Opinión

Yo no soy Messi

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 20 de julio de 2016

Hace unos días leí el manifiesto del FC Barcelona en defensa de Leo Messi. Bajo el nombre de “Todos somos Messi” el citado club lanzaba una campaña a través de las redes sociales con el fin de defender al jugador argentino, de lo que consideraban de injusta su condena de 21 meses de prisión por fraude fiscal. Debo decir que yo no comparto esta iniciativa, o sea, “Yo no soy Messi”, por múltiples y diversas razones. La principal es que no juego al fútbol y si lo hiciera no sería capaz de practicar la excelsa habilidad que tiene con el balón en los pies. Otra de las causas es que mi papá nunca hubiera consentido el defraudar a la Hacienda Pública, más que nada porque en mi familia lo de dar patadas a una pelota siempre lo hemos considerado un juego de niños y hemos pagado los cristales rotos cuando sufrían castigo las ventanas de los vecinos. Es decir, siempre hemos pagado por nuestras habilidades.

Hay cosas que no deben traspasar el convenio de la sensatez y por ello quien lo gane, que lo pague, sobre todo porque detrás del fisco está todo un país alimentando coherencias con la sanidad pública, la educación y todos los servicios asociados a la recaudación de impuestos que tanto demandamos cuando pedimos árnica. Por desgracia aún no he visto ninguna acción popular medianamente organizada rechazando esta pueril iniciativa, a pesar de que el fútbol mueve a las masas. Sea el fenómeno que sea y el club en que milite el tan afortunado y mediático deportista esto resulta del todo intolerable. Por suerte, Leo Messi, por sí solo, no representa ni a tan prestigioso club ni tampoco a Cataluña; o sea, la sensatez de lo extradeportivo se subroga por encima de las individualidades balompédicas del astro, entre otras razones porque al besar el escudo de su camiseta lo que en realidad deja claro es que está seduciendo al vil metal.

Sabido es que el futbol es un deporte de muchas pasiones y de altas prestaciones, sobre todo cuando la élite del balompié juega a favor de múltiples intereses. Cosa bien diferente es el otro fútbol, es decir, el que se practica por diversión y a resultas de una encomiable afición entre auténticos gladiadores, cuya única relación con el fisco es la de compartir su condición de asalariados al margen del fútbol.

Lo de abanderar causas innobles en este país es algo tan lesivo como permisivo. De un tiempo a esta parte todo está relacionado con el precedente y la hermandad de actuaciones, o sea, firmar sí, pero no saber lo que se firma ni para qué se firma, también. Hombre, eso para los damnificados preferentistas tiene el principio de dolo, que no solo resulta repugnante, sino que la justicia debiera y debe fallar en favor de los afectados sin mayor dilación. Ahora bien, el resto de los casos que por individual proceder en tramas de blanqueo y saqueo se ponen hasta las trancas de evadir, eludir y malversar las millonadas que se gustan, pues miren ustedes, yo no soy Messi, como tampoco soy Infanta, ni Panamá, ni Bárcenas, ni Rato, ni los ERE de Andalucía, ni la madre de Luis Candelas. Faltaría más.

En este país tenemos unas tragaderas que asustan. La justicia no es que sea lenta, es que se levanta tarde de siesta y claro, los que delinquen andan al retortero de sus felonías. Aquí nadie sabe nada ni recuerdan en qué lugar guardaron sus ahorros más preciados, pero resulta curioso que los “desmemoriados” casi siempre sean personas más que aseadas en cultura, en guiones aprendidos y en mundo recorrido. A mí esto del fútbol de alta cuna me da que es un negocio de unos cuantos al servicio de un deporte que se juega con los pies para que otros se lo lleven con las manos, y eso dentro del área legal es penalti y expulsión. Por eso “Yo no soy Messi”.