblado el pulso para acabar con una tradición instaurada en 1947: en su papel de regidor, ha rechazado presidir el Juramento de Silencio en la catedral durante la noche del Miércoles Santo. No será esta la única celebración a la que no acuda: Guarido no estará en ningún acto religioso de la Semana de Pasión.
Más allá de colores políticos, es imperativo, y tarea de todos, proteger la tradición, la cultura y el patrimonio artístico; por si ello no fuera suficiente, todos los Gobiernos, también los del cambio, deberían cuidar unas fechas que en España se traducen, además, en turismo y dinero.