Opinión

Elecciones y economía

TRIBUNA

Juan José Laborda | Viernes 10 de junio de 2016
No es la primera vez que en estosartículos comento la coincidencia que hubo en el tiempo entre el razonamientocientífico y el gobierno de la democracia representativa.

La democracia representativa aparece en Gran Bretaña a finales del siglo diecisiete, con la revolución whig (1688), y el fundador de la ciencia moderna, Isaac Newton (1642-1727), fue un notable colaborador de los gobiernos whig (liberales, partidarios de la libertad de culto, los derechos individuales y del libre comercio), como gobernador del primer Banco de Inglaterra.

La ciencia moderna se basa en la matemática y en la geometría. Fue René Descartes (1596-1650), el que cambió radicalmente el método de razonar existente en todas las culturas humanas hasta entonces, sean las grecolatinas-cristianas (Platón, Aristóteles y Tomás de Aquino), sean las arábigo-indo-chinas (Avicena, Lao Tse y Zhang Heng).

Hasta Descartes, y desde luego partiendo de Aristóteles, el razonamiento se basaba en reglas con las que se investigaba y se ordenaba la realidad observable. El último científico de esa tradición fue Francis Bacon (1562-1626), quien hizo un grandioso esfuerzo de clasificar empíricamente las diversas sustancias, criticando los prejuicios de toda índole que había en su tiempo. Pero Francis Bacon no fundó la ciencia moderna. Él distinguía con enorme precisión qué diferencia había, por ejemplo, entre cuerpos calientes y fríos. Descartes liquidó definitivamente ese método de razonar cuando, apoyándose en Galileo (1564-1642), se sirvió de la matemática para medir los grados de temperatura de los cuerpos.

Ya no había cuerpos fríos y calientes, pues las cualidades eran sustituidas por las cantidades, y ese relativismo razonador fue perseguido por la Inquisición ¡en defensa de Aristóteles y de su seguidor medieval, santo Tomás de Aquino! (La Iglesia católica ha tardado siglos en quitarse la mochila escolástica, y aún hoy no del todo.)

Y la democracia representativa, es decir, los gobiernos que son respaldados por la mayor cantidad de votos, responden a la misma lógica. Como la democracia representativa es un sistema basado en sumar votos, o más elevadamente, en sumar voluntades, el acuerdo es su esencia. Aunque Aristóteles no pudo razonar matemáticamente (fue imposible hasta que Occidente, en el Renacimiento, descubrió en Oriente el sistema métrico decimal), sí que entendió que la democracia exigía que hubiese amigos, queriendo decir, en su libro Política, que la democracia se basa en rivales, en lugar de enemigos.

Como en otras democracias atlánticas, en España se ha retrocedido en su lógica política. De nuevo (¿?) se razona con cualidades, siendo lógico que se pensase en cantidades. Ese es el resumen de lo que nos lleva, otra vez, a elegir diputados y senadores. Fue imposible un acuerdo porque se justificó con que los colores eran incompatibles entre sí. Los morados, eran reluctantes a los azules, los naranjas y los rojos, y según avanzaba el tiempo, se expresaban nuevas incompatibilidades entre unos y otros. Cualquier observador moderno comprobaba que existían varias mayorías para formar gobierno, si la lógica hubiese sido la propia de la democracia.

¿Cómo ha sucedido este retroceso? No es la primera vez que formulo mi opinión: la política se cambió de rivales a enemigos en los llamados “años de plomo”, durante la última década del siglo anterior. Entonces comenzó la estrategia de buscar la destrucción moral del rival, que todavía permanece, incluso con superior violencia. Me atrevo a expresar mi opinión.

El PP mantiene con el PSOE una lógica esencial basada en el temor. El PP siente temor porque cree que el PSOE está arraigado en la sociedad con la fuerza propia de un partido-régimen. Por eso, considera al PSOE como un enemigo, al que había que desalojar del poder para siempre.

El PSOE, en lógica inversa, cree que el PP solo le produce desconfianza. Incluso cuando acuerda algo con el PP, el PSOE se mantiene en guardia.

Ese temor y desconfianza, primero, ha ocasionado la pérdida de prestigio de los dos partidos; segundo, aleja de los mismos a las personas que quieren otra forma de hacer política; y tercero, ha abierto un espacio para que irrumpan nuevos partidos.

Los estrategas electorales del PP, ante la pérdida de votos del gobierno Rajoy, seguramente pensaron que era necesario que un nuevo partido dividiese el electorado socialista. Diversos analistas coinciden en que Arriola, el asesor electoral de Aznar y Rajoy, fue el que ideó la promoción mediática de los creadores de Podemos en diversas cadenas televisivas. Una reacción de miedo, cuyas consecuencias aún no se saben.

El PSOE de Pedro Sánchez se mantuvo lógicamente desconfiado. Fue imposible cualquier acuerdo para formar gobierno con el PP. La aparentemente incomprensible renuncia de Rajoy a la investidura, hizo que Pedro Sánchez lo intentase con los dos nuevos partidos. Por eso, el PSOE de Pedro Sánchez no criticó el programa y las formas políticas de Pablo Iglesias, con lo cual, Podemos se legitimó como posible aliado de un gobierno conjunto, y cuando las encuestas expresan que Podemos puede superar al PSOE, Pedro Sánchez y el PSOE tienen poco tiempo para responder a esa amenaza.

Asistí a un debate entre economistas. José Carlos Díaz, Emilio Ontiveros y Juan Moscoso del Prado coincidieron en muchas cosas, entre otras, que España ha acreditado una capacidad de recuperación asombrosa, que nos falta un empresariado innovador y que no nos esperarán nuestros socios y competidores en el mundo. ¡Por favor, representantes, vuelvan a la lógica moderna!