Los Lunes de El Imparcial

Junichiro Tanizaki: Cuentos de amor

RELATOS

Domingo 24 de abril de 2016

Traducción de Akihiro Yano y Twiggy Hirota. Edición de Carlos Rubio. Alfaguara. Barcelona, 2016. 304 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por José Pazó Espinosa



Tanizaki es uno de los tres padres de la novela japonesa del siglo XX junto con Kawabata y Mishima. Desde distintos estilos, los tres comparten temas y algunos aspectos biográficos: los tres tuvieron relaciones particulares e intensas con sus abuelos (abuela en el caso de Mishima). Y, en los tres casos, estas relaciones formativas tienen que ver con la ausencia, el escapismo o la ruina de los padres. No es raro, por tanto, que su literatura sea una literatura muy sexuada, en la que casi siempre hay una búsqueda de la madre de fondo. En resumen, una literatura idónea para la crítica psicoanalítica norteamericana, en la que el Edipo es muchas veces la columna fundacional del artista.

La búsqueda de la madre es uno de los leitmotiv de la literatura nipona. Aparece, como hemos apuntado, en Kawabata, en Mishima y, por supuesto, en Tanizaki, en su magnífica La madre del capitán Shigemoto. Pero, por encima de todo y de todos, aparece en el Genji Monogatari, la novela nipona fundacional, en la que el protagonista no hace sino buscar durante toda la obra a su madre en mujeres, niños o cualquier ser que pueda caer bajo su radiante encanto.

Cada uno de los tres escritores suplió la ausencia de la madre, del ser amado por antonomasia, de una manera diferente. En el caso de Tanizaki, fue mediante la metonimia. ¿De qué estoy hablando? Hablo de la sustitución del ser amado por algo que ha estado en contacto con él, que ha sido parte de él o un producto suyo. Hablo de fetichismo.

Tanizaki fue un fetichista confeso. Abordó este tema tan opaco en la literatura en general con una naturalidad y una profundidad asombrosas. Su prosa, con ecos de la novela occidental del XIX, y sobre todo del simbolismo (ese culto artístico a la metonimia) se pone en general al servicio del laberinto del amor y de las relaciones que crea la ausencia del ser amado y su sustitución por un objeto, por otro ser, por una parte del cuerpo, por algo que el ser amado tuvo o deseó. Los Cuentos de amor se mueven en ese terreno con delicadeza y realismo. Esta recopilación, traducida por Akihiro Yano y Twiggy Hirota y editada con acierto y gusto por Carlos Rubio, nos lleva de viaje por las distintas épocas del Tanizaki cuentista: desde “Tatuaje”, obra de juventud con ecos maupassantianos, hasta “La gata, el amo y sus mujeres”, una obra casi humorística, pero en el fondo una declaración de amor a un gato. A una gata, mejor dicho, que estamos siempre en el terreno del fetiche.

En ese viaje, destacan sobre todo cuatro cuentos: “El secreto”, obra en la que se explora el travestismo de una forma excéntrica y sorprendente, con un final enigmático y abierto, a la japonesa; “El fulgor de un trapo viejo”, un cuento que recuerda al Poe que amó Baudelaire, y en el que se mezcla el misterio con la compasión y el atractivo erótico de la verdad; “El segador de cañas”, un cuento largo, pausado como un lago, y que todo lector querría haber vivido; y el ya mencionado “La gata, el amo y sus mujeres”, un cuento que, junto con “Los pies de Fumiko”, indaga en las sustituciones del amor, por desviadas que puedan parecer.

En este tiempo de culto a la falta de atención, leer a Tanizaki siempre compensa. Es inteligente, valiente, claro, y tremendamente humano a la postre. Con esa humanidad japonesa que va desde la sombra hasta la sonrisa. Y que merece todo nuestro elogio.