Los líderes, uno a uno
Mariano Rajoy llega al 26 de junio con su liderazgo reforzado y sacando pecho tras haberse mantenido firme en su propuesta de una gran coalición como única vía para formar gobierno. Y espera que las urnas premien su resistencia.
Rajoy lo tenía claro: O había pacto con el PSOE o no iba a ser posible un gobierno. Por eso, ofreció la gran coalición desde el día siguiente de las elecciones pero siempre obtuvo un “no” por respuesta.
Han sido varios meses en los que el presidente ha permanecido inamovible sin cambiar su fórmula, y quieto mientras eran otros los que negociaban. Por esa actitud se llevó muchos reproches, sobre todo cuando rechazó ante el Rey asumir la responsabilidad de intentar formar gobierno.
Hasta algunos dirigentes de su partido tenían sus dudas sobre la estrategia del presidente, pero ahora todos le colocan como vencedor moral de este proceso que esperan culmine con una victoria electoral mayor.
Pablo Iglesias ha demostrado su astucia y gran capacidad para adaptarse a cualquier hábitat con la ambición de ganar al PP, pero siempre con la mirada puesta en el PSOE. En los últimos cuatro meses ha sido un líder camaleónico, capaz de indignar a los diputados socialistas al recordarles los GAL y al minuto siguiente ofrecerse a Pedro Sánchez para un idilio político: “Fluye el amor en la política, sólo quedamos tú y yo Pedro”.
Besos y desplantes, lágrimas y sonrisas, de todo nos ha ofrecido el candidato de Podemos a la Presidencia, muy criticado por quienes en ese exceso de emotividad han visto demasiada teatralidad. Ahora se pone un poco más la corbata que antes sólo reservaba para grandes y muy contadas ocasiones, y que con su escalada política también se han multiplicado.
Ya ha abandonado el perfil antisistema y más radical con el que irrumpió en la escena política para “derrotar a la casta” y “asaltar los cielos”, como prometía parafraseando a Marx. Lo que ocurra lo sentenciarán las urnas, pero lo que ya sabemos es que cuatro meses han dado para mucho. Lobo, caballo o camaleón, está por ver en qué animal político se convierte en los próximos cuatro años y si al final sacará la piel de cordero.
Pedro Sánchez encara el 26 de junio un nuevo examen final del que van a depender tanto las aspiraciones socialistas de regresar a la Moncloa como su continuidad al frente del partido.
Afronta la cita con el viento de las encuestas en contra, pero con el mismo convencimiento de que volverá a tener cartas para jugar la baza de ser presidente al día siguiente de las urnas.
Desde que asumió la secretaría general del PSOE, Sánchez no ha dejado de sortear obstáculos para mantenerse en el cargo, algunos de ellos colocados por barones socialistas que aguardan su caída para destronarle. Aunque el 20D fue el peor resultado de la historia del PSOE, Sánchez sabe que solo tiene asegurada la salvación si alcanza la Moncloa.