Opinión

Podemos y PSOE tras las elecciones

AL PASO

Juan José Solozábal | Martes 28 de junio de 2016

Después del acelerón escalofriante del Brexit un triunfo-o algo que se le parezca –por parte de Podemos habría sido demasiado. Meternos en la pendiente de un proceso constituyente sin freno y a lo loco verdaderamente era un escenario para salir corriendo. Como para no querer estar ni un segundo más en un país de pesadilla. Esta es la primera gran noticia de las elecciones: los votantes parecen haber recobrado el seso y han parado a un partido que podía llevarnos al desastre. Esta gente flipa un poco: a la simplicidad en sus análisis, se refieran a las causas de nuestros problemas, dependientes de la perversidad de una minoría malévola y dañina (la casta), sin nada que ver con ninguna situación internacional o con las dificultades de la globalización o la misma complejidad de los cambios tecnológicos en nuestro mundo, corresponde también la facilidad de su afrontamiento con fórmulas mágicas, al alcance siempre que exista la voluntad de acogerlas. La cuestión era sencillamente conseguir el poder, hacerse con los centros neurálgicos de las decisiones, desde los que habrían de salir las órdenes transformadoras que los buenos ciudadanos (los patriotas) estaban deseosos de recibir y de hacer cumplir.

Afortunadamente el embuste del populismo ha sido descubierto y sus propaladores desenmascarados. Ante lo que estamos en España es ante una grave crisis económica y social, acompañada de un serio deterioro institucional. Pero la solución no puede venir de un recetario simplificado, servido además por un personal un tanto osado. Se equivocarán los dirigentes de Podemos si al analizar las razones de su fracaso reparan en su fallos de estrategia (desde luego bien ingenua creyendo, sin más, que la unión de Podemos e Izquierda Unida habría de producir la acumulación de su representación, servida además por el viento favorable de espalda de la legislación electoral) o su política de comunicación, a menudo a cargo de líderes no raras veces prepotentes y perdonavidas. Aconsejaría a la dirigencia de Podemos que fueran radicales en el sentido marxista de la palabra, esto es, que fueran hasta el fondo en el examen. Quizás entonces advertirían que es la endeblez de sus planteamientos donde está la causa de su actual situación: no puede ser que la crisis económica se resuelva sencillamente con el endeudamiento, y la crisis social con el intervencionismo público, y la crisis institucional con una rectificación del sistema constitucional que, sustituyendo la representación por la participación directa, acabe con las garantías del estado de derecho, comenzando por independencia judicial y yugulando la libertad de expresión.

Verdaderamente me gustaría saber cómo han podido surgir estas generaciones de profesores en mi vieja Facultad de Políticas. Cierto que la política es una técnica, que enseña a conquistar y mantener el poder, pero no hay ciencia del estado sin preocupación por la justicia o la dimensión ética de la actuación pública. Es una pena que esta generación de profesores no se ocupe de las razones de la política, esto es, de su justificación, y parezca solo preocupada por las estrategias y modos de la comunicación (manipulación) pública.

El PSOE ha recibido un tiempo estupendo para la recomposición, también fundamental-mente ideológica. Se trata de ver cuáles son los dominios en los que se impone una actitud de izquierdas en la España actual: la afirmación de la igualdad, la solidaridad y la renovación institucional del Estado. Naturalmente lo que la sociedad demanda es una versión actualizada de estos discursos, pero que el socialismo debe aportar en esencial continuidad con lo que lleva ofreciendo desde hace 137 años. La continuidad es la base de la coherencia y de la credibilidad, y sin duda es la clave de la fortaleza del partido. Si hay que insistir en algo, que podría ser designado como la médula ideológica del socialismo, mejor que se haga en la socialdemocracia que en el progresismo, concepto éste por lo demás voladizo y poco firme. La renovación institucional implica, a su vez, una reforma de nuestro sistema político que ha de abordarse con seriedad y amplitud.

La renovación del PSOE que no significa necesariamente su rejuvenecimiento, ustedes me entienden (acabo de ver un video en you tube en el que Josep Borrell, que no está en sus treinta pero se halla en plena forma, propina un castigo indescriptible, a Junqueras, el líder de Esquerra, sobre las falacias del procès), se hace mejor desde la oposición. La oposición es una garantía institucional del sistema democrático absolutamente indispensable. Es el estímulo que asegura el dinamismo de la vida política, impidiendo que el gobierno abuse de su dominio de los resortes del poder, de manera que en la escena pública haya confrontación y debate, ofreciéndose siempre como alternativa y recambio a los abusos del ejecutivo.

Es muy honroso contribuir al funcionamiento del sistema constitucional desde la oposición, y más si se está en primera línea. Ahí, creo, han colocado los electores al Partido Socialista: ahora este es su sitio.