México eligió el pasado 5 de junio doce gobernadores estatales --el 37% del total-- y los resultados fueron sorprendentes: el PRI como partido mayoritario histórico estaba seguro de ganar once, pero al final fueron cinco y las menos importantes; y la oposición decía tener garantías en tres y fueron siete. La conclusión apresurada de los analistas fue cantar la derrota presidencial del PRI en las elecciones del 2018.
Sin embargo…
México ha sido siempre un enigma político para los no mexicanos, y aún para muchos mexicanos. Y hay razones: durante años prevaleció el discurso histórico de que el PRI representaba a la revolución mexicana de 1910, la oposición conservadora del PAN nació en 1939 pero se hizo competitiva hasta 1988, la izquierda comunista fue un activo cultural clandestino y se legalizó en 1978 para abandonar el comunismo y avanzó como PRD comandado por… expriístas. En el 2000 el PRI perdió la presidencia de la república ante el PAN, pero la recuperó en el 2012.
La data es apenas una pincelada. El sistema político priísta fue cerrado; de hecho, su estudio analítico comenzó en 1970 con el ensayo Posdata de Octavio Paz y la academia comenzó a enfocarlo con sentido critico hasta 1974. Aunque en el fondo, el PRI no ganaba por su secrecía sino por su condición apparatchik de poder centralizado en la presidencia de la república desde 1830, hace más de ciento ochenta años. La autoridad electoral estaba controlada por el gobierno a través de la figura del secretario de Gobernación o ministro del Interior hasta que en 1996 se creó el Instituto Electoral totalmente autónomo del gobierno. En 1997 el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y el Senado y el gobierno de la capital de la república --antes Distrito Federal y hoy Ciudad de México--.
Esta larga explicación ayudará a entender lo ocurrido en las elecciones del pasado 5 de junio. Y se pueden dar tres datos mayores:
1.- El PRI perdió las elecciones pero el priísmo ganó las elecciones. Tres de los candidatos opositores por la alianza PAN-PRD --derecha e izquierda-- militaban en el PRI. De los cuatro restantes tres forman parte del PAN no rupturista. Sólo el nuevo gobernador de Chihuahua ha mostrado una línea independiente del gobierno priista, aunque sin romper.
2.- Aunque muchos analistas creen que las elecciones eran una aduana para las presidenciales del 2018, en realidad el motor de participación del votante fue local y el voto contra los candidatos del PRI fue más de castigo contra los gobernadores salientes. El voto anti partido, anti sistema y anti presidente de la república fue menor.
3.- Ni en el 2000 ni ahora, las dos derrotas más fuertes del PRI, el voto fue de ruptura política. En el 2000 fue contra la crisis económica y política mal administrada por el PRI en 1994, 1995 y 1997 y el electorado prefirió una alternancia a la derecha con el PAN en 2000 y 2006 que a la izquierda populista del PRD. En el 2012 el PRI recuperó la presidencia venciendo a López Obrador, el líder populista, y al PAN que no logró mantener el poder por un tercer periodo de seis años.
Esta realidad lleva a cuando menos tres conclusiones:
1.- No existe en la geometría política e ideológica del sistema de partidos una verdadera propuesta alternativa al PRI; el PAN en la presidencia de la república y el PRD en gobiernos locales han gobernado con la estructura, valores, protocolos, métodos, fines y proyectos del PRI.
2.- El PRI ha sido una propuesta totalizadora --concepto del escritor comunista José Revueltas-- por el control de las relaciones sociales por el PRI e ideológica pero basada no en ideas sino en la apropiación de la historia y la reproducción a través de la cultura. El PAN es de derecha pero dentro del universo priísta y el PRD quiere restaurar el partido corporativo populista de Lázaro Cárdenas.
3.- Por tanto, puede decirse que el PRI y el priísmo en México es un modo de vida. O como lo dijo el politólogo socialista Luis Javier Garrido, historiador del PRI como partido, “en México todos somos priístas hasta demostrar lo contrario”. Así que el priísmo como proyecto de nación, ideología social y práctica política seguirá existiendo con el PRI, el PAN, el PRD y Morena.
El proyecto histórico de nación del PRI --engarzando las hazañas rupturistas de la Independencia, la Reforma y la Revolución-- representa la coartada del poder. Los priístas José López Portillo (1970-1976), Miguel de la Madrid (1976-1982), Carlos Salinas de Gortari (1982-1988) y Ernesto Zedillo (1994-2000) instauraron en la práctica el proyecto neoliberal económico con liquidación del viejo Estado social priísta…, en nombre del PRI. Los gobiernos conservadores panistas de Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012) gobernaron con el proyecto priísta neoliberal. El gobierno de Peña Nieto logró el apoyo del PAN y del PRD para las reformas estructurales en energía, sindicalismo educativo, telecomunicaciones, hacienda pública y estructura judicial.
Los nuevos siete gobernadores opositores que ganaron las elecciones se pusieron a las órdenes del presidente de la República. Sus programas de campaña no fueron una alternativa al PRI para superar la crisis sino que se centraron en prometer el encarcelamiento de los gobernadores priístas salientes.
Al final, las elecciones en México son para ganarle al PRI como partido y no para ofertar una alternativa al proyecto de nación del PRI. Son, por así decirlo, elecciones al interior del PRI como cultura nacional potenciada por una oposición carente de una oferta ideológica y política. Ahí es donde la oposición desafía al sentido común.
@carlosramirezh