POR LIBRE
Joaquín Vila | Domingo 27 de marzo de 2016
Pablo Iglesias guarda en la manga el as que siempre ha tenido para encaramarse a la vicepresidencia del Gobierno: la ambición y la cada vez más desesperada necesidad de Pedro Sánchez de ser investido, so pena de jubilarse antes que Rajoy. Pues, ahora sí, Susana Díaz ya está decidida a desplazarle de la dirección del partido. Pero queda una rendija para que Sánchez vuelva a intentar su “pacto de progreso”. La presidenta andaluza se presentará a la secretaría general, “si Sánchez no logra un acuerdo de Gobierno”.
Y como el sainete con Ciudadanos ha bajado el telón, a Sánchez solo le queda un cartucho, el único que llevaba pólvora: pactar con Podemos, allegados e independentistas. Es verdad, que los barones del PSOE han advertido que no permitirán el apoyo de los independentistas, ni siquiera la abstención, imprescindible para que salgan las cuentas.
Pero para eso está Pablo Iglesias. Para pensar y urdir estrategias llenas de trampas y de mentiras. Sabe que anunciar la mera complacencia de los secesionistas, necesaria para alcanzar la investidura, sería una temeridad. De ahí, la turbia maniobra que maquina. Podemos y el PSOE comenzarán las negociaciones para pactar en cualquier momento. Los líderes deben mantener la compostura, guardarse las consignas radicales, incluso hacer declaraciones políticamente correctas como la cacareada por todos de que “lo importante son los acuerdos, no las personas”. Y así evitar que retumbe en los oídos de los socialistas la vicepresidencia de Iglesias.
Se trata de no asustar a los que Podemos llama “dinosaurios” del PSOE; a saber, Felipe González, Alfonso Guerra y hasta Susana Díaz. Sánchez e Iglesias podrían contar, además, con la complicidad de los independentistas para que se mostraran un tiempo con el ceño fruncido, como si la cosa no fuera con ellos. Y puesto que Pablo Iglesias y Otegui se han hecho amigos del alma y hasta piensan en formar un frente común, resultará fácil contar con la compostura de los proetarras. Y también es bien sabido que los secesionistas catalanes prefieren de largo a Sánchez que a Rajoy en La Moncloa.
De este modo, si una semana antes del 2 de mayo, Pedro Sánchez se postula para ser investido con el apoyo de Podemos y demás radicales, mientras los independentistas callan y se esconden, la maniobra puede tener éxito. Se trata de repetir la jugada de Juntos por el Sí y la CUP. Negaron hasta el último día que fueran a pactar, agotaron todos los plazos y cuando parecía inevitable que había que repetir las elecciones se sacaron al conejo Puigdemont de la chistera y, ¡eureka!, ahí están gobernando.
A los barones les pillaría la operación por sorpresa y cuando Pedro Sánchez entre en La Moncloa, a ver quién es el guapo que chista. Y, en cualquier caso, nadie puede obligar a los independentistas ni a nadie a votar de un modo u otro. Sánchez sería capaz de decir que desconocía la postura de los secesionistas, incluso que se había llevado una sorpresa. También Pablo Iglesias le redactaría las declaraciones adecuadas para que no desbarre.
Así es el astuto plan de Podemos para asaltar La Moncloa. La emboscada por sorpresa. Pedro Sánchez está de acuerdo en dejarse llevar. Solo falta que, en efecto, puedan burlar a los barones y al Comité Federal que debe aprobar el acuerdo. Porque, aunque no precisamente Sánchez, también hay astutos estrategas en las filas socialistas. Pero quizás prefieran mirar para otro lado. Al fin y al cabo, no deja de ser un éxito si el PSOE gobierna, incluso un milagro. Aunque sea el canto del cisne.
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