Opinión

El regreso de los populismos

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 08 de mayo de 2016

El Día de la Victoria es una de mis efemérides favoritas. Bueno, en realidad son dos días. En Europa Occidental se celebra el 8 de mayo. En Israel, Polonia, la Federación de Rusia y algunas repúblicas que pertenecieron a las URSS y a Yugoslavia se conmemora el 9. La razón de esta diferencia se debe a la hora en que se firmó el armisticio el 8 de mayo. Eran las 22:43 hora central europea, que corresponde a las 00:43 hora de Moscú. En realidad, ese fue el “segundo” armisticio porque el 7 de mayo ya se había producido una primera rendición del Reich a los aliados occidentales.

El caso es que estos dos días me permiten rescatar la memoria de algunos mis héroes: Jean Moulin, por ejemplo, y los resistentes franceses. Suele minusvalorarse el papel de Francia en la II Guerra Mundial y eso es una gran injusticia. Francia luchó contra los nazis desde la invasión de Polonia. Hasta el armisticio del 22 de junio de 1940, unos 60.000 franceses murieron luchando contra los ejércitos alemanes. La Francia Libre siguió la resistencia desde Londres y algunos dominios coloniales. En Vichy, no todos los militares fueron colaboracionistas. La apertura completa de los archivos del Estado Francés permitirá conocer el alcance de la resistencia y el “atentismo”, la táctica de esperar la ocasión propicia para reaccionar contra la ocupación y la división de Francia. Quizás aparezcan nuevos nombres y nuevas historias como la de los funerales celebrados en Brest o en Morbihan por los pilotos ingleses derribados sobre Francia. Mi madre me enseñó mis primeras palabras en francés hablándome de la resistencia y sus historias así que, de alguna forma, para mí este día suena con su voz de fondo.

También puedo volver a Vasili Grossman y releer su reportaje sobre Treblinka, que en España publicó hace unos años Galaxia Gutemberg. El Holocausto enseñó a Grossman un nuevo rostro del antisemitismo europeo. Lo transformó por completo. Cuando, terminada la guerra, Stalin volvió a las políticas judeófobas, Grossman se distanció por completo del régimen. Quizás por eso, y por la gravedad de las acusaciones de colaboracionismo lanzadas contra los ucranianos nacionalistas, El Libro Negro -la gran obra escrita por él junto a Ilyá Ehrenburg sobre las atrocidades cometidas contra los judíos en los territorios de la URSS ocupados por los nazis- no se publicó y fue circulando manuscrito entre los que querían conocer la verdad. En estos días de la victoria, hay que regresar a las páginas de “Vida y Destino” mientras uno escucha la Séptima Sinfonía “Leningrado” de Shostakovich, que comenzó a componer durante los bombardeos en el otoño de 1941. Sin el pueblo ruso, sin sus veintisiete millones de muertos, el Reich y sus aliados jamás hubiesen sido derrotados.

El Día de la Victoria tiene un significado especial en Polonia, el país que los nazis quisieron borrar de la faz de la tierra. Entre mis héroes, Jan Karski tiene un lugar especial. Jurista, escritor, polaco, católico y patriota -cosa bien distinta de un nacionalista- fue el enlace entre la resistencia polaca en el interior y su gobierno en el exilio. A él se le deben algunos de los testimonios más desgarradores del Holocausto y la ocupación de Polonia. También eran de aquí los héroes del gueto de Varsovia -Emmanuel Ringelblum y Mordejai Anielewicz, por ejemplo- que lucharon contra los nazis antes que dejarse llevar a los campos. Jamás crean a quienes les digan que los judíos se entregaron sin luchar. Allí donde pudieron, combatieron a brazo partido junto a los resistentes; donde no fue posible, lucharon solos. Los partisanos judíos llegaron a ser más de 20.000 luchando por toda Europa desde Polonia y el Báltico hasta Italia. Entre ellos, estaba Primo Levi, el italiano que levantó acta del horror en su “Informe sobre Auschwitz”, menos conocido que “Si esto es un hombre” pero no menos escalofriante.

