Opinión

El despelote municipal

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 13 de julio de 2016

Uno acostumbra a desnudarse cuando se es del todo aseado y el guión de lo higiénico persuade por aquello de la correcta convivencia. Nada nuevo que no esté en la urbanidad más vanguardista de cualquier mortal que se precie. Ahora bien, despelotarse en piscina pública porque la señora alcaldesa de Madrid así lo venere, pues la cosa viene a matices como se podrán imaginar.

Vale que cada cual con su cuerpo se haga cuantos brindis al sol le venga en gana; faltaría más. Vale que en la desnudez integral se gane en vitamina D respecto de los que guardan sus memorias más íntimas bajo lencería de baño; por supuesto. Vale que entre el nudismo y casi lo enseño exista una línea tan fina como cada cual tenga a bien gozar sintiéndose feliz; pues muy respetable. Sin embargo, que una piscina municipal ofrezca licencia de vergüenzas por ordenanza consistorial, aunque la cosa sea optativa, pues esto parece el placebo de lo que puede venir en la siguiente entrega.

Madrid no tiene playa. Es una cosa lógica habida cuenta de que ningún alcalde o alcaldesa, hasta el día de hoy, haya tenido las agallas suficientes como para hacer un plan parcial y modificar esta orográfica situación. Bueno, pues entonces ¿para qué habilitar una zona nudista cuando el tartán de una piscina municipal no es una idílica cala marina? De manera que siendo el punto geográfico de Madrid el que le ha caído en suerte por destino de la propia naturaleza, pues ya son ganas de tocar la zambomba al ciudadano. El caso es jugar a los experimentos con los cuerpos ajenos. Ríanse ustedes, sí, pero ya verán cuando desde el trampolín caiga un doble tirabuzón con el martillo pilón fuera de funda y vengan después las lamentaciones. Así es como se van moldeando los cambios de conducta hasta conseguir que el bañador sea una prenda muy mal vista en la sociedad madrileña.

Una vez desarrollado el plan de vigilancia por distritos, ya lo verán en nada que salgan los nombramientos que la señora alcaldesa tiene previsto para el ejercicio de gestores de barrio, la cuestión municipal será de normativa a rajatabla. Porque la idea es esa, primero la experiencia piloto y después todos desnudos por decreto y no se hable más. Una cosa sí tiene de bueno el “Día sin bañador”, y es que las propiedades del agua de piscina no son las mismas que tiene la del Mar Muerto; o sea, que no flotamos en la superficie y por lo menos la nobleza de atributos no estaría expuesta sobre la línea de flotación, más bien en zona de buceo, con lo que se elimina la recreación de un naufragio totum revolutum.

Como podrán comprobar aquí no entra en juego ninguna cuestión de moral ni de falso pudor, la anatomía de cada cual es una deidad que viene y se va y entre medias los apaños de los retoques a base de implantes, que si me quito o que si me pongo siliconas o esta o aquella variedad de efectos especiales corporales, pero a la hora de la verdad la desnudez es un simple negocio de la industria textil, -debe pensar la señora alcaldesa- Uno nace sin ni siquiera un simple taparrabos, luego la fábrica del vestir es consecuencia de irnos tapando el cuerpo durante todas y cada una de las etapas de nuestra vida. El capitalismo es lo que tiene y claro, Ahora Madrid lo persigue con ahínco desnudándonos con tal de no favorecer a Don Amancio Ortega, al Corte Inglés, a los profesionales de la alta costura o a tantos otros relevantes y próvidos empresarios del sector.

En fin, celebrar el “Día sin bañador” en las piscinas públicas parece ser algo prioritario para “conseguir la normalización del nudismo en nuestra sociedad”, según ha desvelado el presidente de la Asociación para el Desarrollo del Naturismo, agrupación impulsora de esta iniciativa a la que la señora Carmena, por cierto, no se ha negado, limitándose a delegar en las distintas juntas municipales para el trámite de los permisos oportunos. De manera que de momento el desnudo en Madrid irá por barrios, según la fisonomía y el perfil de los usuarios, o sea, dependiendo de la masa corporal y el buen aspecto del reclamo de los apéndices de unos y las curvas de otras. Así pues, que nadie se extrañe si luego viene la cosa esa de los robados, los posados y el cuelgue de imágenes en las redes sociales.

TEMAS RELACIONADOS: