Opinión

La bondad del mundo y la maldad del Occidente

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 30 de julio de 2016

Los niños suelen cerrar los ojos o se tapan los oídos cuando algo en su derredor los irrita sobremanera o les disgusta. Con este simple gesto creen que lo malo desaparecerá, pero… Pocas, muy pocas veces esa cándida ilusión se cumple.

Cerrar los ojos a la realidad permanentemente ya es un vicio de los adultos, que costó al Santo Padre un tropezón. Y no me refiero a su lamentable caída, sino a sus palabras que, analizándolas bien, no dan esperanza, sino la quitan. Presionado por la necesidad de pronunciarse sobre el asesinato del sacerdote francés, Jacques Hamel, efectuado in odium fidei, ya que los testigos señalan los gritos de “Allah akbar!”, el Papa Francisco optó por un discurso ilusorio, irreal, ficticio: “Hay guerra por intereses, hay guerra por el dinero, hay guerra por los recursos de la naturaleza, hay guerra por el dominio de los pueblos. Esa es la guerra. Alguno puede pensar que estoy hablando de guerra de religiones. No. Todas las religiones queremos la paz. La guerra la quieren los otros. ¿Entendido?”. Perfectamente entendido el mensaje, pero quedan algunas preguntas por resolver. Por ejemplo, ¿qué tipo de recursos tan valiosos ocultaba la pequeña iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray que para apoderarse de ellos los asaltantes recurrieron al crimen?

Recordemos que el 92% de población de Polonia se declara católica, la mitad de ellos asisten a la misa dominical. El país fue blindado por los policías y otras fuerzas de seguridad, cerraron todas las fronteras de Polonia para la seguridad del Pontífice y de los jóvenes. En vísperas de la visita fue detenido un iraquí con explosivos, pero aparentemente sin intención de emplearlos. En esta situación, defendido por los cuatro costados, el Papa Francisco reprocha al gobierno polaco por crear “el miedo artificial hacia los musulmanes”.

Los que saben bien de este “miedo artificial” son los franceses. El gobierno de Manuel Valls está entre la espada y la pared: entre Le Pen y Sarkozy, quien endureció su discurso considerablemente, por un lado, y la población no acostumbrada a la menor amenaza que peligre su vida, por otro. La inseguridad es real en Francia, en Alemania y por toda Europa y, desgraciadamente, procede de unos individuos que toman a pie de la letra las palabras del Corán y se empeñan a ejecutar las suras sobre el yihad. Por lo menos hasta ahora es la mayoría de los casos. Por algo, el problema número uno que plantea el ministro Valls es revalorar, reinventar las relaciones entre dos sociedades: los franceses, cristianos o ateos, y otros con los franceses-musulmanes (“faut une remise à plat et inventer une nouvelle relation avec l'islam de France"). Manuel Valls declaró sin ambages en el periódico Le Monde esta guerra, que va a ser larga, es contra el totalitarismo islamista, el enemigo nº1 de todo el mundo.

Dadas las contradicciones entre el mundo en que se ha instalado el Papa Francisco y el mundo que habitan los europeos, creyentes o no, no sorprende que el porcentaje de los católicos que rechazan a Francisco I actualmente alcanza 15% y sigue en aumento. Francisco I se ha instalado en una utopía que no sabe responder a una simple pregunta: ¿cómo reaccionar si el mal está frente a ti, amenaza tu vida y tiene rasgos más que humanos? ¿Abrir los brazos? ¿Aceptar el martirio? Entonces, la cuestión es cómo abordamos lo real. La maldad. De este pequeño detalle el Papa Francisco prefiere guardar silencio. Sus discursos de brazos abiertos sobre la hermandad universal suenan bien, pero no dan esperanza.