Opinión

Oportunidad y certidumbre democráticas en México

TRIBUNA

Francisco Parra | Sábado 04 de junio de 2016
Estamos a solo pocos días de unas elecciones intermedias en México que, por varios aspectos, serán inéditas en la vida democrática de nuestra nación. Se trata de una extensa agenda donde se deberán completar 14 procesos electorales, que incluyen la elección de 12 Gobernadores, la renovación de 12 Congresos locales y la integración de la nueva Asamblea Constituyente para la Ciudad de México. Más de 37 millones de votantes podrán acudir a ejercer su voto. Con estas características, este domingo estaremos inmersos las y los mexicanos todos en un esfuerzo enorme, que implica grandes y excesivos gastos en recursos materiales y humanos, extensas jornadas de trabajo, alteraciones involuntarias al ritmo de vida cotidiano y un largo etcétera. Debe y tiene que valer la pena.

Serán sin duda alguna de las elecciones más disputadas. Su organización ha resultado, en algunos casos, bastante difícil, y cuestionada también la legitimidad y transparencia del proceso. Serán también un catalizador de las nuevas reglas y cambios incorporadas por las autoridades electorales en la última reforma estructural, que desde ya se antojan perfectibles. Sabemos que no son uno ni dos los estados donde se han suscitado diferentes conflictos, enfrentamientos y trabas que han venido entorpeciendo el normal desarrollo de las actividades relacionadas con la celebración de las elecciones. Esto ha venido a enrarecer el clima institucional y ha generado incertidumbre e inestabilidad. No son tampoco escasas las graves acusaciones que hemos escuchado acerca de posibles o supuestos vínculos del narcotráfico y el crimen organizado con candidatos y partidos políticos.

En cualquier caso, ni legal ni moralmente es válido acusar sin probar. Tanto las fuerzas políticas como la sociedad en su conjunto, deben dejar atrás ya las campañas negras. Y aclaro que lo decimos sin eufemismo alguno, sino con la connotación asociada que todas y todos entendemos bien. Porque toda sospecha, e incluso insinuación, debe esclarecerse; sí. Pero debe hacerse con hechos probatorios, no con simples acusaciones.

Este ambiente pre electoral negativo a nadie ayuda, y en nada contribuye al verdadero objetivo de la contienda: que seamos capaces de dar a nuestro aún joven sistema democrático -de pleno respeto a las libertades individuales-, fuerza y rumbo. No perdamos de vista lo fundamental, por garantizar lo inminente.

Lo que está en juego no es el triunfo o la imposición de una determinada agenda política: lo que importa, lo que es de primer orden, es el cumplimiento irrestricto de la voluntad soberana del electorado; la continuidad y perfeccionamiento de la democracia mexicana.

Y dentro de un contexto internacional de inestabilidad financiera, crisis, conflictos armados y radicalismos exacerbados -que queramos o no influye y repercute significativamente en nuestra realidad doméstica-, este proceso electoral del próximo 5 de junio debe ser una oportunidad para que imperen el orden, la cordura, la mesura y la estabilidad. Los mismos componentes que tanto necesita cualquier sociedad contemporánea de nuestros días.

Bienvenidas sean las candidaturas independientes, en tanto aporten nuevos enfoques y sinteticen el sentir ciudadano; bienvenidas también las nuevas fuerzas políticas, que contribuyan a enriquecer el debate político nacional. Ese debe ser el escenario y el terreno de la competencia; cerremos pues la puerta al descrédito personal y la calumnia, tácticas tan arcaicas como dañinas.

El llamado debe hacerse para que todas y todos acudamos a las urnas; para que nuestro voto sea racional, informado, libre y en armónica convivencia democrática; para que se derrote al abstencionismo, el peor enemigo de la decisión popular; para que triunfen las ideas y las propuestas constructivas, por encima del debate meramente político y la denostación estéril. Para solucionar la indignación y el enojo social. Para que nuestras elecciones nos garanticen, sin margen de dudas, certeza, crecimiento y paz.

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