Opinión

Ni libres ni iguales

TRIBUNA

Agapito Maestre | Miércoles 22 de junio de 2016

Un movimiento cívico que no influye en el poder, o mejor, en el Estado, no es nada. Su intencionalidad política es vacía y ciega su pretensión moral. Es una plataforma política inviable. Desnortada. Libres e iguales es solo un divertimento, quizá una rampa o plataforma para lanzar a un nuevo líder, o peor, una manera de limpiar la mala conciencia de quienes han sido incapaces de influir en sus partidos políticos, sindicatos y empresas periodísticas para conseguir un país de seres humanos libres e iguales ante la ley. Muchos de los asistentes a la movida de Libres e Iguales aún ocupan un lugar destacado en sus partidos, sindicatos, patronales y empresas periodísticas y, ahora, aspiran a ocupar las plataformas cívicas de seres anónimos que están hartos de sus elites políticas y culturales, o sea de ellos.

¿No sé muy bien qué pintan los políticos profesionales en una iniciativa sedicentemente ciudadana?... Estoy confundido. Perdido. Reconozco que me gusta el espectáculo, pero más me atrae la verdad. Pareciera que los políticos profesionales de Libres e Iguales destruyen la unidad, o peor, han contribuido, durante los días laborables, a traer los nacionalismos, los separatismos y los populismos, pero los días de fiestas, los días del Calderón, reivindican que todos seamos iguales ante la ley y libres frente a quienes tratan de limitar nuestras libertades. ¿Contradictorio? No, es un asunto destrabado. Desnortado. De locos.

Libres e iguales no es un movimiento ciudadano, sino una movida de unos cuantos para homenajearse por sus pocos éxitos como ciudadanos de un Estado sin Nación. La movida de Libres e Iguales es un absoluto fracaso. La existencia de Libres e Iguales es la prueba de que la Transición española del franquismo a la democracia, junto a la Constitución del 78, han fracasado. Libres e Iguales es un cambalache de opereta, la prueba de mi afirmación es la asistencia al Calderón de Martín Villa, seguramente, el responsable máximo de esa catástrofe que conocemos con el nombre “Estado de las Autonomías”. Libres e Iguales no pasa de ser, visto con mis mejores deseos, un placebo fabricado por los propios partidos políticos, la patronal y los sindicatos, en fin, los vertebradores del sistema político de la Transición, para aplacar sus dolores de muerte. Después de dos años de existencia, Libres e Iguales ya no es un movimiento cívico, sino un cachondeíto, una fiestecita, que montan los peperos y los socialistas, ahora acompañados de algunos muchachos de Ciudadanos, jaleados por algunos periodistas de postín y el mejor actor cómico de España, para darse un homenaje e ir tirando.

Llevan dos años con estas simpáticas reuniones, pero no han tenido influencia alguna ni en la salud moral de la sociedad ni en quienes tienen que detener el secesionismo catalán y vasco. Un movimiento cívico sin influencia política no es movimiento ni cívico. Es otra cosa. Sea lo que sea, niega lo decisivo: la política. Niega, en efecto, que “la política”, como dijera el mejor filósofo que ha dado España en nuestra época, “sea en la historia el macho. Lo penetra todo; en definitiva, lo decide todo. Es un poder misterioso, instintivo, que no se ha logrado aún analizar, pero que rige la historia; incluso en lo económico (...); es un poder ajeno y distinto de todos los demás, que en cada edad se camufla según el matiz de los tiempos, como los grandes ríos toman el color del cielo y de las nubes viajeras que sobre ellos pasan a la deriva; y unas veces la política se disfraza de luchas de razas y de sangre, y otras veces de luchas religiosas, y otras, como en el último siglo, de luchas económicas; pero, en realidad, bajo todo ese disfraz y máscara, es el instinto político, el instinto del Poder quien rige la historia.” Libres e Iguales niega, reitero, la política, porque no tiene influencia alguna sobre los que dirigen el Estado. Por lo tanto, un movimiento cívico sin política no es nada. Mera movida para darnos un homenaje y descansar de nuestros desvelos laborales. Libres e Iguales no influye en nadie y menos en quienes dirigen los partidos políticos.

No diría que este pequeño jolgorio sea de carácter apolítico; al contrario, es una movida con voluntad política, pero su calidad democrática es tan baja que harían bien en cerrarlo. Al final, este tipo de actos da oxígeno a quienes nos hurta la genuina vida ciudadana: los políticos profesionales y sus esclavos en los medios de comunicación, la mayoría de los periodistas.

En todo caso, estoy dispuesto a retirar todo lo dicho más arriba: si el día 27 de junio se anuncia un gobierno de gran coalición, entre PP, PSOE y Ciudadanos, que fue la principal demanda de los asistentes a la representación del Calderón.