Los Lunes de El Imparcial

Mikel Azurmedi: Ensayo y error (Una autobiografía)

MEMORIAS

Domingo 03 de julio de 2016

Almuzara. Córdoba, 2016. 384 páginas. 24 €.


Por Carlos Abella



La lectura de este libro, Ensayo y error, exige tener sensibilidad y visión histórica del drama vivido en España y especialmente en el País Vasco para comprender el desgarro agrio y demoledor con el que Mikel Azurmendi lo ha escrito y “vomitado” literariamente su memoria y su vida ante los lectores. El libro, dividido en cuatro partes, justifica el título de ensayo autobiográfico que el autor le adjudica. Mikel Azurmendi nació en San Sebastián en 1942 y es antropólogo, escritor, traductor y profesor universitario y en él se integran multiples facetas de lo que es un hombre comprometido con el devenir histórico de su pueblo y del destino humano, ofreciéndose en sus páginas rasgos autobiográficos en los que se perciben sentimientos de desafección de su tierra, de sus ideales, del fracaso colectivo, y de la sensación de ser un vasco proscrito.

El libro no es una cronológica sucesión de vivencias al modo habitual del género biográfico. Es más bien una antologia de textos autobiográficos de su autor en la que su relación con lo vasco es determinante. La evolución política de su pensamiento no ha sido frecuente o al menos no mayoritaria en la vivencia de los vascos de la segunda mitad del siglo XX. Azurmendi fue militante de la organización terrorista ETA en los primeros años 60, pero abandonó ésta desengañado -afortunadamente- del exclusivo uso de la violencia y el asesinato como praxis política de acabar con la dictadura y con la incipiente democracia de la Transición

Desde entonces, su evolución ideológica le llevó al exilio y a ser amenazado de muerte como todo aquel que abandonaba “el club” -en feliz reflexión de Arthur Koestler cuando abandonó el comunismo- sosteniendo tesis contrarias al nacionalismo. Posteriormente fue portavoz del fecundo Foro de Ermua y fundador de la organización ¡Basta Ya!, a cuyas iniciativas civiles se debe en gran parte la derrota moral de ETA. Amenazado de muerte – llego a sufrir dos intentos de atentado- dejó su plaza de profesor de antropología en la Universidad del País Vasco, marchándose a los Estados Unidos y a su regreso, encontró el apoyo de las instituciones - del Estado- y fue nombrado presidente del Foro Social para la Integración de los inmigrantes y director del Instituto Cervantes en Tánger, al norte de Marruecos. En el año 2002 fue uno de los 42 profesores de la UPV que firmaron un manifiesto denunciando la falta de valor con el que las instancias universitarias se enfrentaban -en sus propias palabras- “a la red mafiosa que apoya, justifica y explota el terrorismo en su propio beneficio, sin que su colaboración con ETA haya sido perseguida como se debe”.

Su biografia, aqui descrita a grandes trazos, inspira la secuencia atemporal de sus escritos, recogidos en este libro. Sorprendente es el índice que lo divide en cuatro grandes epígrafes, de los que el titulado “¡Asco de Vasco!” es realmente ilustrativo de lo que ha significado el que miles de vascos hayan debido abandonar su país. El texto, fue la conferencia ofrecida por Azurmendi en un acto organizado en Barcelona por el Foro de la Tolerancia en 2013 y que en sus primeras páginas -pág. 167- dice: “He aceptado salir insólitamente de mi encierro y venir ante ustedes en Barcelona a hablar de mi experiencia errante. La de un sexagenario en ciernes que fue forzado a dejar casa, familia y trabajo a causa de la persecución terrorista. No creo que esa experiencia sea edificante y ejemplar. Ni la creo excepcional entre decenas de miles de vascos que debieron abandonarlo todo y marcharse a un lugar más seguro. Lo muestro- continua Azurmendi- para que se vea que el exilio contemporáneo de muchos vascos ante el terror ha sido ocasionado por decisiones personales no acordes con el sentir de los vascos nacionalistas. Cuantos se han exiliado podían no haber tenido que hacerlo, solamente a condición de que en algún momento concreto de su vida se hubiesen plegado a los que los nacionalistas exigen”. Y a continuación desgranaba los ejemplos de lo que durante cuarenta ominosos años -de 1968 a 2011- ha sido la conducta de muchos ciudadanos que se han visto obligados a humillarse en público y en privado para que no se les considerara desafectos a la causa “nacionalista” y al terror.

Libro de difícil lectura si no se tiene en cuenta las claves de esa época y de esas vivencias, que parecen olvidadas pero que han marcado la vida de Azurmendi y la de quienes como él han tenido el coraje y la decencia moral de enfrentarse al chantaje, a las pistolas y a la obligación moral de sentirse “superiores” a otros semejantes.