El realizador francés Éric Besnard estrena una comedia romántica que deja un regusto placentero y despierta los sentidos. Perfecta para el verano.
PASTEL DE PERA CON LAVANDA
Director:Éric Besnard
País: Francia
Guión: Éric Besnard
Fotografía: Philippe Guilbert
Música: Christophe Julian
Reparto: Virginie Efira, Benjamin Lavernhe, Lucie Fagedet, Léo Lorléac'h, Hervé Pierre, Hiam Abbass, Laurent Bateau, Natalie Beder
Sinopsis: En el corazón de la Provenza, Louise cría sola a sus dos hijos e intenta mantener a flote el negocio familiar. Un día en el que casi atropella a un desconocido, Louise descubre que es un hombre distinto al resto de la gente. La fascinación que siente por él es tal que sospecha que podría cambiar su vida y la de su familia.
Lo mejor: La atmósfera provenzana que llama al equilibrio y a lo natural | Benjamin Lavernhe
Lo peor: La previsibilidad, casi inevitable del género.
Ni explosión de originalidad, ni trama adictiva, ni diálogos brillantes. Y, sin embargo,
Pastel de pera con lavanda deja un regusto tan agradable que merece la pena dejarse llevar durante hora y media por su equilibrado desarrollo, el aroma de sus personajes y, sobre todo, la placidez de su ambientación y sus paisajes.
El realizador francés Éric Besnard filma la magia de la Provenza francesa y sabe conectar los colores y la calidez del entorno con la historia que quiere narrar: la de Louise, una viuda con dos hijos que trata de sacar adelante el negocio familiar, tierras de árboles frutales que dan más trabajo que beneficios. Un día, volviendo a casa, atropella a un desconocido con el que empieza una amistad. Pierre, con síndrome de Asperger, ordenado hasta la manía, de memoria infinita y bueno con los números parece aportarle el equilibrio que le falta.
Virginie Efira (
La oportunidad de mi vida, 20 años no importan, Un hombre de altura) se ha convertido en uno de los rostros de la comedia romántica francesa y vuelve a defender a su Louise con solvencia y naturalidad. El verdadero descubrimiento de la cinta es
Benjamin Lavernhe, derroche de frescura en un personaje que aleja un poco a la cinta de las convenciones del género.
El mayor acierto de
Pastel de pera con lavanda es
un equilibrio que se agradece a todos los niveles. En cuanto al hacer cinematográfico, la cinta se mueve bien entre la comedia y el romance, con ligeros toques de humor nunca exagerados o caricaturizados –el papel del pretendiente de la protagonista, amigo del fallecido marido, es un buen ejemplo de ello- y un romanticismo que tiende a la ternura más que –a pesar del título- al pastel. Por dentro, en la trama, es esa sensación de equilibrio lo que ofrece un visionado sumamente agradable: el equilibrio que se aportan los personajes unos a otros y el equilibrio natural, el de esa especie de guarida que es el campo y las localidades pequeñas, lo ecológico y la existencia tranquila frente al claxon de los coches y el humo de los bares.
Destacable también cómo la cinta ofrece una mirada dulce a la diferencia, con una lectura distinta de lo que implica el
síndrome de Asperger: inteligencia, sinceridad, transparencia, honradez, fidelidad. Y el final, abierto a la interpretación sobre las distintas formas de amar.
Una película ligera y disfrutable sin complicaciones que deja un poso placentero:
perfecta para una de estas calurosas tardes de verano.