A esta victoria contribuyeron los yugoslavos, patriotas de un país que ya no existe. En los Balcanes la ocupación fue tan despiadada que el país de los eslavos del sur perdió el 10% de su población. Los nazis explotaron los conflictos entre serbios, croatas y musulmanes bosnios. Recabaron la colaboración de algunos -por ejemplo, reclutaron la 13ª División de Montaña SS Handschar compuesta por musulmanes bosnios y croatas- pero tuvieron que hacer frente a una resistencia tenaz de muchísimos más. Algún día se conocerá el alcance de los distintos movimientos de resistencia, su heroísmo y su trágica historia. Yugoslavia venció contra todo pronóstico y toda esperanza. También es suyo este Día de la Victoria.

Esta victoria fue sembrada, desde el comienzo, por los alemanes y austriacos que se enfrentaron a los nazis y sostuvieron su lucha hasta el final. Joseph Roth escribió en 1933: “Pocos testigos en todo el mundo parecen darse cuenta de lo que significa la quema de libros, la expulsión de los autores judíos y todos los demás desvaríos llevados a cabo por el Tercer Reich para aniquilar el espíritu […] Nosotros, los escritores alemanes de origen judío, en estos días en los que el humo de nuestros libros quemados sube hasta el cielo, hemos de reconocer sobre todo que hemos sido vencidos. Nosotros, que hemos constituido la primera oleada de soldados, que hemos luchado bajo el estandarte del espíritu europeo, hemos de cumplir con el más noble deber de los guerreros vencidos con honor: reconozcamos nuestro fracaso”. Sin embargo, no todo estaba perdido. Ahí están Bonhoeffer, teólogo y antinazi, y los hermanos Scholl, miembros de la Rosa Blanca. Gracias a ellos, el nombre y la memoria de Alemania y Austria se salvaron.

Incluso los españoles desempeñamos un papel en esta historia. En las resistencias de Europa y en los ejércitos que combatieron contra el Reich hubo enrolados españoles que llevaban luchando contra el fascismo desde 1936. Venían de muy lejos. Los tanques que entraron en París con el general Leclerc llevaban nombres españoles. Durante la ofensiva sobre Moscú, los españoles estuvieron a cargo de la defensa del Kremlin e incluso hubo una unidad específicamente española: la 4ª Compañía del 1º Regimiento Motorizado de Fusileros.

Hubo muchos, muchísimos más que murieron para que el Eje fuese derrotado. Por desgracia, este Día de la Victoria no significó la liberación para todos los pueblos de Europa. La historia de las llamadas “democracias populares” muestra lo que fue la transformación de aquellas sociedades y cómo las resistencias que lucharon contra los nazis tuvieron que adaptarse al enfrentamiento con un nuevo enemigo: el comunismo. La Guerra Fría desplegó “un telón de acero” -en la célebre expresión de Churchill- y sometió a millones de polacos, húngaros, checos y eslovacos, alemanes y otros muchos a los regímenes comunistas que, so pretexto de la liberación, imponían una esclavitud terrible. Hay que leer más a Solzhenitsyn, Shentalinski y Sharanski para comprender qué fue el comunismo.

Deberíamos recordar más a menudo lo que esta victoria significó para Europa. Vivimos un tiempo en que los populismos de extrema derecha y de extrema izquierda crecen imparables en el continente. Estas ideologías, que reviven lo peor de nuestra historia, son una traición al legado de la alta cultura europea y a los principios y valores que han fundado nuestra civilización. Escuchando a estos populistas que explotan los miedos y los complejos de nuestras sociedades, uno recuerda las palabras de Samuel Fischer, el editor de Thomas Mann, acerca de Hitler: "No es europeo, no entiende nada de las grandes ideas humanas". Los populismos, que hoy regresan con ropajes caribeños, iraníes o etnicistas, tienen eso en común: no han entendido nada de las grandes ideas humanas ni de lo que Europa significa.

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