Opinión

El Castillo de San Marcos

TRIBUNA

Borja Cardelús | Sábado 23 de julio de 2016

Nos hallamos en pleno siglo XVII y España controla La Florida, un territorio codiciado por otras naciones europeas por su estratégica posición, y expuesto a toda clase de incursiones piráticas, como ya había demostrado el raid de Drake, que había asolado la capital San Agustín unos años antes.

Pero el mayor peligro provenía de las colonias inglesas de Carolina y Georgia, cada vez con mayor número de colonos, que ansiaban descender hacia el Sur y apoderarse de la Florida española.

Así las cosas, España decide erigir un bastión sólido para defender su posesión, y en 1672 se inicia la construcción del fuerte o Castillo de San Marcos, en la periferia de la ciudad de San Agustín. La construcción duraría quince años, y en ella colaborarían de manera entusiasta los negros evadidos de las plantaciones esclavistas del territorio inglés.

El coste total de la construcción fue de 138.000 pesos, sufragados por el rico virreinato mexicano. El castillo, al igual que otras fortalezas españolas construidas para la defensa de sus territorios ultramarinos, presentaba una planta cuadrada, con sobresalientes y agudas esquinas, un diseño que ya había demostrado su eficacia en otros lugares.

El material de construcción del Castillo de San Marcos, la coquina, resultó decisivo en su defensa

Pero lo más relevante fue el material empleado en su construcción. Desechada la madera por su fragilidad, y a falta en Florida de canteras de piedra y de cal, se recurrió a la coquina, la concha de un molusco bivalvo del que había ingentes reservas en la vecina isla Anastasia. Mezclada con agua y arena, haría las veces de la piedra y la cal, aunque algunos de los ingenieros participantes recelaron de la consistencia de unas paredes levantadas con un material tan poco fiable y endeble como la coquina. No podían adivinar lo errado de su apreciación, ni el inusitado comportamiento que habría de tener ese material ante los ataques.

Que no tardaron en llegar, demostrando el acierto de la Corona española cuando decidió proteger la capital de Florida, San Agustín, con una fortaleza como San Marcos. En el año 1702, el gobernador de Carolina James Moore, avanzó con 1500 hombres sobre el territorio español de Florida y puso sitio al Castillo de San Marcos, emplazando los cañones para derribar sus muros.

Y aquí es donde la coquina demostró su extraño poder defensivo. De haber sido piedra, sometidos a intensos cañoneos, los muros hubieran saltado hechos añicos y pronto se hubieran abierto huecos en las fachadas, por donde hubieran penetrado los ingleses. Pero en lugar de oponer resistencia física, la coquina absorbía las balas de cañón. Se trataba de un material poroso, muy duro, pero de consistencia esponjosa, que no rechazaba las balas, sino que literalmente se las “tragaba”. Era como bombardear una esponja, o en los tiempos actuales, una superficie de poliestireno expandido, el popular corcho blanco o “forespán”. Las gruesas bombas se quedaban dentro de las paredes, y tras 53 días de infructuosos bombardeos, James Moore tuvo que retirarse con sus hombres.

El siguiente ataque se produjo cuarenta años después, a cargo esta vez del gobernador de Georgia James Oglethorpe, harto de que la Florida española pusiera coto a sus aspiraciones territoriales y de que sus esclavos se fugaran para hacerse libres en el territorio español, libre de esclavitud. Con 2.000 hombres incursiona sobre La Florida, asola las misiones y saquea la ciudad de San Agustín, cuyos habitantes se acogen a la protección del fuerte de San Marcos.

El gobernador Manuel de Montiano preparó la intendencia para el que preveía largo asedio, decretando medidas estrictas de higiene y alimentación, y manteniendo la moral de los numerosos refugiados, que esperaban que de un momento a otro saltaran los muros del fuerte y entraran los ingleses.

En el interior del Castillo se refugiaban los ciudadanos de San Agustín cuando atacaban los ingleses

Pero no ocurrió así, porque la coquina volvió a demostrar su curiosa eficacia defensiva, absorbiendo una detrás de otra las balas de cañón. Oglethorpe confiaba en que le llegaran refuerzos de la Jamaica inglesa, pero lo que llegaron fueron seis barcos españoles enviados desde Cuba, cuando tuvieron noticias del asedio inglés. Oglethorpe hubo de levantar su campamento a toda prisa, llevando el amargo sabor de la derrota tras treinta días de inútil asedio. Una vez más, la modesta coquina había salvado el honor español y la presencia de España en La Florida.

Hoy, el Castillo de San Marcos es uno de los monumentos más visitados de los Estados Unidos, y sobre sus muros continúa ondeando la bandera española de Borgoña. Oficialmente se le denomina Castillo de San Marcos National Monument, y en la página web de su organismo gestor, el National Park Service, reza lo siguiente: “Estas paredes originales, en las que todavía resuenan las luchas del pasado, son testimonio tangible de la historia, a la vez dura y extraordinaria, de los Estados Unidos”.