Editorial

Tim Kaine, Estados Unidos habla español

Lunes 25 de julio de 2016

La candidata del Partido Demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, ha señalado que en la Convención de Filadelfia, los demócratas ofrecerán un panorama del país y unas propuestas bien distintas a las servidas por la Convención republicana en Cleveland. Y, sin duda, será así a tenor de la campaña de la exsecretaria de Estado, de sus mensajes y de sus mítines. Uno especialmente significativo acaba de tener lugar en el polideportivo de la Universidad Internacional de Florida en Miami. En él, la estrella fue Tim Kaine, a quien Clinton presentó como su vicepresidente si los electores les aúpan al Despacho Oval. Y, no lo olvidemos, una considerable parte de esos electorales pertenece a la comunidad latina de Estados Unidos –el segundo país del mundo de habla española, no lo olvidemos. Una comunidad nada desdeñable, en todos los aspectos, incluido, naturalmente, el granero de votos que supone. Aunque Donald Trump sí la desdeñe sistemáticamente.

Muy al contrario le ocurre a Hilary Clinton. Es evidente que la elección de Kaine como su número dos tiene su parte de cálculo, pero es claramente una buena apuesta. Kaine es bilingüe, pues domina el español que aprendió con misioneros jesuitas en Honduras, donde fue profesor. En español empezó a hablar en el mitin de Miami, cosechando una larga e intensa ovación. A Kaine, actual senador por Virginia, no le es ajeno nuestro país, pues es vicepresidente del Foro España-Estados Unidos, y no solo protocolariamente. Este mismo junio pasado participó en su XXI reunión celebrada en Santiago de Compostela.

Pero su elección para completar el ticket electoral demócrata no es solo buena por lo que nos toca. El discurso de Donald Trump contra los inmigrantes no solo es agresivo, también es ciego. Naturalmente que la inmigración ni en Estados Unidos ni en ningún país puede ser incontrolada. Pero de ahí a verla poco menos que como demoníaca, infestada de delincuentes, como hace Trump, media un abismo; sobre todo, un abismo de incoherencia en un país de inmigrantes. Y más en Estados Unidos, asentado en un enriquecedor Melting Pot, en el que ahora los hispanos son cada vez más pujantes e invitan a los norteamericanos a aprender nuestro idioma. Ya lo hacen, y también por razones pragmáticas -cada vez más trabajos precisan del conocimiento del español-, los miles de estudiantes que vienen a nuestro país a estudiarlo.