Opinión

Nuevas elecciones: ya no hay novatos

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 14 de abril de 2016

Hasta los políticos son conscientes de lo pesados que pueden llegar a ser. Son tan conscientes de lo hartos que nos tienen a todos que ya se han mostrado partidarios de acortar los plazos de una previsible campaña electoral. Dicen que sería por ahorrar costes. Sí, desde luego, pero también para evitar la saturación que, saben, provoca tener a todas horas en TV, radio y periódicos a sus respectivos líderes políticos.

No es extraño, por tanto, que se hayan planteado la posibilidad de acortar los tiempos –cosa que ya sabemos que no se puede hacer por cuestiones legales– y reducir el presupuesto. Esto haría que los candidatos tuvieran menos dinero para organizar eventos y podría repercutir en una menor presencia en los medios. Sería recomendable por la salud mental de todos los españoles.

Pero también porque realmente no hay tanto que contar. ¿Nos van a volver a intentar convencer de una forma de hacer las cosas? ¿En serio se pondrían a explicarnos otra vez todas las leyes que derogarían y las muchas subvenciones que otorgarían y con las que nos intentarían comprar?

No queremos que nos vuelvan a explicar el programa. A no ser que lo hayan cambiado. Aunque no parece muy conveniente modificar propuestas, ya que podría indicar improvisación e inseguridad. Ahora que ya sabemos lo que se propone y las posibilidades de acuerdos que se han presentado en los últimos cuatro meses, lo que los ciudadanos queremos saber es hasta dónde estarían dispuestos a bajarse los pantalones a cambio de un pacto.

Y digo yo: ¿Cuántas líneas rojas no son tan rojas? ¿Qué proyectos irrenunciables son prescindibles? ¿Cuántas ideas fundamentales pueden ser tiradas fácilmente a la basura?

Como fuere, con campaña larga o campaña corta, los máximos responsables de los partidos concurrentes a una especie de segunda vuelta con retardo se tendrán que esmerar en dejar bien claro con quién llegarían a pactar y con quién no. La ciudadanía va a exigir –o debería hacerlo– que se explique si votar a Ciudadanos va a significar un apoyo al PSOE o al PP o si confiar en los socialistas significará un respaldo a Podemos.

Aquí ya no hay novatos. Se acabó la candidez del que se autoproclama fuerza emergente. Ya sabemos de qué pie cojea cada uno. Hemos visto cómo se las gastan con el poder –mucho o poco– que les otorgó las urnas en diciembre y ahora cualquier sorpresa será culpa nuestra.

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