Iván Gil Merino | Viernes 25 de enero de 2008
Libros como "Un largo camino: memorias de un niño soldado" están, desgraciadamente, de plena actualidad; pese a abordar un conflicto que terminó hace cinco años, el fenómeno de los "niños soldado" sigue siendo una de las caras más crueles y amargas de lo que supone la guerra en docenas de países de todo el mundo, donde adultos sin escrúpulos no dudan en "alistar" en sus ejércitos a menores de edad para utilizarlos en el combate.
Ishmael Beah, el autor, relata cómo con solo trece años fue obligado a enrolarse en el ejército para combatir las tropas rebeldes. Durante tres años formó parte de las llamadas "brigadas infantiles"; escuadrones de niños en primera línea de fuego que asaltan asentamientos masacrando soldados y población civil.
Al miedo y el abandono, estos niños unen el consumo de drogas y la violencia de su instrucción, un cóctel mortal que los convierte en auténticas máquinas de matar; como relata Beah, "Matar se había convertido en mi actividad diaria. No me preocupaba por nada más. Mi infancia se había ido sin que me diera cuenta y parecía que mi corazón se había helado".
La esperanza en un mundo así, simplemente, no existe. Por suerte, Ishmael fue rescatado por UNICEF para participar en un programa de reinserción de niños soldado. Tras pasar por innumerables penurias, se vio obligado a escapar de su país y hoy vive en Nueva York Para miles de niños soldado esa salida no existe, como rememora Beah poco antes de dejar Freetown, la única opción de supervivencia para otros menores de edad es enrolarse, luchar y, paradójicamente, encontrar un lugar donde sentirse seguros luchando en primera línea de fuego.
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