Opinión

Los frutos políticos

TRIBUNA

Manuel Sánchez de Diego | Sábado 28 de mayo de 2016

En mi último artículo hacía referencia a una frase que sirve de guía para valorar a las personas: “por sus frutos los conoceréis”. Siempre es posible que las apariencias nos engañen, sobre todo en una sociedad en donde lo que se dice de algo o alguien, es muy diferente de lo que realmente es. Los historiadores lo tienen claro, no es lo mismo el narratio rerum gestarum que el res gestae. A ello hay que añadir que en la narración de la realidad se añade la persuasión que machaconamente nos presenta a un líder político, a una ideología o, simplemente a una opción política, social o deportiva como la mejor; la que nos va a hacer más ricos, guapos y simpáticos, cuando no, más felices. La estrategia política crea mitos, referencias, a veces árboles que parecen perales, pero dan castañas.

En esa estrategia política es esencial la comunicación. En las pasadas elecciones me chocó –eso que se dice ahora de “me llamó poderosamente la atención”-, que un canal de televisión apostara claramente por un candidato al que se presentaba como el paladín del cambio, la voz crítica de la conciencia social frente a la casta política corrupta. Algún programa me hizo avergonzar por su partidismo, digo su podemismo rampante. A costa de anunciar una entrevista al líder Pablo Iglesias, introducía cada poco tiempo una cuña con alguna de las respuestas del mismo. Desde luego aquello parecía más publicidad que información. La gran pregunta es ¿por qué un canal del oligopolio televisivo apuesta por una opción política que propone el control de los medios de comunicación? La explicación se encuentra en la audiencia. A más audiencia más ingresos, más repercusión y más influencia. Eso lo desea la empresa informativa aunque sea “pan para hoy y hambre para mañana”. El periodista depende también de los resultados de la audiencia y de su capacidad de influencia y un halo de progresismo, todavía vende.

No solo es problema del medio y los profesionales de la información, también es un desenfoque del público más interesado en asuntos propios de Gran Hermano y los reality de la televisión. Por eso las campañas políticas presentan a su candidato como si se tratase de un participante de un reality más. Al igual que un grupo en una playa desierta o en una aislada casa llena de cámaras, ahora los candidatos se baten en la arena política tratando de decir la barbaridad o estupidez más aplaudida para aparecer en el noticiero. Esto ocurre hasta en Estados Unidos, en donde los analistas políticos han señalado esta estrategia política en el candidato republicano: aquella afirmación que podía tirotear a alguien en la Quinta Avenida y no le pasaría nada, fundió el sentido común de cualquiera.

Frente a lo anterior, proponemos un debate sincero y pedimos a los ciudadanos que hagan el esfuerzo de conocer que hay realmente detrás de una coleta, una cara bonita, un joven o unas gafas y barba. Quizás sea menos entretenido y exige que los votantes vuelvan a confiar en los políticos, pero de alguna forma se trata de conocer que frutos han dado o cuales están dispuestos a producir.

Entre los frutos azules encontramos algunos envenenados: corrupción, falta de democracia interna, normas limitadoras de derechos –Ley de Seguridad Ciudadana- o puramente propagandísticas –Ley de Transparencia-, por citar algunos. Otros frutos han sido claramente positivos: progreso económico, seguridad, templanza, control de despilfarro, visión nacional y, por supuesto, evitar la intervención económica de nuestra querida España.

Algunos frutos rojos son también venenosos: más corrupción, intransigencia, clientelismo o nefasta gestión económica pero también los hay jugosos: dimensión social, españolismo y confianza de sus votantes.

Los frutos naranjas pueden ser mal vistos en lo referente a la falta de experiencia y bisoñez e indefinición en sus pactos a uno y otro lado, pero también encontramos buenos frutos en su ilusión, esperanza, españolidad, integridad, así como la capacidad para negociar con unos azules y otros rojos.

Los frutos morados pueden ser muy empachosos para la democracia a la vista de sus frutos venezolanos, del pupurri comunista y de los resultados de la gestión municipal en donde han tocado poder. Algo positivo se encuentra en la ilusión que promueve entre esos tres millones y medio de españoles que han dejado de ser clase media.

Pero no sólo hay que pensar en los frutos, también en las compañías pues “dime con quién andas y te diré quién eres”, pero eso es “harina de otro costal”.