Opinión

¿Y ahora quién podrá defendernos?

WELTPOLITIK

Carlos Ramírez | Lunes 25 de abril de 2016

En la televisión humorística mexicana hubo un personaje singular: un héroe popular, vestido con un traje rojo y dos antenas de vinil como marciano. Cuando alguien del pueblo necesitaba ayuda, decía las palabras mágicas: ¿y ahora quién podrá defenderme? Y entonces aparecía El Chapulín Colorado diciendo su frase de guerra: “no contaban con mi astucia”.

Como nunca antes desde el comienzo de la segunda posguerra mundial, el mundo se encuentra en una crisis… de expectativas: no se ven salidas de corto plazo a los problemas económicos, nuevas amenazas de violencia, el radicalismo de las religiones y sobre todo la ausencia de un liderazgo moral efectivo. La debilidad del dominio mundial de los EE.UU. desde 1974 se ha complicado por la ausencia de estadistas.

El primer desafío lo lanzó el intelectual conservador John Podhoretz en su columna en el The New York Post, la víspera de las primarias: “¿alguna de esta gente liderará a esta gran nación?” Y las fotos de Bernie Sanders, Hillary Clinton, Donald Trump y Ted Cruz sólo alimentaron el pesimismo. Ninguno de ellos, cuando menos en sus biografías y en sus posicionamientos de campaña, tiene la dimensión del estadista.

El problema es bastante serio porque se complementa con jefes de gobierno de las principales naciones ahogados en sus propias limitaciones y a la espera de alguna propuesta de rehacer el orden mundial. El desmoronamiento de la Unión Soviética en 1989-1991 careció de una lectura geoestratégica e histórica por parte de la élite estadunidense. Luego de la salida del poder de Mijail Gorbachov sin haber completado la transición soviética, la dirigencia estadunidense --George Bush Sr., Bill Clinton, George Bush Jr., y Barack Obama-- careció de un pensamiento estratégico mundial. La política-mundo orteguiana se convirtió en un racimo de enfoques nacionalistas.

La situación del mundo en 1989 pudo haber repetido alguna de las variables que describe Kissinger en Un mundo restaurado: un mundo al garete en 1812 después de las guerras napoleónicas, y que musicalizó con genio Tchaikovsky con su obertura belicista 1812. Fue, asimismo, la época de los estadistas, de los gobernantes con visiones geopolíticas.

La preocupación internacional por el proceso electoral presidencial en los EE.UU en este año de 2016 exhibe a políticos de la ambición: Sanders representa el repudio activista a Wall Street en un momento en que se requiere un nuevo sistema financiero internacional, Hillary es la esposa de un presidente y la secretaria de Estado de la peor época de la diplomacia estadunidense por los efectos guerreristas del 9/11, Trump no pasa de un empresario belicoso y Cruz aparece como un senador de condado.

En cambio, el mundo ha entrado en una crisis con amenazas militares. Mark Helprin ha advertido en el The Wall Street Journal que los candidatos presidenciales han ignorado --o peor: no entienden-- el escenario de incremento de los peligros militares en una era nuclear. La suma de pequeñas guerras locales estaría configurando una guerra de bloques: Rusia, China e Irán se atrincheran en el crecimiento de su poderío militar, mientras Europa cura sus heridas por haber acompañado a Bush Jr. en su aventura de guerra de venganza contra Irán y Afganistán en base a información fabricada por la CIA. La palabra clave en esta hora es defensa.

De los punteros en las elecciones de los EE.UU. Trump no sólo es un ignorante de la geopolítica, sino gestor del uso de la fuerza: ha amenazado con declararle la guerra a México si se niega a pagar un muro fronterizo que él construirá para contener a los migrantes ilegales, reproduciendo aquel episodio mexicano de la guerra de los pasteles de 1832: soldados mexicanos habían comido pasteles en un restaurante francés y no habían liquidado la cuenta; en consecuencia, Francia mandó naves de guerra a invadir México en 1838-1839.

Del lado demócrata, Hillary tiene la experiencia que le dio haber sido first lady ocho años, aunque sin funciones de poder. Eso sí, fue secretaria de Estado de Obama de 2009 a 2013 y coparticipe en el diseño de estrategia fallidas en el exterior. Su formación es de dureza, lo que en el lenguaje político estadunidense se llama halcón, como acaba de referirlo The New York Times Magazine. Y como senadora aprobó todas las leyes patrióticas de Bush Jr. que destruyeron el Estado de derecho y justificaron el espionaje, la tortura y la violación de los derechos humanos.

Las declaraciones de los precandidatos en el tema de política exterior han mostrado mentalidades militaristas, invasoras y agresivas; ninguno ha tenido ni por equivocación algún razonamiento geopolítico, de búsqueda de nuevos aliados después del fracaso de la relación de Washington con Londres. Los cuatro principales han hablado del dominio, la hegemonía estadunidense y el uso de la fuerza.

Las relaciones de poder internacionales lo menos que necesitan es el belicismo o las guerras, sobre todo porque las interrelaciones han borrado prácticamente las fronteras y los problemas contaminan unos a otros, como se ha visto con el problema de los migrantes en Europa. Uno de los spots de campaña de Hillary en el 2008 decía que ella estaría alerta por si la despertaban a las tres de la mañana por una amenaza contra los EE.UU. y ella debiera de autorizar el lanzamiento de bombas, aunque su marido le fue infiel al medio día en plena casa Blanca.

Ante el fortalecimiento de China, Rusia e Irán y las trapacerías de dictadores africanos, el mundo requiere de una presidencia estadunidense de estadistas y no de comandantes en jefe. El mundo está a la espera de una reorganización después del ciclo de la guerra fría. Por eso los habitantes del planeta se preguntan: ¿Y ahora quién podrá defendernos y no invadirnos?

indicadorpolitico.mx

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