Se estrena The lady in the van, adaptación de la obra homónima del dramaturgo británico Alan Bennet que regala a una Maggie Smith en estado de gracia.
THE LADY IN THE VAN
Director: Nicholas Hytner
País: Reino Unido
Guión: Alan Bennett
Música: George Fenton
Fotografía: Andrew Dunn
Reparto: Maggie Smith, Alex Jennings, Jim Broadbent, Dominic Cooper, James Corden, Frances de la Tour, Samuel Anderson, Gwen Taylor, Rosalind Knight, George Taylor
Sinopsis: Un buen día, la señorita Shepherd, una mujer de orígenes inciertos, aparca su furgoneta en una acera de Londres, en el acceso a la casa del escritor Alan Bennett. Lo que al principio iba a ser algo temporal, un favor a regañadientes, se acaba convirtiendo en una relación que cambiará las vidas de ambos. Y es que la señorita Shepherd se quedó a vivir allí durante 15 años.
Lo mejor: Maggie Smith | El tono de comedia negra | El buen sabor de boca | El retrato social
Lo peor: Algunos momentos de melodrama, quizás necesarios, pero que pesan un poco.
Ligera pero con un trasfondo importante y una enorme capacidad de llegar al público, especialmente gracias a la inmensurable
Maggie Smith.
The lady in the van llega desde los escenarios a la gran pantalla de la mano del cineasta
Nicholas Hytner, que vuelve a filmar un guión del prestigioso dramaturgo británico
Alan Bennett tras su exitoso debut con
La locura del rey Jorge (1994) y la bien acogida
The History Boys (2006). Esta vez se trata de, como advierten los títulos de inicio, “una historia real… en su mayor parte”; la de cómo Bennet terminó entablando una
amistad cocida a fuego lento fuera de cualquier canon imaginable con la señorita Sheperd, una octogenaria a la que ofrece, a regañadientes y comulgando con el tradicional
carácter ‘ultrapolite’ británico, un favor temporal: aparcar la furgoneta en la que vive en la entrada de su casa. Al final Sheperd
permaneció allí durante 15 años, y Bennet contó en
The lady in the van la relación con su inusitada vecina lanzando, de paso, un puñado de reflexiones sobre las conductas humanas, especialmente las británicas,
la acción creativa y las convenciones sociales.
La película
bebe directamente del teatro, con una puesta en escena evocadora de la dramaturgia de Bennet y el peso reposado sobre
diálogos ágiles y divertidos. Es en algunos flashbacks donde la cinta, de manera muy acertada, se hace cine, rompiendo el ritmo e insuflando aire al metraje. Hynter juega con los niveles diegéticos entre la realidad que se narra, la obra de Bennet y la película misma, en algunos
ejercicios de estilo que recuerdan al Woody Allen autor y que culminan en un final con aparición del propio dramaturgo y guionista. Un final que termina de redondear
el ‘feelgood’ que es, en el fondo, esta comedia cien por cien británica, con pinceladas de humor negro y ramalazo de melodrama, construida en torno a sus personajes.
Mary Sheperd y Alan Bennett (un
siempre correcto Alex Jennings) compiten en excentricidad. Ella, en el formato tosco, deslenguado y malhumorado de quien está de vuelta de todo y se limita a ser y estar lejos de los convencionalismos, aunque con un fondo de culpa y temor cuyo tratamiento –l
eve, oculto, milimétricamente controlado para no comerse el primer plano del personaje- demuestra
la grandeza de una Maggie Smith en estado de gracia. Él, refinado, casi estirado, luchando por mantener a raya sus filias y sus fobias para guardar una apariencia que le inmoviliza como artista. Un buen plantel de secundarios (Jim Broadbent, James Corden, Frances de la Tour, Gwen Taylor o Rosalind Knight) forman el vecindario de las afueras de Londres que viene a representar lo opuesto a Sheperd: las normas, la apariencia, el buenismo y el doblemoralismo.
La
banda sonora ayuda en todo momento a transmitir este aire de fábula de nuestro tiempo.
Una cinta inteligente, que busca la moraleja sin complejos, pero de una manera divertida, sin excesivas imposiciones dramáticas al espectador.
Muy placentera.