Jueves 28 de julio de 2016
Puede que Hillary Clinton haga historia convirtiéndose en la primera mujer que accede a la presidencia de Estados Unidos. En cualquier caso, no es menor lo ya conseguido, al ser la primera mujer candidata al Despacho Oval. Sin embargo, no debe ser esto lo que importe, más allá de que lo políticamente correcto incline a saludarlo con alharacas. Como se saludó la candidatura, y no digamos la llegada al poder, de Barack Obama como primer afroamericano que lo lograba. Luego ha resultado que los conflictos raciales se han disparado porque la realidad es más compleja que los eslóganes y nunca van a resolverse los problemas de manera mágica. Lo decisivo es, pues, que Hillary Clinton aborde con inteligencia y firmeza los muchos retos que un mundo globalizado plantea. Y no es menor, por ejemplo, el de un sanguinario y asesino yihadismo.
Ahora, no obstante, el primer desafío al que debe enfrentarse es el de ganar las elecciones frente a un agresivo Donald Trump que no tiene escrúpulos en saltar a su yugular y que ayer mismo volvió a demostrarlo al pedir abiertamente a la Rusia de Putin -con quien alardea de llevarse bien-, que hackee el correo de su rival para encontrar los e-mails que faltan, en referencia a que se baraja la idea de que ahí esté el origen de la filtración a Wikileaks. Su ocurrencia causó estupefacción entre los periodistas, como la producen la mayoría de sus propuestas. En su discurso en la convención republicana, el sheriff Trump desplegó toda su artillería incrementado la inquietud ante la posibilidad que de llegue a la Casa Blanca.
Y no es imposible, pues los sondeos le sitúan por delante de la exsecretaria de Estado. El populismo ha venido, y ha venido para quedarse, en diversos países y habrá que redoblar los esfuerzos para que no triunfen sus cantos de sirena. Hillary Clinton no lo tiene fácil, pues en su propio partido su adversario, un Bernie Sanders que no abandonó la carrera en las primarias aun teniéndolas perdidas y que no le va a la zaga en populismo, aunque de signo opuesto, a Trump, ha dejado una ponzoñosa semilla contra Clinton, tildándola, entre otras lindezas, de títere de unos cuantos millonarios, que puede serle muy dañina incluso entre sus, en principio, seguros votantes. Los abucheos a Clinton en la convención demócrata no son precisamente buena señal.
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