Que maravillosa es la sabiduría ancestral: “Ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió”, pues eso, que el tiempo marca las diferencias en quienes hicieron labores de exigir y de protagonizar escraches, revueltas y abanderar causas de intangible responsabilidad.
No es el principio de Arquímedes, ni tampoco la piedra filosofal, es mucho más sencillo que todo eso; es, por decirlo de manera coloquial, ser alcaldesa de Barcelona y tener que cumplir con los principios fundamentales que conlleva el cargo. O sea, una vez que se cruza la línea que separa lo juicioso de lo irreflexivo, ya no cabe otra que apechugar con hacer cumplir la ley. Y eso es lo que hay detrás de un bastón de mando. Nada más simple.
Casi seguro que la señora Colau ha dejado de soñar con esa inquina hacia los poderes representativos. Ahora ella es el propio sistema. En estos momentos, por cierto, bastante alejada en tomar parte activa en sus postulados callejeros, así pues, sorprende que la calle retome violencia siendo Colau la adalid para cambiar hasta el eje de rotación del planeta Tierra; pero claro, el magma no repara en princesas encantadas consigo mismas, lo fácil es atacar a las fuerzas del orden, saquear comercios, quemar mobiliario urbano y emplear toda clase de violencia por y contra todo lo que represente guardar precepto. Y ahora, la señora alcaldesa pide proporcionalidad, o sea, simetría a la hora de tratar este espinoso asunto de los okupas, que no lo son tanto por cuanto con cargo al consistorio municipal, o sea, con fondos públicos, el anterior alcalde Xavier Frías, solventara el problema mediante un contrato de inquilinato asumiendo el propio ayuntamiento todo tipo de gastos, incluso el arreglo de posibles desperfectos del inmueble alquilado y cedido a los antisistema.
Sin embargo, el ayuntamiento gobernado por Colau decidió rescindir el contrato de arrendamiento y por eso la propietaria del edificio en cuestión volvió a instar el desahucio de los ocupantes. De manera que la alcaldesa olvida sus genes, su pedagogía, sus asiduas amonestaciones en los platós de televisión y medios de comunicación diversos. Eran los tiempos de una logia finamente orientada, una especie de catapulta hacia ese poder omnívoro como el que representa Saturno devorando a sus hijos. Y eso es lo que ahora convive en los aledaños del parque Güell de la emblemática ciudad condal, el rearme de los antiguos compañeros de fatigas de la señora alcaldesa, dispuestos a seguir engullendo el sistema del que Colau ya es una presa más, tal vez porque han descubierto que ella no es la que era, que está en la poltrona gozando de los grandes fastos rodeada de cuantos alimentan su ego y sus desatinos municipales, y que a la hora de la verdad no sabe cohabitar con lo que sucede en el barrio de Gracia. Es lo que tiene la mitología, alimentas al monstruo y este te devora sin hacer distinciones personales, porque el sistema no es lo mismo que el antisistema.