Hace 5 años se produjo el movimiento denominado 15-M. Sus causas han sido definidas por diversos analistas del mundo académico.
Miles de jóvenes, y también sus padres y abuelos, salieron a la calle protestando por una alteración súbita de sus perspectivas personales. Del espejismo de una relativa abundancia, de la burbuja de créditos baratos y del desenfrenado consumo de bienes, que hicieron que España tuviese el endeudamiento privado más elevado de toda su historia, se pasó abruptamente a un paisaje económico real, caracterizado por la destrucción gigantesca de puestos de trabajo, quiebras de empresas productivas, la desaparición de nuestro antiquísimo modelo de cajas de ahorro, y lo peor, una generación de españoles se dio cuenta que su futuro iba a ser mucho peor que ni los más pesimistas habían llegado a prever.
Desde 1977, desde el comienzo de la democracia parlamentaria, los representantes públicos (ahora denominados “los políticos”) habían explicado con éxito, es decir, con veracidad y aciertos, los grandes problemas públicos. Mientras la dictadura enmascaraba, por ejemplo, la crisis económica de los años setenta, con la democracia, y especialmente con los gobiernos de Felipe González, y Miguel Boyer y Carlos Solchaga como ministros económicos, los españoles empezaron a incluir en sus conocimientos cotidianos conceptos como “la tasa de inflación”, “el déficit y la deuda del Estado”, “la productividad”, “el paro registrado”, “la población activa y la desocupada”, etcétera. En esta extensión de la cultura económica -y democrática- tuvieron gran importancia las explicaciones y críticas de los representantes sindicales de las empresas, y en su nivel más alto, los dirigentes de UGT y CCOO.
Hace 5 años esa relación de confianza, a veces crítica por las distintas partes, basada en un discurso común, se desintegró para esa generación de indignados. El presidente Zapatero y sus ministros económicos, Pedro Solbes y Elena Salgado, fueron los primeros gobernantes cuyo discurso sonaba a mentira para esa juventud. El discurso del presidente Zapatero, a partir de su famosa frase dirigida a los jóvenes -“no os fallaré”- , contenía un optimismo existencial, más apoyado en intuiciones -la suerte o “baraka”- que en previsiones racionales. Con el presidente Zapatero se produjo una ruptura profunda de la confianza política, que fue enormemente devastadora porque él fue el modelo de dirigente que se sirvió de las encuestas electorales para llevar adelante una gestión pública, decidida por un poder que lo conseguía todo, sin límites de gasto. El presidente Zapatero, como la mayoría de gobernantes de aquellos años, fue expulsado del poder precisamente porque nunca tuvo un proyecto político, más allá de satisfacer unos deseos que frecuentemente fueron presentados como nuevos derechos.
En esas circunstancias, el movimiento espontáneo de los indignados fue encauzado por organizaciones populistas, cuyo mejor exponente es el partido Podemos. ¿Dónde están, se pregunta Jorge M. Reverte (un admirado intelectual tan crítico como honesto), “Juventud sin futuro” y “Democracia real, ¡ya!”?
Con el movimiento del 15M ha ocurrido lo mismo que con el Mayo de 1968: se transforma en una o varias formaciones políticas, caso de Podemos; parte de su mensaje se redistribuye por toda la sociedad ; y la capacidad de los medios de comunicación y la publicidad para absorberlo y digerirlo para sus intereses privados y mercantiles es y será lo que resultará doblemente indignante para sus más convencidos militantes.
Jorge M. Reverte concluye su análisis así: “Pero ya no estamos hablando de lo mismo que hace cinco años despertó una simpatía sin límites. Hoy el 15-M ha convertido lo que era un campamento en un gigantesco plató que aprovecha una cadena de televisión que apostó por esa opción política al mismo tiempo que los profesores. Hoy Íñigo Errejón campea por ese plató como lo hizo en sus tertulias su compañero Pablo Iglesias. Ninguno de los dos está en una tienda de campaña. Pero lo que más llama la atención es la seguridad: los guardias que velan por que de allí no falte ni un bolígrafo trabajan para una empresa privada. Es posible que eso sea lo que más choque con la gente que rodea el plató. Seguridad privada. Eso sí que suena a liberalismo. Y quizás explique lo que ha llevado a cambiar la tienda de campaña por un plató.”
Entre tanto, la UE nos advierte que el gobierno del presidente Rajoy nos ha llevado a tener la mayor deuda pública de nuestra historia. ¿Es esa la manera de corregir las consecuencias del endeudamiento privado de los años de Zapatero? Las pensiones de la Seguridad Social están amenazadas. La UE nos multa por nuestra gran deuda y exige que el Gobierno reduzca 8.000 millones de gasto público. ¿Y aún se promete bajar los impuestos? La propuesta del PSOE de pagar las pensiones con cargo a los impuestos es la única que nos da alguna esperanza. Alemania acaba de subir las pensiones entre un 5,5 y un 4,3 por ciento. El gobierno de Grecia, el modelo de Podemos, acaba de recortar las pensiones, y los griegos protestan en la calle. Los indignados griegos están definitivamente sin esperanzas.