Las situaciones de Dilema del Prisionero tienden a tener consecuencias que terminan siendo inconvenientes, incluso indeseables, para los involucrados. Se trata de situaciones que, por lo general, implican perdidas indeseables y exageradas para los jugadores involucrados. Aun cuando la metáfora es bien conocida para quienes trabajan Teoría de los Juegos, haré el ejercicio de reproducirla a continuación: Se trata de una historia según la cual un par de criminales que han cometido un delito son atrapados por la policía y puestos en celdas contiguas sin la posibilidad de comunicarse entre sí.
El Fiscal sabe que no tiene pruebas para comprobar el delito cometido por los criminales, apenas si podrá procesarlos por una falta menor como resistirse al arresto, con lo cual saldrán libres en pocos días. Sin embargo el Fiscal es un hombre avezado que ha ideado un mecanismo mediante el cual intentará hacer que los criminales confiesen y se incriminen. Vale decir que este juego representa una metáfora de situaciones sociales en las cuales las condiciones del contexto y la estructura misma del juego inducen a los jugadores a observar comportamientos no- cooperativos con lo cual generan resultados que tienden a ser individual y socialmente indeseables.
En el caso del Dilema es necesario que se cumpla lo siguiente: los prisioneros no pueden comunicarse entre sí, no existe un acuerdo previo entre ellos acerca de lo que deben hacer en caso de ser atrapados, se trata de un juego de una sola jugada, no existe sombra del futuro. En este contexto el Fiscal, que como hemos dicho, es un hombre hábil en el procesamiento criminal, se dirige a los prisioneros por separado para hacerles una propuesta que aparentemente les permitiría resolver su situación en beneficio de sus intereses individuales.
El Fiscal se dirige a cada prisionero y se dirige a ellos en los siguientes términos: -‘ud. parece dispuesto a colaborar con la justicia, en consecuencia le propongo que confiese su crimen con lo cual Ud. estará dando un testimonio que nos permitirá procesar a su compañero. De manera que si Ud. confiesa saldrá libre en tanto que su compañero irá a la cárcel por diez años. Recuerde que la misma propuesta se le está haciendo a su compañero’-. El fiscal introduce una lógica en la cual el resultado final depende de la decisión que toman ambas partes por separado, de manera que se impone lo siguiente.
Dice el Fiscal: -‘Si ambos confiesan, irán ambos a la cárcel por ocho años, ya que el testimonio pierde valor; si uno confiesa y el otro no, aquel que confiesa saldrá libre, en tanto que el otro pagará condena, si ninguno de los dos confiesa ambos irán a la cárcel por un año, para pagar por un delito menor’. Como podemos ver se establece un sistema de incentivos que lleva a los prisioneros a traicionarse entre sí. A fin de cuentas son criminales y saben que ambos quieren salvar el pellejo, al tratarse de decisores racionales tendrán claro que el otro estará tentado a confesar para evitar la cárcel, con lo cual al confesar ambos, obtienen el peor resultado social posible, aquel que los lleva a prisión por ocho años a ambos.
El Dilema solo puede resolverse cambiando la estructura del juego, introduciendo un sistema de pagos diferente, cambiando las condiciones estructurales, permitiendo la comunicación entre las partes, por ejemplo; o, convirtiendo al Dilema en un juego de múltiples jugadas, en el cual las partes van a volver a encontrarse.
Toda esta reflexión viene a cuento en el contexto particular de la situación política venezolana. Luego de 18 años de polarización el país se encuentra en una situación muy tensa en la cual prevalece la desconfianza y el resentimiento y la cual hay una situación de violencia potencial que, uno siente, pudiera desbordarse en cualquier momento. No se trata solo de una terrible situación de escasez que nos ha llevado a los venezolanos a hacer largas colas en busca de medicinas y de alimentos, de la destrucción generalizada de la infraestructura y de las instituciones democráticas; sino también, de la manera como se ha jugado a dividir a la sociedad venezolana en partes que parecen difícilmente reconciliables, dentro de las dinámicas del insulto, la descalificación y la confrontación que prevalecen en nuestro juego político.
Uno siente que se trata de, al menos, dos países que se dan la espalda, que no se reconocen, que se desprecian, que no parecen dispuestos a conversar. De alguna manera más encontramos atrapados por los más radicales de ambos bandos, aquellos que se encuentran del lado del gobierno y quienes se encuentran del lado de la oposición. Son ellos los que buscan propiciar una confrontación de mayores dimensiones que las asociadas a nuestra violencia cotidiana, que es una de las más altas del continente. Nos encontramos en medio de un inmenso Dilema del Prisionero que, potencialmente, puede resultar dañino para nuestros intereses individuales y colectivos. Desmontar esas condiciones dañinas pasa por construir un espacio para el dialogo, el reconocimiento del otro y la reconciliación nacional.
Los venezolanos parecemos no tener claro que una negociación no implica claudicar, sino construir acuerdos que permitan solucionar una situación que no puede ser atendida o resuelta de manera individual por ninguna de las partes en conflicto, tampoco implica jugar a la impunidad o dejar de reconocer las responsabilidades que cada quien tenga en la generación de la situación conflictiva.
De allí que me parezca que la reunión que se ha llevado a cabo en República Dominicana entre representantes del Gobierno y de la Oposición venezolana es un paso en la dirección correcta. Aprovechar la mediación de Zapatero y Fernández se presenta como una buena oportunidad para sentar en la mesa, al menos eso, a quienes se muestran como adversarios irreconciliables, a quienes no parecen dispuestos a dialogar. Se trata solo de una oportunidad para desmontar la violencia en una situación que es potencialmente explosiva y que podría tener consecuencias complejas que pudieran afectar la estabilidad de la región. Negociar sin condiciones previas, atender todos los temas, aprovechar a los mediadores para generar confianza. Negociar sin claudicar, de eso se trata.