Los Lunes de El Imparcial

Leonardo Padura y Laurent Cantet: Regreso a Ítaca

NOVELA

Domingo 29 de mayo de 2016

Tusquets. Barcelona, 2016. 208 páginas. 17 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por Paulo García Conde



Parecen proliferar, en los últimos tiempos, aquellos libros que no dudan a la hora de conjugar la literatura con aquella parte del cine con la que mayor relación guardan: el guión. No es de extrañar que dos procesos de escritura terminen por unirse para terminar dando forma a una obra propia, incluso aunque se trate de maneras bien distintas de utilizar la palabra escrita como recurso narrativo.

Esta vez, el autor cubano Leonardo Padura ha decidido acompañarse del cineasta francés Laurent Cantet para mostrarnos algo más que el resultado del trabajo conjunto que los llevó a construir los cimientos de Regreso a Ítaca, que primero fue guion, luego película y, ahora, libro. La obra que Tusquets acaba de publicar incluye lo que en la jerga de los guionistas se conoce como el “tratamiento”, el proceso anterior a la construcción final del guion, y que consiste en relatar de una manera más literaria (en su forma) el desarrollo de la historia. Eso sí, prescindiendo de cualquier virtuosismo o adorno puesto que, en lo relativo al guion, menos es siempre más.

A través de este trabajo se pueden entrever los vínculos existentes (y también, por supuesto, las diferencias que los sostienen a buena distancia) entre dos maneras de escribir que tienen como fin último contar una historia. Con una estructura singular, aparece en primer lugar el testimonio de Laurent Cantet, explicando qué razones le llevaron a querer rodar en Cuba, y qué necesidad sentía de crear una película que abordase la realidad cubana, territorio mucho más desconocido para él que para su compañero de aventuras. Resulta interesante (sobre todo para quienes además de gozar con la lectura, sienten predilección por el Séptimo Arte) ver cómo se mueven y remueven los proyectos cinematográficos, ya que, entre otros detalles, el director francés revela cómo surgió la idea principal, o cuántos años de trabajo hubo que aguantar antes de llegar a la parte final del plan (pasando por los avatares de la producción, de la financiación, etcétera).

Tras estas explicaciones, aportadas con ligereza, aparece el tratamiento que entre los dos llevaron a cabo para luego sostener la película. Es decir, se nos presenta aquí el guion último pero desarrollado de una manera más literaria y no tan técnica como el otro formato suele resultar ser.

La historia destaca por la sencillez de sus formas y la profundidad de sus intenciones. Un grupo de viejos amigos se reúne en la azotea de un edificio con vistas al Malecón, con motivo del regreso a Cuba de uno de ellos. Él es Amadeo, quien abandonó su país dieciséis años antes en medio de unas raras circunstancias para exiliarse en España. La acción se desarrolla por completo en esa azotea, donde con precisión y ritmo se nos va describiendo a cada uno de los personajes, mediante lo que hacen y dicen (y, también, a través de lo que no hacen y callan). Surgen así momentos tiernos, otros tensos, donde viejas emociones y recuerdos cobran protagonismo, convirtiendo la reunión en un mar de sensaciones que parece ir a romper con furia contra el mismo Malecón.

Sin poder pasar por alto que se trata de una historia trasladada al plano audiovisual, tiene que haber una trama precisa, un objetivo, y este reside en descubrir por qué Amadeo abandonó su tierra, a sus amigos, sin dar nunca unas explicaciones coherentes. Ese es el interrogante que carga con el peso de la historia, al tiempo que su desarrollo nos brinda un retrato de la Cuba actual, y de la de las últimas décadas.

Tras el tratamiento, Padura se explaya desgranando su visión de los hechos, en lo que al proceso de creación se refiere: su relación con Cantet, el amor/odio que profesa al mundo del guion, las sensaciones de contar una historia como esta y presentarla ante el público cubano… Le sigue, quizás de manera innecesaria, el que había sido tratamiento del cortometraje que dio pie a todo lo que vino después. Un guion literario que viene a ser hermano menor de lo que ya hemos leído antes (es decir, la misma historia pero en versión reducida).

Ya como cierre, el libro incluye algunos fragmentos de La novela de mi vida, la obra del cubano en la que se encuentra el germen de Regreso a Ítaca, eligiendo aquellos párrafos más significativos para que el lector conecte los mismos con una película que, ahora, es también libro. Una pequeña simbiosis entre cine y literatura.