Los Lunes de El Imparcial

José Manuel Lucía Megías: La juventud de Cervantes

BIOGRAFÍA

Domingo 01 de mayo de 2016

Edaf. Madrid, 2016. 304 páginas. 24 €. El prestigioso cervantista José Manuel Lucía Megías nos presenta una novedosa biografía de la que emerge un Cervantes cercano, de carne y hueso, más allá de su condición de mito. Una obra tan sorprendente como necesaria al conmemorarse este año el IV aniversario de la muerte del autor de "El Quijote".

Por Carmen R. Santos



En la “Carta dedicatoria al lector” con la que José Manuel Lucía Megías abre esta biografía sobre el más grande escritor de nuestras letras y figura insoslayable de la literatura universal como creador de la novela moderna, se nos dice: “Hay y ha habido muchos Miguel de Cervantes a lo largo de la historia”. Algo sin duda muy cierto y que este año al cumplirse el IV Centenario de la muerte del autor de El Quijote cobra una especial relevancia. Pero en esos muchos Cervantes ha prevalecido una visión que le presentaba como un mito, subido a un pedestal de muy difícil, por no decir imposible, alcance: los mitos abdican de la complejidad humana. Ese enfoque podrá ser más o menos afortunado, y, en cualquier caso, encierra una llamada a la fascinación. Pero, junto a ella se agazapan inevitablemente la lejanía y la frialdad. De estas viene a rescatar a Cervantes José Manuel Lucía Megías y lo hace precisamente desde su fascinación y admiración hacia quien ha dedicado una parte muy sustancial de sus desvelos e investigaciones. Catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid, Lucía Megías es presidente de honor de la Asociación de Cervantistas, miembro del Comité Científico de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y del equipo de redacción de la Gran Enciclopedia Cervantina, titular de la Cátedra Cervantes de la Universidad Nacional del Centro (Argentina), director del proyecto Banco de imágenes del Quijote, comisario de numerosas exposiciones cervantinas -la última en la Biblioteca Nacional de Madrid, donde todavía puede visitarse-, además de haber editado El Quijote y haber publicado artículos y monografías sobre Cervantes.

Ni que decir tiene que su currículum al respecto nos garantiza la solvencia y el rigor de La juventud de Cervantes. Una vida en construcción, primera entrega a la que seguirán otras dos. Así, en esta primera, se ocupa de sus treinta y tres primeros años, abarcando desde su nacimiento, en 1547, hasta su regreso a España del cautiverio de Argel, en 1580, para estudiar en el segundo desde ese momento hasta 1605, fecha de la aparición de la Primera Parte de El Quijote. El tercero englobará desde ese año hasta su muerte en 1616, incluyendo un año más, 1617, en el que se publica su novela póstuma Los trabajos de Persiles y Segismunda. Pero más allá de la solvencia, hay que destacar la novedosa perspectiva elegida. José Manuel Lucía Megías no sigue la estela de la mitificación, pero tampoco transita por la fácil o provocativa senda desmitificadora o heterodoxa.

Se ha propuesto un camino más difícil al plantearnos un Cervantes cercano, no una estatua marmórea, sino un hombre de carne y hueso, con sus aciertos y errores, sus éxitos y fracasos, sus virtudes y defectos. Un Cervantes que sentimos como “nuestro contemporáneo”, y no ya solo en cuanto que lo sea por la perenne vigencia que conlleva la obra de un clásico -“nuestro contemporáneo” denominó en feliz expresión Jan Kott a Shakespeare-, sino por su peripecia vital. El Cervantes que emerge de esta biografía es un superviviente. Un superviviente en una época sometida a crisis, cambios y mudanzas, con no poco de precaria, donde se imponía la supervivencia: “La vida en los Siglos de Oro -afirma Lucía Megías- es una aventura, una construcción continúa”. Al igual que la nuestra.

En ese tiempo, “en construcción” -donde Lucía Megías nos sumerge con ágil y fluido estilo-, encuadra la trayectoria de Cervantes. No es casual que una de las citas que encabeza el volumen sea: “Yo sé quien soy”, tomada de El Quijote. Cervantes sabía quien era, pero tiene que “construirse”, que luchar tanto contra todo tipo de adversidades externas como contra las que anidan en su propio interior, pues todo -su nacimiento, su linaje…-, le empuja al acomodo, a hacer lo que se espera de él, que es precisamente lo que no quiere. “A mí lo que me gusta de Miguel de Cervantes es la complejidad de su vida y la variada recepción de la misma, la apropiación que cada época, cada movimiento literario, artístico o político ha hecho de su biografía. Las simplificaciones de un titular de prensa no me interesan”, señala José Manuel Lucía Megías.

Después de dos primeros capítulos, en los que se aborda, por un lado, los retratos de Cervantes, y, por otro, un repaso a cómo las biografías cervantinas han ido elaborando el mito y un establecimiento de la tipología de los documentos cervantinos, se examinará en el tercero a la familia de Cervantes -su abuelo, Juan, su padre, Rodrigo-, y sobre todo veremos a un joven Miguel, estudiante en Madrid y dispuesto a buscarse la vida. De ahí su acercamiento a Juan López de Hoyos, de quien quizá más que recibir clases regladas en su Estudio de Humanidades de la Villa de Madrid -como habitualmente se sostiene-, fuera alumno particular. En cualquier caso, su finalidad es obtener unos conocimientos que le permitieran obtener un puesto en el nuevo espacio de los “letrados” como secretario de una casa nobiliaria. El cuarto capítulo se centra en el Cervantes soldado y en uno de los episodios más célebres de su existencia: la participación en la batalla de Lepanto, y el quinto en su cautiverio en Argel, momento no menos famoso, y que supone un punto de inflexión en su itinerario. En ambos, Lucía Megías nos descubre datos, tras su buceo documental, apenas sabidos o puestos de relieve hasta ahora, que hacen posible ofrecer una lectura nueva y sorprendente.

El libro se cierra con un esclarecedor capítulo, a modo de epílogo, sobre la polémica búsqueda de los huesos cervantinos en el madrileño convento de las Trinitarias. La cuidada edición de la obra y su abundante material gráfico enriquecen un trabajo donde se consigue que veamos a Cervantes más allá de la leyenda. Sin duda, además, por supuesto, de leer su producción -y no solo El Quijote. Deliciosas son sus Novelas ejemplares-, el mejor homenaje que se le puede rendir es bajarle del frío pedestal, situándole a nuestro lado. José Manuel Lucía Megías lo logra con creces.