Saber ubicar bien al electorado de cada partido es un requisito indispensable para diseñar cualquier tipo de estrategia electoral. Identificar nuestro target o público objetivo, al igual que dónde se localiza, marcará a quién nos tendremos que enfrentar para pelear por él.
Sin embargo, en el entorno electoral existen multitud de dimensiones, espacios o variables entre las cuáles podemos perdernos sin extraer ningún tipo de elemento sustancial, que nos dé información valiosa para nuestra estrategia, sino al contrario, corremos el riesgo de perdernos entre toda la multitud de datos y mapas cognitivos del electorado.
Es por ello que para localizar nuestro electorado, debemos tener bien identificadas las dimensiones en base a las cuáles vamos a buscarlo, puesto que si no sabemos esto, la magnitud de recursos que perderemos en ello podrían decantar la balanza a favor de los rivales en la pelea por nuestros objetivos.
En estas elecciones, debemos dar por descontado que, aunque no entre como tema de los partidos en campaña, el eje ideológico será la dimensión fundamental en torno a la cual se articulará la competición política, está claro que, aunque de forma más o menos moderada, el PP y Ciudadanos articularán el bloque de derecha y el PSOE y la nueva coalición entre Podemos y sus confluencias más IU, articularán el eje de izquierdas. Con lo cual, por el eje de izquierdas competirán Podemos y el PSOE, y por el eje de derechas competirán Ciudadanos y el PP.
Entonces surge un problema: si existe una competencia de dos partidos dentro de cada bloque ¿qué variable diferencia el electorado entre ambos partidos dentro de cada bloque? Es decir, debe existir un elemento que diferencie entre el votante de Ciudadanos del votante del PP, puesto que ambos son votantes de derechas; al igual que debe existir un factor que diferencie al votante de Podemos del votante del PSOE, puesto que ambos son de izquierdas.
Para detectar ese factor, simplemente debemos diferenciar qué punto diferencia al PP de Ciudadanos o al PSOE de Podemos, o tal vez, qué elemento tienen en común Podemos con Ciudadanos.
El punto de partida más evidente es la novedad de estos partidos, siendo la novedad un término similar al de juventud. Estos partidos pueden suponer un auge de la necesidad de nuevas ideas o frescura, o pueden deberse a un declive de las formaciones ya existentes. En ambos casos, la entrada de nuevos partidos debería tener un mayor filón entre los más jóvenes, puesto que sus patrones de socialización política aún no han cristalizado lo suficiente, de modo que sus identificaciones partidistas no deberían ser tan fuertes como las de las personas de más edad. Además, los jóvenes, con menores vínculos afectivos hacia los partidos ya existentes tendrían más probabilidad de desconfiar de ellos, a lo que se añadiría la mayor propensión de los mismos a adherirse a situaciones u opciones que impliquen cambio o novedad, debido a su mayor propensión al riesgo.
El electorado se divide fundamentalmente entre izquierda y derecha pero el cleavage de la edad nos es útil para diferenciar, dentro de cada bloque ideológico, al partido “nuevo” del “viejo”. Si elaboramos una matriz en la que uno de los ejes sea la ideología y otro la edad, podemos observar cómo esta teoría es completamente visible.
Aunque la mayor pelea, como puede observarse, está en la casilla central (edad media, centro ideológico), dentro de los ejes de izquierda y derecha se observa la diferencia en base al segmento de edad. En el caso del eje izquierda, el porcentaje de Podemos aumenta considerablemente cuanto menor es la edad del elector, al igual que sucede en el eje derecha con Ciudadanos.
En conclusión, una vez identificados y diferenciados los electorados de cada partido, es más fácil identificar los objetivos que perseguirán, y por tanto, las estrategias que tomarán. Esta idea es fundamental: aunque dos partidos se dirijan a los mismos públicos a primera vista, siempre existirá una dimensión que los diferencie del resto.
José Luis Sanchís
Juan Antonio Flores