Opinión

El zigzag de la prosperidad europea

TRIBUNA

Luis Asua Brunt | Miércoles 01 de junio de 2016

La izquierda y la derecha europeas y sus ideologías predominantes, la socialdemocracia y el liberalismo, se han turnado en el gobierno de muchos países de Europa a lo largo de las últimas seis décadas. Más de sesenta años de éxitos durante los cuales se han obtenido las máximas cotas de prosperidad, desarrollo, equilibrio e igualdad de la historia.

Hoy este juego de zigzag, alternativa o como queramos denominarlo está muy amenazado. Le debo a José Herrera, de FAES, su visión, por la que podría estar naciendo una nueva Europa en la que los populismos de derecha tendrían protagonismo en los países más ricos o del Norte y los populismos de izquierda –en nuestro caso de extrema izquierda, abundando en la “anomalía española”- en los países menos ricos, porque ricos lo somos casi todos, o del Sur.

Cuando un fenómeno se generaliza de esta manera hay que preguntarse si estamos ante un cambio estructural. Nuestras sociedades europeas están siendo sacudidas por muchos cambios: la crisis económica, la desafección hacia las viejas formas de gobernar (votar, opinar y poco más; la democracia representativa frente a la participativa), la globalización, el impacto de la tecnología -que genera profundos cambios en la forma de vivir y trabajar- las amenazas a nuestra seguridad, la inmigración, y muchos etcéteras.

Dos cuestiones añaden combustible a esta situación de descontento. La exigencia de más presencia del estado y las políticas públicas para resolverlo todo -siempre por definición insuficientes- y el alejamiento ideológico de los gobiernos de sus posiciones históricas. Ante un niño asustado los padres, léase los gobiernos, se ponen en su situación para consolarlo. En España, el PP de Rajoy ha sido muy empático, ergo estatista. De ahí los niveles históricos de deuda, y la tímida socialdemocracia con la que ha gobernado estos últimos años. Lean lo que algunos calificamos como hito, el discurso de Rajoy en Elche en 2008* que puso las bases a su gobierno. Pero pese a tanto esfuerzo la población, paradójicamente, ve al PP más a la derecha que nunca.

Vuelvo a mi tesis inicial. A finales de los años setenta, este modelo europeo del zigzag entró en franca crisis y las posiciones de derecha e izquierda se hicieron indistinguibles. Fue entonces cuando Margaret Thatcher inició un largo proceso de refundación ideológica de la derecha desde el liberalismo. Lo que parecía una línea continua volvió a convertirse en un zigzag en el que la derecha se separó de la izquierda para beneficio -de esto no hay duda, creo- de casi todos. Ante el éxito del liberalismo y no mucho tiempo después, la izquierda adquirió gran parte del ideario liberal por lo que el zigzag dejó de serlo durante unos buenos años. Es lo que los actuales podemitas denominan neoliberalismo, que no distingue al PSOE del PP. Pero este estrechamiento del zigzag por parte de la izquierda no significa una total identificación pues hubo diferencias notorias, sobre todo en cuanto a resultados, entre los gobiernos de Aznar y González o Zapatero. También se produjeron en algunos ámbitos autonómicos, especialmente en Madrid, donde prácticas liberales llevaron a éxitos políticos y económicos indudables, produciéndose incluso el sorpasso económico tanto en renta como en PIB sobre Cataluña y eso con un millón menos de habitantes.

Este proceso de estrechamiento entra en una confusión total bajo el impacto de la crisis financiera que aún vivimos. Las derechas entran en pánico y abrazan la causa socialdemócrata. Hoy no sabemos cuáles son las políticas del PSOE, o del PP, con respecto a los grandes temas que nos preocupan. Revisen mentalmente estas cuestiones y apenas notarán diferencias en los planteamientos, si es que los hay, de unos y otros. El planteamiento político radica en la credibilidad de la “gestión” del PP, y la crítica del PSOE se sustenta en algunos matices de la misma como su inhumanidad, egoísmo corrupto y alguna cosa más, pero, en lo referente al fundamento, hay poca diferencia... Los únicos que tienen las ideas claras son los de Podemos. Ciudadanos simplemente recoge el voto anti-Rajoy e incluso cimienta su ideología en una mezcla de liberalismo y socialdemocracia. Un proyecto totalmente contingente, al menos en lo ideológico.

El éxito de Podemos, y de los otros populismos de izquierda y derecha en Europa radica, entre otras muchas cosas, en el trabajo de refundación ideológica para volver a generar el zigzag. Aunque en España está aún pendiente de aclarar –manda narices a estas alturas, con perdón- si nuestros populistas de izquierda son, o no, demócratas. Aún nos tienen que aclarar -espero que no desde el gobierno, de ahí el peligro de las próximas elecciones- si estamos ante una redefinición de la parte socialdemócrata del zigzag que se renovará desde posiciones democráticas o ante otro insensato intento de nuestra peculiar izquierda patria de crear una sociedad nueva, un hombre nuevo. Otro experimento trasnochado como el que padecen los cubanos o los venezolanos.

Por contraste, para su modernización y también, cómo no, para luchar contra los populismos de derechas, el liberalismo requiere una nueva reformulación. Debemos volver a los pilares de responsabilidad individual y de separación de poderes y a los principios de legalidad y libertad ante todo. Impulsar la igualdad de oportunidades. Tenemos que luchar por una educación de excelencia y exigencia al menos con la misma energía que emplea la izquierda al defender la comprensividad. Debemos afrontar el problema de la Cultura con mayúscula y separarla de lo que es mero entretenimiento, apoyando con denuedo la primera.

Hay que tomar una posición seria y generosa con respecto de la inmigración. Sin ceder en las cuestiones de seguridad, afrontar con energía y claridad la cohesión y la coherencia territorial.

Además, como ha escrito hace poco Arcadi Espada, debemos exigir que la “conllevanza” (me gusta más, por italianizante, que conllevancia) con catalanes y vascos empiece a ser bilateral, dado que hoy en día parece más un tragadero insufrible...

Debemos seguir replanteándonos el modelo de estado y su inexcusable ineficiencia (asumir que el gasto público no se debe embridar es un error colosal) y aplicar lo antes posible el nuevo paradigma europeo por el que todo lo que no esté prohibido está permitido sin tener que esperar a la celtibérica autorización previa.

Pero también tenemos que debatir sobre los modelos de crecimiento, incorporar la sostenibilidad y superar la economía financiera. Debemos plantearnos políticas frente a lo que algunos liberales ingleses denominan la “undeserved wealth” -o riqueza desorbitada- no merecida, exigir comportamientos honestos en el empresariado y dejar de equiparar a un generador de riqueza y empleo con un pícaro especulador o un corruptor de políticos.

Creo que nuestra bandera, la del liberalismo moderno, será huir de cualquier dogmatismo. Las sociedades más avanzadas, más productivas y más estables se fundamentan en el reconocimiento de la diferencia, en la incorporación del mestizaje y en atraer el más diverso talento posible.

*Rajoy en Elche hablaba de un PP como “instrumento al servicio de la sociedad española” en el que se incorporaban todas las familias ideológicas. Este modelo ha dejado de servir. Era propio de otros años en los que estrechar las diferencias del zigzag ideológico tuvo algún rédito electoral. Hoy la gente quiere ideas claras; certezas, pero certezas elaboradas y puestas al día para afrontar los enormes retos que tenemos ante nosotros, sino te ven como algo ajeno, antiguo; simplemente de derechas.