José Tomás ha saltado al ruedo con la convicción de que esta tarde podía encumbrarle definitivamente al "olimpo" de los toreros y ha superado la prueba con muy buena nota, aunque sin repetir la gesta del 15 de junio. Con un toro mansurrón, Tomás ha comenzado con la muleta, en mano derecha, algo que no ha gustado al animal, que le volteado por los aire poniendo en el respetable el grito en el cielo. Se ha colado por el pitón izquierdo, pero afortunadamente, no ha habido cogida, pero sí un puntazo que ha obligado al traslado a enfermería, para reponerse de cara al siguiente toro.
Después han llegado una gran serie de derechazos, que el público ha jaleado como si fueran los últimos. Llegarían después unos pases bien definidos y la suerte de matar, en la que el toro no ha puesto de su parte. Pinchazo y estocada trasera, pero el público ha exigido una oreja, y así la ha concedido Presidencia.
Mejor en el segundoEl segundo toro, de Puerto de San Lorenzo, ha sido devuelto y han acudido a un sobrero de la ganadería de El Torero. Ha logrado cortar dos orejas y ha sufrido dos espectaculares cogidas que le ha llevado a la enfermería. El primer parte médico habla de cogida en la cara posterior del muslo derecho y golpe en la rodilla. Tomás se ha expuesto, ha toreado de cerca, sin miedo al pitón, en una entrega taurina casi irracional, torera más que humana.
En ningún momento el diestro ha querido abandonar la arena, pese a las cogidas, y ha mantenido el tipo en una nueva demostración de épica taurina. El público ha estallado en un clamor de aplausos, que se ha traducido en dos orejas -tres en total- en una faena que ha terminado en la enfermería y no con la vuelta al ruedo como el respetable ansiaba.
Expectativas satisfechasA la cita del domingo se ha acudido con gran ilusión, tras la pletórica actuación del pasado viernes 5 de junio, en que cortó cuatro orejas en un hecho sin precedentes en Las Ventas en los últimos 30 años. Vestido de oro y azul, lidió al tercero y al quinto de los astados, sin inmutarse ante las incómodas rachas de viento que se colaron en el anillo. Con el primer toro, "Dakar", Tomás se defendió con elegancia, lanceó magistralmente y conmovió al público con su característica sangre fría. En el siguiente, se empleó en las verónicas empapando la cara del toro con los vuelos de su capote, lo que arrancó la emoción en los tendidos. Salió por la puerta grande de la plaza de toros por excelencia, Las Ventas.
Más que un toreroCuando la conducta de alguien se aproxima a lo simbólico, a lo metafórico, y esto sucede de manera insistente, repetitiva, se acerca a la condición de mito. Es lo que pasa con José Tomás, cuya forma de entender el toreo, arriesgada pero sobria, entregada, pura, radical, se suma a un temperamento enigmático y silencioso que agranda el interés por su figura. Como no sucede con otras figuras de la lidia, el tirón de José Tomás despierta loas más allá de los círculos taurinos. Son muchos los literatos que se confiesan "tomistas", como Fernando Arrabal, Fernando Sánchez-Dragó o el poeta y crítico Javier Villán, que publicó recientemente "José Tomás, Luces y sombras. Sangre y triunfo". El historiador catalán Carlos Abella también publicó hace escasas semanas "José Tomás, un torero de leyenda", que escribió son conseguir hablar con él directamente (aunque sí con sus familiares).
Un torero total que, sin embargo, no necesita de los libros ni de la teoría para erigirse como el diestro más mediático y cotizado de las últimas décadas, del que se dice que cobra medio millón de euros por tarde. Ni tampoco para levantar pasiones porque, como dicen sus admiradores, a "José Tomás se le siente, no se le entiende".
El diestro, en la esperada faena del 15 de junio