Opinión

Legislaturas a la carta

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 04 de mayo de 2016

Confieso que he tardado tiempo en llegar a esta conclusión, no por afán de notoriedad ni tampoco por estar ocioso más de lo debido –otros se dedican a mirar zanjas y obras públicas pegados a las vallas- mi caso es diferente, observo a personas en los pasos de cebra. Ya sé que esto pueda resultarles algo extraño, pero conviene relativizar y no ser demasiado tiquismiquis porque en un simple ejercicio de fijación como éste, uno se sorprende a la vez que se aprende.

Yo, para la ocasión, he elegido el paso de cebra, o paso de peatones, como lo prefieran, justo el que está situado enfrente del Congreso de los Diputados, o sea, el que cruza la Carrera de San Jerónimo apto para combinar las dos aceras equivalentes. No me pregunten el porqué, creo que ha sido el azar quien me ha llevado hasta ese lugar de contemplación y mirada piadosa.

Fue sonar la campana y sus señorías iniciaron la carrera de puertas abiertas. Alguien debió pasar por twitter la consigna: “Señoría que no vuele, sin vacaciones se quede” Y claro, los leones que reposan ante el pórtico de las glorias, antesala de las mermas y de los meollos de estado que se cocinan tras los muros del Palacio, al presenciar la alocada estampida pensaron en algo más profundo, -sabido es que en la sabana esto es un claro síntoma de peligro inminente-; pero no, aquí resultó que las Cortes se habían disuelto. Estos dos leones, que llevan viendo política desde 1872, es decir, 144 años y sin un solo rugido podrán ser criticados por su silencio, pero no por su sabiduría. Jamás han dado una mala nota y el hecho de ver la huida de tantas señorías juntas corriendo como gamos por la vía pública les ha dejado con mal cuerpo.

Sea como fuere, al margen de leones, en esta ocasión he tenido la fortuna de presenciar la salida de la fábrica, o sea, fin de una legislatura que no ha servido ni para pasar lista, es decir, lo más parecido a estar en salmuera durante cuatro meses para nada. Pero ver salir a sus señorías tan sonrientes, tan felices por marchar de vacaciones pagadas y sin exámenes de por medio, es todo un espectáculo. Y claro, uno se enerva y tiene pensamientos impuros al estilo “Bienvenido Míster Marshall” Me aúpo para decirles algo con cierta sonoridad: “Como contribuyente vuestro que soy me debéis una explicación, y esa explicación que me debéis me la vais a dar, porque la explicación que me debéis es la misma que debéis a todos y cada uno de los contribuyentes” Ni por esas.

Se ve que llegan tarde al andén de sus horas libres y todos se quieren, se abrazan, se complementan, en definitiva, se desean, porque se percibe que tras todo lo que subyace en el escabel de la Cámara, es solo para impresionar, después quedan para un 26J que hará las delicias de las formaciones en liza, pero maldita la gracia que tiene el presenciar cómo discurre nuestro dinero por la Carrera de San Jerónimo cuesta abajo hasta perderse de vista.

Y ahora qué -les pregunto a los leones-, pues vuelta la burra al trigo –me responden, inmóviles sobre su peana-. En ambos felinos siempre es así a pesar de estar orientados uno hacia la izquierda y el otro al lado opuesto, pero curiosamente se llevan a partir un piñón. Los dos sí son un claro ejemplo de cómo hay que comportarse en política para defender los intereses de un país y no les importa quedarse sin vacaciones con tal de contribuir al beneficio de una causa común. No pueden imaginarse a Cánovas, a Sagasta, a Antonio Maura, a Moret, a Labra, a Nicolás Salmerón, o a Castelar, corriendo por la calle dejando los deberes de la política para cuando lleguen los exámenes finales. Ahora no existe pudor político, hoy en día la feria de las vanidades es causa de un poder omnívoro carente de generosidades y sensateces.

En fin, recojo el paso de cebra y me lo llevo lejos de toda contemplación. Hoy no me ha merecido la pena seguir apostado en mi recreo visual. Aun así, y a pesar de todo, confieso que tengo debilidad por lo arcano, me corroe el derecho de retracto de unas próximas elecciones con tanta deriva y tanto tropel entregado al recogimiento de pesares de unos y al confinamiento de purgatorio de aquellos otros que ya tenían elegida hasta la nueva decoración de la Moncloa. Lástima, pero ya les advierto que el coste político y económico que trae causa por esta sinrazón de celebrar nuevas elecciones, por el afán de jugar al juego de la poltrona, nos va a suponer por barba contributiva un escalofrío, y si no al tiempo. De vergüenza.

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