Opinión

Antilíderes: una temporada en el infierno

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Lunes 06 de junio de 2016

“He mirado a mi alrededor y luego me he convencido claramente de que cada uno de nosotros tiene en el corazón una llaga más o menos profunda” (Arthur Rimbaud).

Pablo y Albert llegaron el domingo a los desiertos del amor con Jordi Évole, que ejercía de celestino y se le fue de las manos el encuentro furtivo. Ambos se han situado ante la vida intempestivamente, cuando ya han cobrado conciencia bronca de la inutilidad de los días de la infancia, después de que Ana Rosa los rodease de niños en el prime time televisual. Y el domingo les desbordó el mundo de los ascos, tras retenerlos meses sin tregua en las pupilas.

Albert y Pablo tienen esa extraña deuda con los proyectos, los suyos, los que no se cumplirán jamás porque Mariano hará saltar la banca del casino el 26-J, con las urnas repletas de votos azules, y por eso se ha sacado hoy un himno de bachata y un vídeo de mascotas, que son sus votantes. España a ritmo latino, bailando a lo vulgar, que es lo que bailan todos, desde que el catalán Juan Magán se hizo dominicano para darnos las noches y los días, los taxis y las tiendas de ropa. Algunos huimos en busca de refugio musical de rock español, ese “Mañana” de Mikel Erentxun que nos abre en canal, o clásicos de los 80, como The Cars –“Drive”–, que nunca envejecen. Pero Moragas prefiere bailar reguetón en el Barceló nada más bajar su sonrisa cortesana de la moto.

El PSOE, que hace muchos años ya no es progresista, ha perdido la batalla de los vídeos y el efecto sorpresa de sus adversarios, que salen como el presi a “caminar rápido” por la Alcazaba de Badajoz –una de las ciudades cuyo patrimonio ha sufrido mayores agresiones vandálicas, con una media de gastos en restauración municipal de un millón de euros anuales– o se marcan un vídeo cañí y cutre, como el de Ciudadanos, caricaturizando en la barra de un bar no solo a sus rivales, sino a toda España, tocada según ellos por la idiocia supina y la majadería asomada permanentemente a la boca. Porque él, Albert, es el más listo de la clase y por eso posa desnudo, como en la campaña de Ciutadans de 2006, fina, fina, fina: dejad que las nenas me voten a mí. Eso sí, tapándose las vergüenzas Albert, no vaya a ser que empiecen las comparaciones…

Volviendo al PSOE, a algunos César Luena, mano derecha de Pedro “Ps” Sánchez en esta campaña, nos recuerda siempre a uno de aquellos monjes de El nombre de la rosa. Ha dicho ayer en las huertas de Murcia que el PP no es cambio, sino inmovilismo; pero es que fray César no se ha mirado en el espejo socialista, en su estar y no estar, en su invisibilidad de escondite, en su catástrofe de partido hecho girones, según revelan las últimas encuestas de intención de voto.

Alberto Garzón lidera ahora una Izquierda Unida que danza con Podemos en contra de Gaspar Llamazares e Izquierda Abierta y de muchos que creemos que al Califa Rojo se le ha ido el abrazo de Córdoba con Iglesias… y hasta la cabeza el mes pasado. Uno puede ser de izquierdas y criticar abiertamente a Podemos precisamente por eso: porque no lo es –véase su nuevo rol anticomunista con Susanna Griso obviando la pregunta directa de la periodista, su negativa a identificarse con cualquier vestigio rojo y su pasada cruzada de insultos contra Garzón, que se las ha tragado dobladas, desde “cenizo” a “tristón”, pasando por “aburrido” o “amargado”–. La injuria orgánica, según Jacques Rivière, es aquella que disfraza, desfigura, empuerca. El vértigo de la ofensa, Pablo, es un modo de protección ante el tormento personal de la monstruosidad interior, de la ausencia de corazón. “Nos iría mejor si hablásemos menos de sexo y lo practicásemos más”, le terció una Griso a la búsqueda de audiencias, tras ponerle los dados del sex shop en la terraza del barrio: “Pero aquí solo te da opción de chupar y besar, Susanna”, le espetó un acongojado Pablo. Silencio y risas de la presentadora. Para qué más. Jugó y le salió “chupar el culo en una mesa”: tenían el verbo, el tafanario y la mesa de latón, limpia de mil balletas y titos de aceituna. Todo muy canalla, muy Antena 3 y la Griso, muy de esos ojos locos y perdidos de periodista madura, de mala noche y mala conciencia, dulce y rosa con sabor a verano. Y Pablo que se le arruga.

Ahora el joven líder de IU, que es más asceta, como Anguita, y no le anda disparando a quemarropa a las chicas del partido después de comer –como le dijo Iglesias a la Griso– anda, dueño de su silencio, buscando las palabras que le faltan en la XI asamblea federal, recobrándose de ese exilio fuera del mundo mediático, después de su travesía del desierto del Sinaí de la marginalidad hecho el nuevo Moisés de Unidos Podemos, transitando por entre “serpientes venenosas y escorpiones” por un “suelo sediento que no tiene agua”. A Alberto Garzón se le ha quedado esa expresión de extranjería propia de los profetas mendicantes que contemplan el fondo del Maelstrom. Sabes que te mira, pero está en otra cosa, en el tedio de lo inexplicable, en un paisaje que se le ahuyenta, ahora en la soledad del líder, sin “cayos” en los pies, sin responder a las quejas de Gaspar por esa soberbia de la juventud.

La ruta hasta el 26-J es intransitable y, como diría Rimbaud, está sembrada de llagas profundas. Heridas en el arrojo de la memoria que es la vida. Como las nuestras, Amore. Y esa insensibilidad trágica tan tuya… Esa indifférence a lo Juan Marsé y su última novela, que hemos leído ya dos veces. Nuestra obligación moral ante tanto atropello y terrorismo político-emocional es restaurar la belleza del sosiego y el sosiego de la belleza. En esas estamos los parias, los rebeldes, los réprobos: en una temporada en el infierno.

Twitter: @DavidFelipe1975