Sábado 16 de julio de 2016
François Hollande decía ayer que Francia “está en guerra contra el terrorismo”, cuando todavía resuenan los ecos de la masacre de Niza. Sin embargo, la declaración del primer ministro francés no pasa de ser un mero recurso dialéctico que en breve quedará diluido, como tantas otras veces. Y en tantos otros lugares.
Además, llega tarde. Es el terrorismo islamista quien ha declarado hace tiempo la guerra a Occidente, a ese modo de vida que odian pero en el que viven -igual que en ocasiones anteriores, el terrorista de Niza era de origen tunecino, aunque francés de nacimiento-. Lo peor es que Europa parece ignorar esta declaración, por más que regularmente los islamistas se lo sigan recordando en forma de atentados.
Es una guerra asimétrica: el enemigo, sobre al papel mucho más débil, esta siendo capaz de infligir un daño espantoso. Además, el número de bajas es claramente desproporcionado, y es indicador de una evidencia fatal: va ganando el terrorismo. El IS lleva demasiado tiempo campando a sus anchas en Siria e Irak. Sabe que la comunidad internacional no pasará de las palabras y los drones, y que a día de hoy es imposible que ponga tropas sobre ele terreno. Y hasta que no llegue ese día y los islamistas vean por fin algo de determinación en Occidente, la amenaza de más atentados permanecerá inalterada.
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