Opinión

La peculiar definición de la gente por Podemos

TRIBUNA

Luis Asua Brunt | Sábado 25 de junio de 2016

El populismo como el nacionalismo o incluso las teocracias son lo que se denominan thin ideologies o ideologías finas frente a las ideologías “fuertes” como el liberalismo, el socialismo, el comunismo, el conservadurismo. Lo que distingue a unas de otras es la necesidad de ser adjetivadas como de derechas o de izquierdas.

Últimamente, en el sur de Europa se dan los populismos de izquierdas, y en el norte, los de derechas. Una división que se va haciendo más notoria a medida que se celebran elecciones en cada uno de los países de Europa.

El populismo además es un movimiento binario. Se construye sobre un discurso falaz de unos muchos contra unos pocos. En España hablaríamos de la gente según la peculiarísima definición de Podemos contra la casta. En los países del norte de Europa, la gente sería por el contrario, la población de toda la vida frente a los inmigrantes (y quienes les apoyan, en el Norte de Europa los podemitas serían considerados como no-gente).

En nuestro país, Podemos varía su definición de lo que es la gente casi a diario. Recordemos que pretenden la transversalidad o el arte de pescar votos de todos los sectores sociales. Es un arte algo sorprendente y para ello no hay más que recordar cómo han tratado a los socialdemócratas hasta hace pocos días, o cuando incluían en la casta a sus actuales socios de Izquierda Unida. Los ejemplos se suceden, ahora parece que el rechazo a la religión (católica ¡por supuesto!) se atenúa ante una surrealista petición de reunión con el Papa.

Pero la gente no son unos trasnochados profesores de la universidad pública. Profesores que pese al coste que suponen para todos nosotros no han hecho aportación científica alguna más que la elaboración de unos panfletos para consumo de sus correligionarios y sus sufridos alumnos.

Tampoco son la gente otros señalados podemitas que han vivido del erario público militando en asociaciones subvencionadas que nada aportan al bien común, o en okupaciones, que cuestan un riñón a las administraciones que las toleran o a los privados que las sufren.

La gente no entiende que se critique a Amancio Ortega quien aporta en un mes mucho más al erario público que Pablo Iglesias en siete vidas cobrando una nómina que siempre ha llevado y sin duda llevará un sello oficial.

A la gente le importa una vez superada la alarma o sorpresa inicial, que se gobierne de cara a la galería, que la inacción ruidosa sea la norma y que se ignoren las demandas básicas de seguridad, limpieza y educación cívica.

A la gente le molesta mucho, muchísimo la corrupción; pero también el doble rasero y que solo se investigue de forma implacable a unos; y se queden preguntas sin aclarar como el origen de la financiación de Podemos.

La gente valora el éxito personal, tanto en lo privado como en lo público, y para muchos pese al bullicio, no entienden que se desperdicien importantes experiencias públicas por mor de una interpretación de las puertas giratorias completamente ridícula. No estamos para desperdiciar el prestigio exterior de algunos de nuestros políticos (ni de nuestros deportistas, escritores, artistas, de quien sea) por una moda impuesta por media docena de extremistas que piensan que el dinero lo produce el estado y no sus sufridos contribuyentes.

Me atrevo a decir que a la gente no le disgustan los ricos. La sociedad española es una sociedad con una volatilidad social grande: no hay más que mirar quien manda en las principales empresas del país o asomarse a una revista del corazón para comprobar los diferentes orígenes sociales (e incluso étnicos) de muchos de los personajes más relevantes de nuestra vida social. A la gente le molesta que se aliente una lucha de clases que no existe basada en una superadísima envidia celtibérica como motor social.

La gente vive hoy en estado de confusión cuando se ocupa de la política. Cosa que acostumbraba a hacer cada pocos años en las distintas elecciones que se producen en nuestro pintoresco calendario político. A la gente le preocupa el gobierno pero mucho más su familia, su bienestar y su forma de vida.

La gente no encuentra posiciones claras con respecto a los problemas más acuciantes de nuestra sociedad. Le proclaman todos los días que vivimos en una sociedad injusta y desigual donde se está generalizando la miseria. Aunque cuando la gente mira a su alrededor ve problemas pero no colas de hambre, cartillas de racionamiento y otras indigencias sociales.

Casi todos nosotros intuimos que el mundo es cada vez mejor, que hay más prosperidad y que se vive más y mejor. Y que por supuesto que hay problemas pero que nunca son mayores que los beneficios del tiempo que nos ha tocado vivir.

Escribe Javier Cercas que " los buenos políticos nos simplifican la vida y los malos nos la complican (y complicándola nos la empobrecen)" No voy a entrar en las responsabilidades de quienes nos han traído hasta una situación fundamentalmente injusta para la sociedad española como es la posible o previsible -según el ánimo de cada uno- investidura como presidente del gobierno de Pablo Iglesias. Solo espero que las complicaciones que nos traigan los podemitas con su influencia sobre la vida española sean breves y sobretodo reversibles.