Los sindicatos han perdido el monopolio de la movilización.
Los líderes de algunos de los principales partidos políticos han aprovechado este Primero de Mayo para inaugurar de manera no oficial la campaña política de cara al 26 de junio.
Pedro Sánchez, Begoña Villacís y Pablo Iglesias, entre otras figuras, han salido a la calle para reivindicar las reformar laborales y participar de este día festivo en el que los sindicatos han pasado casi desapercibidos.
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, que ha acudido a la marcha de Madrid, ha afirmado que el cambio significa recuperar los
derechos perdidos por la "injusta" reforma laboral del PP. Ha insistido en que quiere promover una ley de igualdad salarial entre hombres y mujeres y articular un diálogo social para reconstruir el Pacto de Toledo y conseguir unas "pensiones justas y un trabajo digno".
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha ido a la manifestación de Puertollano (Ciudad Real) en apoyo a los trabajadores de la
central termoeléctrica Elcogas, y ha dicho que si su partido gana las próximas elecciones pedirá al PSOE que esté con ellos en el gobierno "como un aliado", aunque ha reclamado a los socialistas que "rebajen el tono".
En la manifestación de Madrid, el portavoz de IU, Alberto Garzón, ha denunciado las reformas laborales del PP y del PSOE y ha pedido que las elecciones no giren en torno a quién tuvo la culpa de que haya nueva convocatoria, sino sobre los problemas y realidades de las ciudadanía como el desempleo, la precariedad y la miseria.
La portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de la capital, Begoña Villacís, ha asegurado que
la "espina dorsal" de España es la clase media trabajadora y ha señalado que su partido apuesta por el "reformismo" de la ley laboral.
En la manifestación de Barcelona, CCOO y UGT de Cataluña no han descartado la convocatoria de una nueva huelga general contra la reforma laboral a finales de año o principios de 2017, lo que sería la cuarta auspiciada por los sindicatos en los últimos años (una contra la reforma de un gobierno del PSOE y dos contra las del PP). Y han coincidido en apoyar a los sindicalistas que tienen pendientes juicios por la defensa del derecho de huelga.
"Contra la pobreza salarial y social. Trabajo y Derechos" es el lema con el que
76 manifestaciones convocadas por UGT Y CCOO han recorrido este domingo distintos puntos de España con motivo del Día Internacional del Trabajo. Pero si estas reivindicaciones evocaban irremediablemente hasta hace pocos años al ámbito sindical, hoy se tiñen de morado.
Podemos, sus confluencias y movimientos afines se han esmerado en convertirse en la cara de la movilización ciudadana, antes monopolizada por los sindicatos. Y este 1 de mayo vuelve a convertirse en la escenificación de ese traspaso de poderes entre la decadencia de las dos grandes fuerzas sindicales y el tirón mediático de los líderes de los nuevos partidos surgidos al calor del 15M.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha seguido este domingo la misma estrategia del año pasado: intentar cambiar el foco de los medios de las tradicionales marchas por el centro de Madrid con Toxo y Méndez (ahora Álvarez) en cabeza, por otros actos más minoritarios pero atractivos que difunden con potencia a través de las redes sociales. A primera hora de este 1 de mayo, Iglesias tuiteaba sobre su participación en una concentración en Puertollano.
El 1 de mayo de 2015 Iglesias participó en una protesta de los trabajadores, entonces en huelga, de Telefónica, en Gran Vía. El mensaje es claro: Podemos pretende convertirse en la nueva voz de los trabajadores, haciendo campaña el 1 de mayo, pero
alejado de los actos oficiales de los sindicatos mayoritarios, a los que acuden representantes menos mediáticos de la formación. Pese a que algunos de sus cargos proceden de CCOO, Podemos lleva desde su nacimiento desligándose de unas estructuras sindicales que están en decadencia en nuestro país.
Aunque la fuerza de CCOO y de UGT sigue siendo considerable, nadie, ni siquiera dentro de los propios sindicatos, duda de la
necesidad de regeneración en sus organizaciones, que han ido perdiendo progresivamente credibilidad e imagen entre la ciudadanía y, en consecuencia, afiliación. La suerte de los sindicatos parece correr pareja a la de la política: una crisis de las estructuras tradicionales a las que, mientras lo nuevo llega con fuerza, no les queda otra que renovarse o morir. UGT ha dado un primer paso con el relevo de Cándido Méndez. Pero su sustituto,
Josep María Álvarez, tiene sesenta años. Nada que hacer frente a la sensación de renovación e ideas frescas que ha imprimido Podemos (junto a Ciudadanos) en la política.
La voluntad del partido de Pablo Iglesias por representar también al ciudadano-trabajador derivó ya a finales de 2014 en la creación del
sindicato Somos, una formación que, a pesar de presumir de no tener ningún tipo de filia política, nació a la sombra de los movimientos que dieron lugar a Podemos. Aunque aún no ha conseguido una gran repercusión, sí ha demostrado que sabe como hacerse huecos allí donde los sindicatos mayoritarios están mas debilitados y en el verano de 2015 ganó las elecciones sindicales en el Ministerio de Economía y se convirtió en segunda fuerza en la Agencia Tributaria de Madrid, por detrás de UGT. Mientras, el trabajo se sigue haciendo desde la llamada nueva política.