Críticas de Teatro

La anhelante difusión del sonido del teatro de Atenas

el chivato

Jueves 17 de julio de 2008
En más de una ocasión me he referido al teatro construido en Atenas en honor de Dionisos, dios tracio del vino, legislador y amante de la paz, fue considerado dios protector de la agricultura y el teatro. Dionisos, hijo de Zeus y Sémele (algunos autores afirman que su madre fue Perséfone), era conocido con el nombre de Baco en la mitología romana y considerado paradigma de quienes se inclinaban a cultivar los excesos y orgías que ocasionaron la decadencia del imperio.

El teatro de Atenas tenía capacidad para diecisiete mil espectadores, el aforo del de Dfero, treinta mil y algunos miles más el de Megalópolis. La enorme distancia entre la escena y los últimos espectadores haría suponer que la mayoría tenía una acústica deficiente; pero algunos alcanzaron gran perfección. La difusión suficiente del sonido en tan grandes extensiones y, además al aire libre, fue una de las mayores preocupaciones de los constructores de teatros. Marco Vitruvio Polión (o Vitrubio), escritor, ingeniero y tratadista romano, arquitecto de Julio César hasta abrazar la arquitectura civil, constructor de la Basílica de Fanum, única obra suya conservada, es autor del más antiguo tratado sobre arquitectura que se conoce: “De Architectura”, obra monumental en diez volúmenes que trata sobre construcción, tipos de edificios, materiales, técnicas decorativas, hidráulica, mecánica y gnomónica.

Vitrubio proponía la instalación de “vasos de resonancia” en distintos puntos del recinto abierto. “El objetivo acústico que se persigue al diseñar un espacio teatral es conseguir un grado de comprensibilidad óptimo desde todos los puntos del auditorio. Al aire libre, el único sonido que se propaga desde la fuente hasta el receptor es el sonido directo. El nivel de sonido audible disminuye de forma inversamente proporcional al aumento de la distancia. El máximo trecho para oír un mensaje oral emitido en una zona de máximo silencio, es de cuarenta y dos metros en la dirección frontal del orador y casi de la mitad en los laterales. A distancias superiores, el mensaje deja de ser inteligible, con independencia del lugar elegido para llevar a cabo la experiencia”.
En los teatros griegos se alcanzaban distancias superiores a las mencionadas por Vitrubio. En Epidauro el asiento más alejado del escenario dista setenta metros y la inteligibilidad en ese punto es extraordinariamente buena. La explicación estriba en el hecho de que el teatro se hallaba ubicado en una zona con ruido ambiental casi nulo y que además el sonido directo que llegaba a cada punto, se veía reforzado por la existencia de elementos retardantes por reflexión, que se generaba en la plataforma circular situada entre el escenario y las gradas, en una zona denominada “orchestra”.

Si hace dos mil años la voz humana podía con la distancia… ¿Por qué la falsificación electrónica?