Opinión

La España del revés

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 13 de abril de 2016

A este paso acabaremos por pedir perdón los que, por ser fieles a los principios de la equidad y del sentido común, arbitramos con reflexión lo que otros banalizan sin ningún pudor. Me estoy refiriendo a los correctos de intenciones y a los aplicados en hechos, pues lo de ser honestos ya no cuadra en el hacer de los nuevos tiempos. Y a fe que en buscar indulgencias por satisfacer impuestos o por dar cumplimiento a lo contrario de lo que por delito esté catalogado, parecen razones mal vistas y peor calificadas de hoy en día. Que sí, que están las cosas del revés, y claro, a uno se le cansa la perplejidad cuando lo incongruente toma acomodo en la sociedad hasta convertirse en vanguardia.

Uno nace en España y ya no es como antes era. A no muchos años atrás, uno venía al mundo en este país y todo se sucedía de seguido como un pasodoble cualquiera, porque antes también existían los derechos y las obligaciones e incluso había señas de identidad para no perder ni el respeto ni el juicio. Ahora no sabes qué hacer ante tanta rara conducta e interpretación de lo escrito, sellado, pactado, firmado y catalogado como lo es la Constitución; pero ni con la Carta Magna, no vayan ustedes a creer. De manera que si por hacer lo ajustado a ley, orden y sentido común a uno le doblegan como búfalo en rodeo o palafrén en la rapa das bestas, pues a real y media manta que esto no lo entiende ni la madre de todas las santas.

Como dice mi admirado Arturo Pérez Reverte, pluma de acero toledano en vaina damasquinada: “Nací blanco, lo que hace de mi un racista” “No voto a la izquierda, lo que hace de mi un fascista” “Valoro mi identidad y mi cultura, lo que hace de mí un xenófobo” “Me gustaría vivir con seguridad y ver a los delincuentes en la cárcel, lo que hace de mí un bastardo torturador” “Creo que la defensa de mi país es cosa de todos los ciudadanos, lo cual hace de mí un militarista asesino” etcétera, etcétera, etcétera.

Y ahora qué, nos preguntamos los que contribuimos en plazo voluntario pagando todas las gabelas y demás servidumbres que a fisco abierto recaudan con tanto denuedo, pues eso, vota, paga y calla que si no es Panamá lo va a ser Paramí; y es que estamos en esos momentos de nuestra historia del todo al revés. No se esfuercen en aplicar la lógica, no es necesario. La inopia es consuetudinaria con aquello que nos venden, de manera que “Una buena costumbre es más fuerte que una ley”, como dijera Eurípides, y verán como lo que hasta hace bien poco era lo correcto, pues ya ha dejado de serlo. En la actualidad el perverso, el canalla y el corrupto, están mayormente gozosos en libertades mientras los serviles en generoso comportamiento quedamos en quiebra técnica. Es el formato de las nuevas costumbres, no se engañen.

Ahora mismo estamos contemplando la realidad de lo que viene sucediendo, que no es otra cosa que dar pábulo al uso de lo contrario como conducta aseada, y eso, créanme, va formateando al individuo hasta tenerlo a merced, perdido en razones y desubicado respecto de lo que está bien y de lo que está mal. Casi cuatro meses de representación circense –incluso días de doble función- para darnos cuenta de cuál es el precio que mancilla la voluntad de quienes transitamos por las reglas de la urbanidad o como dicen los eruditos: “bajo el influjo de lo políticamente correcto” Pues miren ustedes, unos porque ganaron, pero no lo suficiente; otros porque perdieron, pero no lo suficiente; y el resto, porque ni lo uno ni lo otro, pero tampoco lo suficiente, pues eso, que andan jugando con una cosa llamada ciudadanía responsable y aquí nos tienen escondidos en nuestro propio cuerpo viendo cómo se consume nuestra existencia.

Hay mucho invertebrado en este país, tantos como asomados a la contemplación, pero como podrán comprobar parece que aquí no pasa nada, porque aún continúan los bares abiertos. Sin duda, buena señal para medir nuestro índice de masa muscular. Y como todo es cuestión de acostumbrarse, pues eso, al revés te quiero Andrés, que decía aquél. Y a todo nos van acomodando con el sigilo de lo deleznable, mientras la justicia aplica la ley inversa y los exangües políticos duermen sus actos cuanto más despierta está la incredulidad de los buenos o de los correctos en actos, como ustedes mejor prefieran catalogar.