Opinión

Una socialdemocracia con ideas

TRIBUNA

Juan José Solozábal | Martes 03 de mayo de 2016

La situación de la socialdemocracia española se afrontará atendiendo a su actual problemática, que consiste en que el PSOE mejore los resultados electorales, pues en ello le va la supervivencia de sus actuales dirigentes. Pedro Sánchez apostó muy fuerte ante la adversidad electoral y no tendrá ninguna oportunidad si su estrategia no se revalida en los nuevos comicios por no haber reconocido que su lugar natural tras el 20D debía haber sido ocupar la oposición. Es posible que en la campaña que se avecina el principal objetivo del PSOE sea insistir en que la responsabilidad de que la derecha siga en el poder es debida exclusivamente, una vez conseguido el apoyo de Ciudadanos, a la negativa de Podemos a la coalición, toda vez que el Partido Popular no tuvo la suficiente generosidad para abstenerse en la votación de investidura de Pedro Sánchez, a pesar de su imposibilidad de conseguir apoyos que incrementasen su insuficiente fuerza parlamentaria para gobernar.

Lo que me gustaría señalar es que la crisis del PSOE tiene una referencia que agudiza su situación y que no es otra que el declinar de la socialdemocracia en Europa. La cuestión fue objeto de un análisis adecuado en un pasado número de The Economist de 2 de abril en el que se urgía a la renovación del centro izquierda ante el riesgo de la pasokización o el de que los partidos socialistas se convirtiesen, como en Alemania, en apéndice de gobiernos de coalición, y ello a pesar de Hollande o Renzi en el poder. Los malos tiempos para la socialdemocracia europea apuntan a tres causas: primero, la realización del grueso de su programa social (todos son ya socialdemócratas); en segundo lugar, a un cambio en la estructura de la economía, ahora mundializada y sobre una base más comercial que industrial, con, como consideración en tercer lugar, unos soportes sociales que ya no son la clase obrera o los empleados del sector público, sino una variedad de segmentos con horizontes ideológicos que van desde las reclamaciones identitarias a posiciones políticas sin las referencias clasistas tradicionales.

Si los socialistas quieren traspasar sus fortalezas tradicionales en las que se encuentran atrincherados (Emilia Romana, Andalucía, Nordeste de Inglaterra y Westfalia del Norte) y aspiran a superar su papel subordinado en coaliciones que no dirigen, deben quizás, sugiere el análisis del Economist , hacer tres cosas. Primero, proceder a la renovación de las políticas ya desde la base de los gobiernos locales y regionales (sería el ejemplo de los socialismos jóvenes de Manchester y Hamburgo). Después, personalizar los liderazgos en figuras atractivas, sean o no del partido, así Macron en Francia, ministro de economía, o Muscat en Malta. Por último, enfocar la actuación pública pragmáticamente, de modo que el centro izquierda adopte políticas justificadas por sus resultados. Como dice el líder maltés señor Muscat para los partidos socialistas no se trata de representar a los que están bien sino a los que quieren estarlo.

En realidad este planteamiento del Economist (del que no se encontraba muy lejos el excelente artículo de Jorge Galindo en el País el 28 de Abril, “No es tarde para el Psoe” ), que puede seducir por su claridad, no deja de ser algo simple y deja de lado la referencia ideológica sin la que la socialdemocracia pierde sentido y será superada por los partidos emergentes, hablemos del populismo, los nacionalismos o los movimientos xenófobos. El Partido Socialista necesita algo más que un rejuvenecimiento, esto en buena medida ya se ha llevado a cabo y de los viejos dirigentes ya no queda ni rastro en los órganos de dirección, o un replanteamiento en la estrategia de su acción, apostando por una carrera en la que se vaya adquiriendo experiencia desde abajo en los niveles de los gobiernos locales y autonómicos. Lo que el partido necesita es un esfuerzo en el plano ideológico, llevando a efecto una profunda reflexión sobre el modelo de sociedad por el que apuesta; las reformas institucionales que quiere hacer; y el tipo de unidad política que desea para España. Es entonces en el terreno ideológico, no en el táctico ante unas nuevas elecciones, ni enfrentado simplemente a una coyuntura supranacional inevitable, donde, según lo veo, el partido socialista se la juega.

Nuestra sociedad tiene delante un horizonte en el que han de reforzarse las bases de la solidaridad entre los españoles, reduciendo la desigualdad y atendiendo a quienes no tienen asegurada una digna subsistencia. Todavía la reforma fiscal en un sentido progresivo y sin fraude; y una cobertura del desempleo suficiente, aparecen como objetivos irrenunciables de una política social adecuada. Solidaridad significa necesariamente también una política internacional que afronte con generosidad y humanidad situaciones que una mínima sensibilidad no puede dejar de entender como aberrantes, como muestran los episodios de la llegada masiva de refugiados y emigrantes a Europa.

La reforma institucional del Estado aparece como otro ámbito en el que, a iniciativa de los socialistas, la discusión, esto es, el análisis compartido, no la disputa partidista, está indicada. Quizás hay tres campos en los que la actuación al respecto es inesquivable. Primero, se ha de recuperar el sentido de la división de poderes, respetando la independencia de las ramas del Estado, como corresponde a un sistema parlamentario, apostando por reafirmar la centralidad de las Cortes en nuestro modelo político. Segundo, es primordial evitar la ocupación partidista de las instituciones, renunciando a llenarlas de partidarios, atribuyendo el peso que requieren en una democracia renovada los organismos de la reflexividad y de la imparcialidad, como la Justicia Constitucional o las Autoridades independientes. Tercero, ha de afrontarse la recuperación de la neutralidad de la Administración, asegurando el acceso a la misma exclusivamente por razones de mérito, librándola por tanto, especialmente en su dimensión autonómica, de su ocupación no profesional, y recuperando beneméritas instancias como los Cuerpos de Intervención o los Inspectores.

El último sector a revisar es nuestra organización territorial, tratando de encontrar una fórmula de acomodo de la unidad y la pluralidad de España que mejore la articulación del Estado, permitiendo su afirmación como unidad de decisión más eficiente, pero asumiendo simultáneamente nuestra pluralidad, al reconocer a las naciones de España. La reforma federal constitucional puede ser la solución a las demandas de modernización y superior juntura política que el actual momento requiere.

Creo, por tanto, que no es a corto plazo sino en este tablero de la reflexión ideológica, esto es, mostrando lo que la Socialdemocracia entiende como exigencias de la dignidad de la persona y la defensa de los derechos fundamentales, la recuperación de la democracia constitucional como forma política del estado de derecho y el estado federal, donde debe poner los ojos el Partido Socialista si quiere jugar un papel decisivo en el futuro político de nuestra Nación.

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