Destino. Barcelona, 2016. 496 páginas. 20 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Jorge Pato García
Los avances tecnológicos poco a poco nos han ido acercando hasta llegar a este mundo globalizado en el que vivimos. En el ámbito de los transportes esta revolución ha sido notable. En el caso concreto de la travesía popularmente conocida como “cruzar el charco”, se han reducido tiempos, primero de meses a días para acabar como en la actualidad, reducido a unas horas. Uno de esos barcos que unía España con Argentina era el Catania, en el que el protagonista de Final de travesía se ha embarcado para el reencuentro con su familia. Una de las consecuencias de la Guerra Civil fue la dispersión de familias por diferentes motivos, en este por pertenecer al bando perdedor de la contienda.
Antonio Altemir tiene a su mujer y su hija en Argentina, hasta allí las mandó, tierra natal de su esposa, tratando de salvaguardar sus vidas de una situación compleja como el conflicto armado. Él por su parte ha vuelto a nacer, se ha librado de morir fusilado, después ha permanecido en prisión, y ahora recobrada la libertad su objetivo es el reencuentro familiar que tanto anhela. Si de por si la travesía atlántica tenía una larga duración, cuánto más larga se puede hacer cuando el corazón palpita por llegar a la otra orilla y abrazar a los seres queridos.
La familia de Antonio fue una de las muchas que emigró de Aragón a Barcelona para ser partícipe del auge que la industrialización generó. Pero ya desde su juventud, Antonio optó por la radicalidad anarquista, uniéndose al tortuoso camino inherente a esta ideología y bajo el mando de Lerroux, controvertido político de retórica demagoga e incendiaria, caracterizado por su extremismo.
Además de ser un idealista a favor de un mensaje utópico, Antonio vive la pasión por el periodismo como la ventana abierta a la libertad absoluta y desde el que se podrán movilizar los cambios sociales que una mente radicalizada como la suya, entiende que han de tomarse. Quizás por analogía con los tiempos que corren se podría expresar este pensamiento como la capacidad de remover la sociedad no por convencimiento de esta, sino por asalto mediante la vía de expresión de la comunicación y la difusión del pensamiento socio-político.
Lo que queda claro, una vez finalizada la lectura de esta novela, es que Jesús Ulled ha logrado hacernos ver las tristes situaciones a la que queda abocado un pueblo cuando la guerra campa a sus anchas por su territorio. Consecuencias nefastas que no se deben olvidar, pues en ambos bandos, en ambas partes de esas dos Españas, hubo sufrimiento, dolor, muerte y comportamientos abominables. Quizás por ello es más efectivo, de cara a las nuevas generaciones, que tengamos la memoria viva de lo ocurrido para que no vuelva a pasar. Que no haya que romper familias para preservarlas de las balas, que no haya que embarcarse en un viaje de reencuentro abandonando tu patria, que se respeten todas las ideologías.