Opinión

Compostela: Santiago no cierra España

EPPUR SI MUOVE

Antonio Hualde | Lunes 18 de julio de 2016

Bajo el altar de la iglesia de Santiago de Padrón -La Coruña- se esconde una especie de ara de piedra. Algunos arqueólogos piensan que puede ser un poyete ceremonial en honor a Neptuno, testimonio de la presencia romana en Galicia. Pero lo que lo hace especial es la tradición según la cual fue usado por los antiguos cristianos para amarrar la barca de piedra que traía de nuevo a España el cuerpo del Apóstol Santiago. Allí, en Iria Flavia, a la orilla del Sar, serían desembarcados los restos del hijo del Zebedeo, junto a los de dos de sus dos discípulos, Teodoro y Atanasio.

Este es el supuesto contenido del arca de plata que se custodia en la catedral de Santiago de Compostela, meta de la arteria espiritual más importante de la vieja Europa, el Camino de Santiago. ¿Estuvo realmente el Apóstol en España? Evidencias arqueológicas favorables no hay muchas, aunque tampoco contrarias. A decir verdad, de lo que más hay noticias fidedignas es de los viajes de San Pablo. El caso es que, según cuenta la tradición, tras Pentecostés, los Apóstoles se disgregan por el orbe conocido para predicar el Evangelio. Santiago el Mayor arriba a España, bien por Gallaecia, bien por laTarraconense, siendo esta opción más plausible. A través del Ebro llegaría a Caesaraugusta -Zaragoza-, donde se le aparecería la Virgen María sobre un pilar. Por cierto que ese mismo pilar, el original, se mantiene todavía en la basílica, y sobre él se yergue una talla de “la Pilarica” del siglo XV y atribuida a Juan de la Huerta.

Santiago vuelve a Jerusalén, donde sufre martirio. Pero para encontrar sus restos habría que esperar a principios del siglo IX, cuando al obispo Teodomiro un ermitaño le cuenta que sobre un campo abandonado brillan unas estrellas de un modo particular. Excavando allí, dan con lo que supuestamente quedaba del Apóstol y sus discípulos -la etimología de Compostela es clara aquí; “campo de estrellas”-. Verdad o mito, lo cierto es que muchas de estas leyendas recuerdan a aquel famoso poster de mediados de los 60, en plena fiebre OVNI, donde se veía la silueta de un platillo volante y debajo la frase “I want to believe” -“quiero creer”-.

Creyentes o no, si hay una experiencia que a nadie deja indiferente es la de realizar el Camino de Santiago. Quienes hemos tenido esa suerte nos sabemos parte de una corriente de buenas sensaciones que extrae lo mejor de nosotros mismos y nos deja un poso imborrable para el resto de nuestras vidas. Llegar a la plaza del Obradoiro tras haber dejado atrás kilómetros y experiencias es uno de los mejores regalos que el Apóstol nos puede hacer. Y, entre los peregrinos, un saludo que trasciende la mera caminata: “Buen camino”. Así pues, aquello de “Santiago y cierra España” que nuestros tatarabuelos gritaban en el campo de batalla cuando querían echar a los moros -han acabado volviendo, por cierto- debe ser retocado: Santiago no sólo no cierra España, sino que la abre para todo aquel que quiera venir a verle por su Camino.